Los premios que copan el PLANETA.

 

Por Benito Garrido

 

Los premios Planeta cumplen sesenta años rebosantes de buena salud.  Y la pruebas están en los números:  más de 500 novelas han concurrido, en un año de crisis como este, a la búsqueda de los laureles planetarios de la gloria; han sido más de 19.000 autores los que han presentado su obra al examen de este premio durante su más de medio siglo de historia.  Ayer, en un acto plagado de caras conocidas y sonrientes, se llevó a cabo en el Hotel Ritz la presentación de los triunfadores de este año.  Javier Moro con su novela El imperio eres tú resultó ganador y se embolsará los 601.000 euros del premio, mientras que la finalista Inma Chacón con su libro Tiempo de arena, se llevará 150.250 euros.  La primera novela se desarrolla en el Brasil colonial del siglo XIX, mientras que la segunda nos retrata una familia de principios del siglo XX plagada de mujeres que buscan su lugar en la sociedad.

Una pletórica Inma Chacón,  presentada por Nativel Preciado, nos habla de ese tiempo de arena en el que estamos.  Su historia comienza en Manila, ciudad de la que sale una familia de la alta burguesía española, huyendo de la fiebre independentista que a finales del siglo XIX recorre todo el mundo.  Tres hermanas de caracteres diferentes y bien marcados que se instalan en Toledo y van creciendo con el siglo XX.  Con el telón de fondo de la lucha social por la emancipación de la mujer, y la masonería femenina, van surgiendo secretos e historias que se entrelazan en un atractivo mosaico de amores, luchas y odios.  La propia autora reconoce que se inspiró en su propia familia a la hora de escribir esta novela, que cuando escribe se vierte en cada personaje, y que por tanto, existe algo del autor en cada uno de ellos.  “No sabría decir cuanto de mí hay en Mariana, que busca mantener su estatus y las estrictas normas sociales, o en Munda mucho más rebelde y moderna.  Alejandra facilita sin embargo el equilibrio entre las dos hermanas.  Me inspiré en mujeres históricas como Clara Campoamor o Carmen de Burgos.”  Como era de esperar, en la presentación surgió el nombre de su hermana gemela, la ya desaparecida Dulce Chacón:  “Hablar de mi hermana es estar otra vez con ella.  No me importa nada que me nos comparen.  Entré en la literatura por encargo de mi hermana y me siento muy orgullosa de ello.  Mi sobrina dice que Dulce vivía en las nubes y bajaba a la Tierra para escribir, y que yo vivo en la Tierra y voy a las nubes para escribir.  Ahora, con este premio, me van a conocer más como Inma Chacón que como la hermana de Dulce”.

Javier Moro por su parte, que venía presentado por Marta Robles, nos habló de los problemas que ha tenido con las personas reales o cercanas que aparecían en sus anteriores libros publicados.  “Esta vez quise optar por escribir sobre alguien que hubiese muerto hace por lo menos doscientos años, y que por tanto, sus abogados ya hubieran muerto también. ”  Y que mejor opción que volver al Brasil que fue su primer amor.  Ahí fue donde encontró un personaje peculiar y atractivo del que no se había contado mucho: Pedro I de Braganza y Borbón, el primer emperador de Brasil, un hombre que marcó la historia de dos continentes.  Manteniendo el rigor histórico y siguiendo fiel toda la documentación trabajada, el autor ha escrito una historia novelada sobre la corta pero sorprendente vida de un personaje a la vez curioso y contradictorio.  Una vida plagada de guerras, luchas internas, ideales políticos, disputas familiares y mujeres.  Le ha resultado una historia de gran carnalidad, algo inevitable teniendo en cuenta que el protagonista era un empedernido mujeriego que parecía quisiese él solo poblar Brasil.  Tuvo muchos hijos, tanto naturales como ilegítimos, a los que procuró cuidados y educación como si todos fuesen iguales.  Pero ante todo, estamos ante un gran e inteligente político que revolucionó la situación del país hasta conseguir su independencia como una nación libre.

Podríamos para concluir, repasar los ganadores de estas sesenta ediciones del premio, pero creo que sería un trabajo arduo que mejor dejarlo para otro momento.  Ahora nos quedamos con la inmensa  satisfacción de estos dos escritores que irradian energía y riqueza literaria.

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