“La otra vida de Egon”, Pilar Gómez Rodríguez

La otra vida de Egon. Pilar Gómez Rodríguez. Gadir, 2010, 169 pp., 15 €.

 

Por Carlos Javier González Serrano.

 

¿Cuáles son los límites del Arte como disciplina humana? ¿Existe coto para que la creatividad y la imaginación cobren forma y se materialicen a través de sus obras? Y si así fuera, ¿qué tribunal privilegiado ha de sentar las bases para establecer aquellos límites?

 

 

El libro que os presentamos, finalista del Premio Joven 2009 de Narrativa de la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid, relata una doble historia que nos pone en el camino de comenzar a responder con juicio propio los interrogantes antepuestos: por un lado, la del controvertido –y en muchas ocasiones incomprendido o dejado de lado– pintor austríaco Egon Schiele (discípulo predilecto y después amigo de Gustav Klimt) y, en paralelo, la de una joven vienesa –Helga Graumeister– que a fuerza de admirar a Schiele contemplará, incluso en ocasiones a modo de espectadora de su propia vida, cómo el transcurso de ésta no supone sino una paráfrasis o repetición agudizada de los sentimientos y singulares avatares del genio austríaco.

 

 

A partir de ahora cambian mis palabras, quiero explicarme sin ellas sobre el papel, sobre la tela. Eso es lo que me gustaría. Hablar sin palabras. Entenderme y que me entendieran con una mirada, con un vistazo sobre un dibujo, una escena. Sin explicaciones. A partir de ahora las daré de otra manera.

La otra vida de Egon, Pilar Gómez Rodríguez

 

 

Ambas biografías noveladas, narradas a través de la fluida y rítmica escritura de su autora Pilar Gómez Rodríguez, darán como resultado el cuestionamiento no sólo de los medios externos de que dispone el Arte para llevar a efecto su tarea, sino que también (y este resulta ser a mi juicio uno de los atractivos principales de La otra vida de Egon) son investigados –mediante intensas reflexiones de distintos personajes que aparecen en el libro– los vericuetos internos por los que pasa toda aquella persona interesada en poner de manifiesto a través de una obra de arte su más incógnita intimidad (a través de Helga Graumeister, Pilar Gómez se pregunta: «¿Es que había que estar dividido, desgarrado, seccionado siempre en vida?»).

 

 

Inmersa en su tan curioso período de formación, Helga, que carece de medios económicos, se ve obligada a posar como modelo para aprender dibujo en una escuela de pintura. En un momento clave de su transcurso vital, lleva a cabo la siguiente meditación sobre su papel en la conformación del cuadro (teniendo muy en cuenta que el propio Schiele estuvo inmerso en difíciles y oscuros procesos legales en los que se le llegó a acusar de corrupción de menores, e incluso de intento de violación e incitación a la pornografía infantil):

 

 

La modelo pensaba en lo extraño de participar, desde el otro lado, en una pintura, en cualquier obra de arte, y más tarde anotaría: “Ser dibujo y no dibujar, ser cuadro sin ser pintor… Estar del lado pasivo que, luego, apenas importa y, sin embargo, ahora es el desencadenante, el primer segundo de un ciclo que acaba cuando los ojos de un desconocido se acercan a ver la obra, a participar también de este instante íntimo en el que me entrego. Él no pensará en mí, en lo que siento, pero yo sí puedo pensar en él, imaginar lo que siente. Yo soy la obra antes del pintor, su objeto y el de todo aquel que la contemple una vez acabado.

La otra vida de Egon, Pilar Gómez Rodríguez

 

 

Esta breve novela, que puede ser leída entre parada y parada de metro o autobús (eso sí, con un lápiz bien a mano para subrayar y anotar las interesantes cuestiones sobre arte y estética que Pilar Gómez Rodríguez pone sobre el tapete a la vez que narra con gran fluidez los acontecimientos más importantes de la vida de Egon Schiele), muestra el desgarro profundo que surge entre la voluntad del artista por retratar los entresijos del alma humana y la insuficiencia de los medios materiales que existen para llevar a cabo tan osado fin. Schiele muere muy joven a causa de una fatal enfermedad pero, podemos afirmar casi cien años después, su obra pervivirá intacta gracias al ahínco –que nunca cesó– por plasmar mediante trazos una nueva forma de expresión. Una oportunidad única para acercarse a un genio, de la mano de una narración que hará las delicias de todos los públicos.

 

 

–Es posible que mis dibujos sean eróticos, pornográficos incluso, y que por eso os gusten. No lo sé –explica Schiele a sus carceleros. Lo que sí puedo asegurar es que ninguna obra de arte es una porquería cuando vale por sus cualidades artísticas: se transforma en porquería sólo cuando el espectador es un cerdo.

La otra vida de Egon, Pilar Gómez Rodríguez

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