“El joven Liova” de Marcos Aguinis: entrevista y reseña.

 

Por Benito Garrido.

Fotografías de Pablo Gomez Tribello.

 

A propósito de su última novela El joven Liova (Plaza y Janés Editores, 2011), hemos entrevistado al escritor argentino Marcos Aguinis.

 

Marcos Aguinis, nacido en Córdoba, Argentina,es el autor más leído en su país. En España, fue el primer escritor latinoamericano en lograr el Premio Planeta, con su novela La cruz invertida. Muchas de sus obras más notables han sido traducidas a varias lenguas con gran éxito de crítica y público.  Entre ellas podemos destacar: Refugiados: crónica de un palestino, La conspiración de los idiotas, La matriz del infierno, La gesta del marrano o La pasión según Carmela.  Con El joven Liova el autor retorna a la ficción tras dedicarse a escribir ensayo.  Aguinis posee una trayectoria vital variada y polifacética: ha transitado por la medicina ejerciendo como neurocirujano durante quince años, por el psicoanálisis, el arte y la historia, incluso se desempeñó como dibujante y pianista. Tras el restablecimiento democrático de 1983 fue designado subsecretario y luego secretario de Cultura de Argentina.  Ha sido nombrado Caballero de las Artes y las Letras por el gobierno francés, y doctor honoris causa por diversas universidades. Actualmente, es colaborador habitual de distintos medios de comunicación.

 

El joven Liova.  Marcos Aguinis.  Plaza y Janés Editores, Barcelona 2011.  Novela histórica.  432 páginas.  18,90 €

 

El joven Liova nos cuenta la primera etapa en la vida de Liova: la infancia, adolescencia y juventud de un idealista que llegó a convertirse con el tiempo en el revolucionario que todo el mundo conocería como León Trotsky, una de las figuras centrales de la Revolución de Octubre, que acabó con el terrible régimen zarista.  Liova era el sobrenombre cariñoso con que llamaba a Trotsky su familia.  Aguinis se centra en los aspectos más humanos del personaje para construir una interesante novela llena de acción y aventuras.  Con ella pretende acercarnos un poco más a la figura vital de uno de los personajes más importantes del pasado siglo XX.

 

En este relato de iniciación, y a través de la visión que tenían sus padres y otros familiares, las mujeres que formaron parte de su vida, los compañeros revolucionarios, e incluso a través de la mirada del propio Trotsky, nos encontramos diferentes testimonios que se entrelazan hasta configurar una historia fascinante y arrolladora.  El autor nos hace partícipes de las andanzas y  acontecimientos que jalonaron el camino de un personaje realmente apasionado y contradictorio: su nacimiento en Ucrania, las primeras maquinaciones subversivas en Odesa, la historia de amor que tuvo con la que sería su mujer, una militante marxista llamada Alexandra, su confinamiento en Siberia y posterior fuga por las áridas estepas, el exilio europeo, su relación con Lenin, Gorki o Stalin, la creación del Ejército Rojo que llevó a los bolcheviques hasta la victoria.  En definitiva, una novela esencial para comprender la etapa histórica tan trascendental que supuso la revolución rusa, así como la dramática e intensa vida de un hombre inmerso en la conquista de unos ideales. 

 

Es en esa combinación de relato de aventuras y biografía novelada donde el autor consigue radicar el verdadero atractivo de este libro, al mismo tiempo que profundiza en la naturaleza moral y en la evolución ideológica del protagonista, desde su humilde condición social hasta alcanzar los turbios engrudos del poder.  Tengamos en cuenta que Trostky es uno de los personajes más relevantes de la historia, y aunque sus sueños terminaran convirtiéndose en pesadillas (en indecible tiranía), no deja de ser uno de los abanderados del ideal revolucionario colectivo.  Estamos ante un libro de escritura ágil y precisa que conecta directamente con el lector, que asombra y conmueve, que se lee bien, y en definitiva, que engancha desde la primera página.

 

Entrevista:

 

P.- Te supongo enredado en plena promoción de la novela, ¿qué tal llevas el tranquilo escritor este ajetreo?

Esto es un tarea que corresponde a una secuencia demasiado estructurada.  Durante largo tiempo, uno investiga, escribe, corrige, edita el libro.  Y una vez que el libro aparece, el autor será sometido a preguntas, tendrá que viajar, firmar ejemplares… Obviamente, no es la tarea que más entusiasma a un escritor pues lo arranca de su cuarto monacal y lo hace enfrentarse al público.  Pero uno termina por habituarse y a vivirlo como la consecuencia inevitable.  Es así, hay que aceptarlo y hacerlo.

 

P.- Si tuvieras que colocar tu libro en una biblioteca, ¿qué sección elegirías: novela histórica, biografía novelada, aventuras….?

Yo creo que lo pondría entre los libros de aventuras, pese a que es una biografía novelada que respeta minuciosamente los datos o hechos marcados como reales por la coincidencia documental.  Pero es tan intensa la cantidad de peripecias que corren a lo largo de las páginas que debo aceptar que estamos ante una novela de aventuras.  Incluso lo fui escribiendo con ese entusiasmo, el mismo que alimentó a Alejandro Dumas o Julio Verne.

 

P.- Después de un largo periodo escribiendo ensayos, ¿qué te movió a volver a la ficción?

Llevo publicados calculo que unos quince libros de ensayo y doce novelas.  Y también tengo editado un volumen de cuentos.  La alternancia entre novela y ensayo no responde a ninguna obligación que me frene a la hora de dedicarme a lo que en ese momento más me entusiasme.  Muchas ideas van luchando entre sí dentro de mi espíritu y voy dejando que de ellas alguna se imponga sobre las demás, y que esa sea a la que finalmente me dedique.  Escribir un libro es un proyecto que demanda mucho esfuerzo, entonces uno no quiere equivocarse en el tema.  Es duro tener que abandonar un proyecto después de haber escrito muchas páginas.  Ya me pasó hace muchos años: empecé a escribir una novela y cuando llegué a la página doscientos, me dije esto no va, no me gusta y lo dejé abandonado.

 

P.- ¿Cómo se sabe que eso no va, que en ese momento la escrito no es lo que uno buscaba?  Tiene que ser duro dejar a un lado el trabajo de mucho tiempo.

Me di cuenta que había perdido el entusiasmo en la historia que estaba contando, que no era tan interesante, que los personajes no tenían suficiente intensidad, que no me permitía un despliegue fantasioso, que no tenía demasiado suspense.  Me dije, esto está mal y en ese sentido, yo soy muy severo, si veo que algo está mal, pues está mal.  Y entonces lo dejo.

 

 

P.- ¿Cómo surgió la idea de escribir sobre un personaje tan atractivo a nivel histórico como Trotsky?  ¿Y por qué solo la primera etapa de su vida (hasta los 40 años, coincidiendo con la creación del ejército rojo)?

Esta es una novela de iniciación que narra las aventuras de un joven idealista con quien pueden identificarse una gran cantidad de personas, ya que casi todos nosotros hemos sido jóvenes idealistas alguna vez.  Hoy en día la juventud parece ya no tener ese mismo incentivo por los ideales, está como pasiva, indiferente.  Quizás este libro sea una suerte de invitación a que esa juventud pueda ver lo maravilloso que es tener ideales por los que luchar. 

Esa lucha por los ideales fue lo que más me importó a mí de la vida de Trotsky a la hora de escribir el libro.  Más que el éxito o los beneficios que brinda el poder.  Piensa que Trotsky fue Ministro de Relaciones Exteriores de la Revolución, y en ese cargo negoció la paz con Alemania, pero también creó el brutal Ejército Rojo.  Y es ahí donde termina el libro.  Quería contar la historia de este personaje hasta el momento en que pierde el rumbo.  Lo que yo quería rescatar era ese camino hasta llegar al poder, hasta que cumple con su objetivo tras haber pasado por enormes dificultades, sacrificios extremos, y siendo muy coherente con su ambición de lograr un mundo mejor.  Ahora, lo que ocurre después de esto, ya es otra cosa.

 

P.- ¿Qué lleva al protagonista a deformar el ideal revolucionario?  ¿Es esa la razón que conduce de la admiración al rechazo?

Creo que es importante separar la vida, del desarrollo de ciertas ideas durante los acontecimientos específicos e irrepetibles de esa vida.  Las ideologías que se construyen después en base a textos o afirmaciones, pertenecen a otro contexto.  Con esto quiero decir acá que no es lo mismo el joven Trotsky que el trotskismo.  El trotskismo es una congelación, una calcificación fuera de época de las ideas que en aquel tiempo tenían vigencia.  Y ya hoy en día, con las experiencias que vivió la humanidad, el trotskismo deja de estar vigente.  Tal vez tiene vigencia la idea de la revolución permanente, pero en el campo tecnológico, no en el social.  De modo que es muy importante separar las vidas, de las ideas, de las ideologías.  No sé si sabes, pero Karl Marx no visitó en su vida una fábrica, algo realmente curioso.  O Rousseau, el gran inspirador del enciclopedismo, era un hombre de una crueldad y una conducta inmoral extremas.  Son aspectos realmente tan paradójicos.

 

P.- La primera parte del libro nos ofrece la imagen de Liova desde las diferentes perspectivas de las personas que rodearon su vida.  ¿Quizás este recurso te permite captar más matices del personaje y acercarlo más al lector?

Sí, esa es la idea, que a través de esos comentarios, de esas historias, se pudiese demostrar que Liova era un persona poliédrica, que tenía muchos aspectos, algunos de ellos totalmente contradictorios.  Esto es lo que tenemos todos los seres humanos, aspectos contradictorios, y depende de quien hable de nosotros, como hable, como nos vea, se resaltarán unos u otros.  Era una especie de desafío literario: tenía que mostrar no solo los caracteres de Trotsky, sino también usar el lenguaje concreto del personaje que hablaba sobre él.  No es lo mismo cuando habla Alexandra que es una muchacha culta que cuando lo hace el padre de Trotsky que era un hombre sin cultura.

 

P.- Está claro un trabajo de documentación duro, exhaustivo y extremadamente riguroso.

Yo siempre he considerado que hay elementos históricos que deben ser preservados.  Desde hace muchos años, me he dado cuenta que el revisionismo histórico, unas veces ha estado acertado, y en muchos otros casos fue totalmente erróneo.  No podemos retroproyectar nuestro presente al pasado, sin entender que ese pasado estaba dominado por otros factores diferentes a los actuales.  Nosotros no podemos juzgar a los antiguos romanos como si fuesen ciudadanos del siglo XXI.  Tenemos que darnos cuenta que esa era otra época.  En ese sentido, yo creo que en todas mis novelas históricas, cuido mucho los hechos fundamentales (aquellos que están debidamente documentados).  Y mi fantasía en el campo literario vuela en aquellos puntos donde hay contradicciones, agujeros negros.  Considero que al aportar esa ficción lo que hago es conseguir un acercamiento más intenso con el personaje que lo que pueda obtener de cualquier documento.  Trato de imaginarme lo que realmente ha sucedido.

 

P.- En esa búsqueda de coherencia narrativa, ¿tiene que llegar a inventarse personajes alternativos a la historia real?

Hay algunos personajes o incluso acontecimientos que no han sido reales, y que los he desarrollado porque considero que tienen importancia en la articulación del protagonista a lo largo de los diferentes momentos de su vida.  Pero considero también que es importante que no los revele, no sea que algún lector se sienta defraudado.  La novela realmente triunfa cuando convence al lector que lo ha leído es totalmente verdad.

  

P.- ¿Es la disciplina una obligación en la vida del escritor?

Hay momentos en que la escritura deja de ser un entretenimiento para convertirse en una tarea dura que exige disciplina, de sentarse a escribir, aunque uno sepa que esa mañana no hay inspiración, que uno está cansado, que las ideas tardan en aparecer, pero que tiene que esforzarse.  A veces, después de unas horas de entrenamiento las cosas fluyen más sencillas.  Eso lo aprendí cuando era pianista: me daba cuenta que en los primeros momentos los dedos estaban como duros, y paulatinamente van adquiriendo agilidad, soltura, relajamiento, y entonces a partir de ahí, comienzas cada vez a tocar mejor.  En la literatura me pasa lo mismo.

 

P.- Ya sé que fue hace tiempo, pero después de ganar el Planeta (con La cruz invertida) ¿Se hizo todo más cuesta arriba o más fácil a la hora de escribir?

Posiblemente tenga un problema de autoestima porque nunca me la creo.  En ese sentido, mantengo un saludable equilibrio: hace falta trabajar y elaborar ideas, esforzarse, y tener claro que ningún premio te garantiza la eternidad.  Reconozco que en aquel momento, fue algo vigorizante en mi vocación literaria, me animó a seguir escribiendo.  Pero no a creerme que era el mejor escritor.

 

P.- ¿Estás ya trabajando en algún nuevo proyecto?

Prefiero no decir nada sobre los personajes que tengo en mi mente porque no sé cual exactamente va a imponerse a los demás a la hora de enfocar un nuevo proyecto.  Es como una lucha libre entre varios contendientes, y quizás el menos esperado es el personaje que resulte ganador.

 

 

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