“La vida después” de Marta Rivera de la Cruz: entrevista y reseña

 

Por Benito Garrido.

Fotografías de Pablo Álvarez.

 

 

A propósito de su última novela La vida después (Editorial Planeta, 2011), hemos entrevistado a la escritora Marta Rivera de la Cruz.

Marta Rivera de la Cruz nació en Lugo el año 1970.  Es licenciada en Ciencias de la Información y especialista en Comunicación Política por la Universidad Complutense.  En 1998 obtuvo el Premio Ateneo de Sevilla de Novela Joven con Que veinte años no es nada.  Entre otras también ha escrito las novelas Linus Daff, inventor de historias, y Hotel Almirante. En 2006 fue finalista del Premio Planeta con la obra En tiempo de prodigios. Su última novela, La importancia de las cosas, fue acogida con gran entusiasmo por los lectores.  Además, es autora de tres libros de ensayo, de dos libros infantiles y ha publicado cuentos y artículos en diferentes recopilaciones.  Su trabajo como editora destaca por la antología Cuentos de Navidad y la última edición de La ciudad de las columnas, de Alejo Carpentier. Marta Rivera de la Cruz es colaboradora habitual de la revista El País Semanal y participa también en diferentes tertulias de radio y televisión.

La vida después.  Marta Rivera de la Cruz.  Editorial Planeta, Barcelona 2011.  400 páginas.  20,90€

La vida después es una novela sobre la amistad y los afectos bien entendidos, sobre el amor y las relaciones personales, sobre el paso del tiempo y las oportunidades perdidas.  Una historia llena de impulsos, lealtades y sentimientos, pero también de incomunicaciones, envidias y conflictos.  La autora se vuelca en estas páginas para mostrarnos un retrato fresco y optimista de las cosas que se pueden llegar a hacer por amor, por un amigo.

Victoria es profesora en Nueva York, tiene un marido millonario, y un lujoso apartamento.  A sus cuarenta y cinco años podríamos decir que lleva una vida envidiable sino fuera porque su relación ya no funciona.  Inesperadamente recibe una triste noticia: Jan, su mejor amigo, ha muerto.  Acompañada de su marido regresa a Madrid para asistir al funeral.  Allí se encontrará con las mujeres que acompañaron la vida de su amigo: la sofisticada Chloe, antiguo amor de Jan; su hija, la rebelde Solange; Marga, la débil esposa; y su excéntrica suegra, Shirley.  Un giro de los acontecimientos obligará a Victoria a permanecer en Madrid.  En una carta póstuma, su amigo le confiesa su enfermedad irreversible y le pide que cuide de su familia cuando él falte.  El apoyo moral viene acompañado de un gran cantidad de deudas realmente difíciles de pagar.  Llegado a este punto Victoria tendrá que enfrentarse a la desconfianza de cuatro mujeres que nunca creyeron que su amistad con Jan fuese del todo sincera.  Un nuevo giro del destino disfrazado de rollo de película dará un vuelco a la historia, de todas.

Estamos ante historias dentro de historias, historias que se entrelazan y se cruzan hasta configurar un mosaico perfectamente ensamblado.  Marta tiene un estilo narrativo propio, muy ágil y vitalista, con una perfecta ambientación, una trama muy trabajada y un desarrollo de los personajes realmente admirable.  Los protagonistas de este libro alcanzan una intensa y profunda dimensión: sufren, aman, tienen miedos y también íntimos anhelos.  Son humanos.  La vida después es una de esas novelas que gustará a cualquier lector, desde el amante de la buena literatura hasta el buscador del más puro entretenimiento.

Entrevista:

P.- ¿Qué te impulsó a escribir esta colección de historias encajadas dentro de otras historias?

Yo quería escribir una historia sobre la amistad entre una mujer y un hombre, y el resto de las historias fueron surgiendo a medida que la narración crecía e iban pidiendo sitio otros personajes y otros espacios.  No hubo una arquitectura previa de la novela.

P.- La vida después es una novela positiva, optimista.  Pero como casi todas tus novelas… ¿cuál es la razón de esta escritura?

Sí, puede ser que tengan ese toque optimista, al menos intento que lo tengan.  Yo realmente escribo los libros que a mí me gustaría leer.  Me lo paso muy bien mientras estoy escribiendo, entonces suelo meter las cosas con las que me apetece trabajar.  Con los tiempos que corren, lo mejor que nos puede pasar es tener motivos para el optimismo.

P.- El paso del tiempo y las relaciones personales son dos temas que a ciertas edades pesan mucho en el inconsciente humano.  ¿Es importante vivir estas sensaciones para poder escribir sobre ellas?

Yo creo que hay temas como el paso del tiempo, con los que vamos de la mano desde que tenemos uso de razón.  Es interesante por tanto volverse alguna vez, mirar atrás, echar cálculos sobre lo que se quedó en el camino, y también sobre lo que hemos recuperado.

La madurez da valor a los afectos y a las relaciones personales.  Cuando estás en la universidad, las personas entran y salen de tu vida, tienes mucha gente alrededor.  Pero después, cuando pasa el tiempo, te das cuenta de la importancia que tienen esos afectos, y sobre todo que algunos sean especialmente sólidos, que no solamente haya gente de ida y vuelta.

P.- Otro tema clave en tu novela es la amistad.  Hoy en día, ¿no es quizás esta una palabra sobre valorada o demasiado mal utilizada?

Sobre todo es una palabra mal utilizada.  Me hace gracia esa gente que llama amigo a cualquiera con el que ha cenado dos veces.  Yo tengo muchísimos conocidos, pero llamar amigo es otra cosa, un amigo de verdad ya es pata negra.  ¿Qué significa que alguien sea muy amigo tuyo?  ¿Es una persona que conoces realmente, que te conoce a ti, por la que la jugarías, que te preocupa su vida?  No siempre es así.  Es una palabra usada con muchísima ligereza.  Hay una frase de Kurt Kovain que me encanta:  un amigo es la persona que te conoce y a pesar de todo sigue siendo tu amigo.

El tiempo es una de las pruebas, entre otras muchas, que tiene que superar la amistad.  Para mí, la amistad va de la mano de un lapso de tiempo suficientemente grande como para que la vida haya lanzado ya suficientes pruebas al camino de esa amistad, y siga permaneciendo en su sitio.

P.- Y también está el amor.  ¿Es el amor, como en el caso de Victoria y el profesor Van Halen, algo que se desdibuja con el tiempo?

Yo creo que hay muchos tipos de amor.  Hay amores que duran siempre y otros que se acaban.  Y el que se acabe, tampoco hay que dramatizarlo, simplemente hay que aceptarlo.  Puede ocurrir que se llegue a ese punto final, y entonces hay que saber dárselo.  El que el amor se desdibuje, es algo que pasa a veces.  Si la rutina está consensuada y le apetece a las dos partes, pues entonces bueno.  Pero lo normal es que una de las partes se revele contra esa rutina, y aquí en la novela, la que termina haciéndolo es Victoria.

P.- ¿Hace falta un espacio, un rincón especial apartado del mundanal ruido para escribir una novela como esta?

Si ese espacio existiese de verdad, yo no hubiera podido escribir este libro.  Estoy acostumbrada a escribir en cualquier sitio.  Lo único que necesito es silencio, no sepulcral pero silencio.  No escribo con música, ni delante de la tele, y huyo de los ruidos ensordecedores.  Por ponerte un ejemplo, la mitad de esta novela la corregí en un aeropuerto: en el enlace de un vuelo se me planteaban tres largas horas por delante, así que me fui a un bar muy agradable y allí mismo me puse a revisarla.  Lo que te quiero decir es que si estuviese buscando ese espacio ideal, esa habitación propia, no hubiera llegado a escribir nunca.

P.- La trama se completa y complica con otras bien encarriladas historias, unas dentro de otras.  ¿Es necesario tener un gran control de las estructuras narrativas para lograrlo?

Yo creo mucho en el oficio a la hora de escribir.  Si tú has escrito mucho, dominas unas técnicas que te permiten escribir mejor y con más soltura.  También se tiene que haber leído mucho, pues el oficio como tal, es una mezcla de práctica en la escritura y de lectura.  Evidentemente las estructuras narrativas las puedes complicar si las conoces bien; si no es así, el escritor debe seguir en la historia una estructura más lineal y fácil de escribir.  El haberte equivocado muchas veces te da experiencia, y a la misma vez te va haciendo adquirir oficio.

El lector también nota si existen esos fallos de estructura, hay una intuición, se da cuenta que algo falta o sobra en esa historia.  Es igual que una persona que aunque no sepa cocinar, nota si un plato se ha quemado un poco; no hace falta saber cocinar para eso, lo nota en el paladar.  Pues con la escritura es igual.

P.- Los personajes están muy bien dibujados y definidos según sus caracteres.  En tus libros, ¿buscas que los personajes lleguen a empatizar con el lector, o no siempre tiene que ser así?

En principio busco personajes con los que yo podría empatizar, pero es una cosa inconsciente.  Cuando escribo, estoy continuamente pasando un test conmigo misma.  Y las preguntas que se podría plantear el lector, me las hago después,  a veces, demasiado tarde incluso.

P.- ¿Qué se da más en Marta a la hora de escribir: la inspiración o la constancia en el trabajo? ¿Existe en Marta Rivera el miedo a la página en blanco?

La constancia.  Yo no tengo momentos de inspiración.  Hay días que estás mejor que otros, pero eso es algo que pasa en todos los trabajos.  Si tuviera que esperar al chispazo para ponerme a escribir, está claro que no lo haría.

No tengo miedo a la página en blanco, todo lo contrario, me estimula.

P.- El hecho de escribir, ¿oficio o estigma con el que se nace?

Lo mío es un oficio que me gusta mucho y que me siento muy privilegiada poder ejercer.  Si mañana me dijesen que no puedo volver a escribir, me parecería muy frustrante porque es mi profesión, pero si te digo la verdad, sería mucho peor que me dijeran que no puedo volver a leer.

A mí siempre me gustó escribir.  Cuando me publicaron mi primera novela, me planteé que esto podía ser lo mío.  Cuando saco una novela, pienso que podría ser la última.  No me gustaría que lo fuera, pero para continuar en este trabajo, tienes que contar con un apoyo muy importante que es el de los lectores, y eso precisamente no depende de ti.

P.- Has recibido premios a lo largo de tu carrera.  ¿Son importantes para labrarse un buen camino en el mundo editorial?

Creo que los premios son muy importantes para darse a conocer ante el gran público.  Para mí eso es lo fundamental de los premios.  De hecho, premios que no son tan populares no condicionan tanto la carrera de un autor.

P.- Como gallega qué eres, supongo que conocerás la literatura que se hace en gallego, ¿qué opinas de lo que actualmente se está escribiendo en esa lengua?

Realmente se están haciendo cosas fabulosas.  Domingo Villar es el mejor escritor de novela policíaca en España con permiso de Lorenzo Silva.  Lo que están haciendo Teresa Moure o Manolo Rivas es genial.  Hay talento por arrobas.

Yo he escrito en gallego algunas cosas de guión y de documental que me contrataron para hacer, pero habitualmente mi literatura la escribo en castellano porque es como mejor la escribo.  No es una posición cultural, simplemente que como mejor escribo es en castellano.

P.- ¿Cuáles son tus influencias literarias? ¿Te acuerdas del primer libro que leíste? ¿Y alguna de las novelas que más te han impactado?

Han ido cambiando mucho.  Al principio fueron los escritores latinoamericanos, que fue con quienes yo me convertí en una verdadera lectora.  Luego pase a la literatura realista española, rusa, francesa.  Y ahora me gustan mucho los autores anglosajones.

Recuerdo que con seis años leí Las travesuras de Guillermo.  Pero el primer libro que leí con el alumbramiento de haber descubierto que la literatura valía para algo más que para el puro entretenimiento, fue Werther de Goethe, cuando tenía quince años.  Fue algo diferente, me di cuenta que ese libro me había hecho pensar cosas.  Fue como una epifanía, haber descubierto para qué servía la literatura.

P.- Esta pregunta puede resultar un tópico: ¿Crees que existe un literatura de mujeres?

No, ya no.  Que existió, sí.  Hace tiempo había un mundo femenino donde los hombres no tenían sitio, y un mundo masculino donde las mujeres no tenían cabida.  En ese momento, sí que tenía sentido la existencia de una literatura femenina , mujeres que escribían para otras mujeres.  Hoy en día, las líneas de separación de los mundos se van difuminando tanto que ya no tiene sentido hablar de literatura femenina o masculina.

P.- ¿Nuevos proyectos a la vista?

Sí tengo una idea, pero precisamente por ser muy general, prefiero no contar nada.  Normalmente no empiezo con un nuevo proyecto hasta que no cierro con el anterior, porque entonces eso me distrae de la nueva idea.

Marta muchas gracias por tu tiempo y suerte con esta novela.

 

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