Entrevista a Jorge Volpi: “Leer la mente”

 

Por Benito Garrido.

Fotografías de Pablo Gómez Tribello.

 

A propósito de su último libro, Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción (Editorial Alfaguara, 2011), hemos entrevistado al escritor mexicano Jorge Volpi.

 

Jorge Volpi (México, 1968) es licenciado en Derecho, maestro en Letras Mexicanas por la UNAM y doctor en Filología por la Universidad de Salamanca. Es autor de novelas como La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico, En busca de Klingsor (premio Biblioteca Breve 1999), Sanar tu piel amarga, o El jardín devastado.  También es autor de ensayos como La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008) o El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI (Premio Debate-Casa de América 2009).  En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Sus libros han sido traducidos a 25 idiomas.  Ha sido profesor de prestigiosas universidades, y condecorado como Caballero de las Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España.  Fue director general del Canal 22, la cadena cultural de la televisión pública de México, entre 2007 y 2011.  Actualmente es colaborador de los periódicos El País y Reforma.

 

Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción.  Jorge Volpi.  Editorial Alfaguara, Madrid 2011.  Ensayo.  168 páginas.  17,50 €

 

El autor analiza con rigor científico cómo funcionan los mecanismos de la mente frente a la realidad y frente a la ficción:  ¿Qué pasa en mi cerebro cuando leo una novela o un cuento? ¿Cómo y cuando aparecieron? ¿Qué parte de la mente inventa las anécdotas felices o los desenlaces trágicos? ¿Por qué sufrimos o gozamos con los personajes de los relatos y de qué forma nosotros, los lectores, nos transformamos en esos personajes? ¿No es acaso el yo nuestra mayor invención?  Volpi mantiene que las escrituras de ficción se han convertido en algo imprescindible para nuestro bienestar, en algo esencial para la evolución de la especie humana.

 

Para el autor, leer una obra literaria no es una actividad inocua sino que sirve para vivir otras vidas, para ser otros y, en ese sentido, para desarrollar nuestra empatía.  Expone, con una sólida base científica apuntalada con reflexiones filosóficas, que el cerebro reacciona igual frente a la realidad que ante la ficción.  Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción es un análisis de cómo funcionan los mecanismos que se asocian con el cerebro como la conciencia, el yo, las emociones, los sentimientos, la inteligencia o la empatía a la hora de crear una ficción.

 

No leemos una novela sólo para entretenernos, que también, sino que al menos durante un tiempo pasamos a ser los personajes de esa novela. Y es que vivir otras vidas permite desarrollar la empatía o la solidaridad, comprender mejor el mundo, a los demás y a nosotros mismos.  El escritor mexicano reconoce que el funcionamiento del cerebro y su relación con la literatura le han interesado desde hacía mucho tiempo.  Apasionado por los lazos entre la neurociencia y la novela, que aquí se dan la dan la mano, este apasionante ensayo atrapa desde el primer párrafo.

 

Entrevista:

 

P.- ¿Cómo surgió en Jorge Volpi la idea de escribir, de embarcarse en este viaje que es la literatura?

Yo tenía 16 años.  Estaba en la preparatoria, como se llama en México.  Y allí rápidamente encontré a mis amigos.  Conocí a Eloy Urroz, que por aquel entonces escribía poesía y quería publicar su primer libro de poemas.  Éramos como los excéntricos del grupo, los empollones.  Nos hicimos muy amigos.  Pues bien, en esa escuela había un concurso de cuentos, que en su momento se hizo muy famoso porque muchos escritores conocidos ya habían ganado ese premio.  Entre ellos estaba Carlos Fuentes.  La leyenda, que luego resultó ser cierta, contaba que Fuentes había alcanzado los tres primeros lugares del premio presentándose con tres pseudónimos distintos.

Mi amigo Eloy Urroz me animó a que participásemos en el concurso, escribiendo de esta manera nuestro primer cuento.  Así lo hicimos.  Yo quedé en tercer lugar, Eloy quedó quinto.  Al estudiante ganador del premio, Ignacio Padilla, también le conocimos.  Los tres nos hicimos buenos amigos, los tres decidimos que nos íbamos a hacer escritores, y los tres lo somos.  Ese es el germen de la que luego sería la “generación del crack”.

 

P.- Centrándonos en el libro.  ¿Por qué leemos los seres humanos?

Primero hay que plantearse que es distinto leer ficción de leer otras cosas.  Leemos lo que no es ficción sobre todo para aprender, para reflexionar.  En cambio, no leemos ficción para eso.  Leemos ficción esencialmente para vivir otras vidas que enriquezcan la nuestra.

 

P.- ¿Qué inquietudes te llevaron a plantearte escribir este libro?

En cierto momento, muchos de los que nos dedicamos a crear personajes, a hacer ficciones, terminamos por preguntarnos qué es esto que llevamos tantos años haciendo.  Y finalmente, lo mismo que lleva a otros autores a hacer ensayos literarios sobre la novela o el cuento, a mí me llevó a hacer ese estudio pero desde una perspectiva científica, desde la perspectiva de la ciencia cognitiva y el cerebro.

 

P.- ¿Qué va a encontrar el lector de las novelas de Jorge Volpi en este ensayo?

En ese sentido, encontrará otra vez el interés de mezclar la literatura con la ciencia, de utilizar recursos de la narrativa en el ensayo, de tratar de explicar las teorías más complicadas de la manera más literaria y amena posible.  Y a esto hay que añadir, unas cuantas dosis de humor.

 

P.- ¿Es más un ensayo literario cercano a la ciencia o un ensayo científico cercano a la literatura?

Yo creo que las dos cosas.  Intenté que fuese un ensayo literario y al mismo tiempo, un ensayo de divulgación científica.  Y que todo se mezclara para hacer el libro mucho más entretenido.

 

P.- ¿Cómo consigues condensar en solo 168 páginas tantas teorías y estudios sobre el cerebro y su relación con la literatura?

Yo casi diría que son unos cuantos apuntes literarios sobre grandes teorías científicas.  Es decir, que espero que sea un libro, que en aquel lector interesado desate la curiosidad de leer muchos más libros científicos sobre el tema: la conciencia, la memoria, la inteligencia.  Porque sobre la literatura y el cerebro hay realmente muy poco escrito.

 

P.- ¿Es la lectura (de ficción si acaso) la mejor vía de escape que le queda al hombre visto el caos en que actualmente nos encontramos?

Sobre todo más que una vía de escape, es un camino para entender porque estamos donde estamos, y eventualmente, encontrar alguna salida.  Cuando la situación es realmente desesperada, sí que puede servir de escape.  Pero cuando no es absolutamente desesperada, la lectura no es escape, y sirve sobre todo para reflexionar sobre qué hicieron, qué hemos hecho los seres humanos con el mundo para llegar a esta situación.

Creo que la literatura puede ayudar a entender el momento.  Uno de los temas centrales de lo que está pasando hoy en día, y de lo que ha pasado, es la avaricia.  Y ese precisamente es un tema literario por excelencia.  Leyendo literatura sobre la avaricia podríamos entender mejor como funcionan nuestros políticos, nuestros tecnócratas, nuestros empresarios, e incluso nosotros mismos, o por qué nos dejamos atrapar por la burbuja inmobiliaria y los altibajos de la bolsa.

 

P.- Aquí en España, la tradición educativa es ir separando las ciencias de las letras, lo científico de lo humanístico.  Sin embargo tu reivindicas que las dos están conectadas a través de ejes que han permitido el avance de ambas.

La división entre lo científico y lo humanístico es un verdadero desastre.  Yo abogaría por qué se reformasen todos los planes de estudio: que hubiese matemáticas siempre, que hubiera materias científicas en todas las carreras humanísticas y que hubiera materias humanísticas en todas las carreras científicas.  Y no solo eso, yo creo que debemos olvidar esa norma sobre que alguien culto no sabe nada de ciencias, o que alguien preparado científicamente no sepa nada de literatura.  Lo importante es poder relacionar dos áreas que sirven para lo mismo desde perspectivas distintas, y que es tratar de entender mejor la naturaleza humana y el mundo que nos rodea.

 

P.- Nuestra capacidad de imitar, más que nuestra tendencia reflexiva, determinó nuestro ascenso como especie.  ¿En esa imitación está el origen de la ficción?

A mí también me sorprendió mucho cuando lo leí, porque desde luego, esa no es una hipótesis mía.  Es la hipótesis de muchos antropólogos y científicos cognitivos.  Es decir, que no es la inteligencia lo que está primero, ni tampoco la conciencia.  Simplemente nosotros desarrollamos ambas mucho más que los animales que nos precedieron, y desde luego bastante más que los primates a los que pertenecemos.  Lo que sobre todo desarrolló el cerebro humano, fue una capacidad de imitación con una sutileza infinitamente mayor que la que tienen los simios, y de esa capacidad de imitación es de la que probablemente se deriva la aparición del lenguaje, y paralelamente, la de la ficción, que retroalimentan que el cerebro vaya creciendo conforme eso va apareciendo.  En esa línea, la mimesis de Aristóteles, pero desde una visión antropológica, sería el origen de nuestra especie, el origen evolutivo que lleva al crecimiento del cerebro, y por lo tanto, a ser como somos.

Y esa evolución, en teoría, no se detiene, lo que pasa es que nuestros periodos históricos son tan cortos, que casi no alcanzamos a verla.  Pero seguro que milimétricamente se está produciendo.

 

P.- Señalas, que la conciencia desarrollada desde una perspectiva literaria (hablas de Virginia Woolf, James Joyce) llegó a ayudar a los científicos en la investigación de ese dispositivo del cerebro.

A veces pasa que los escritores o los filósofos tienen intuiciones que luego la ciencia va verificando.  Ellos intentaron reflejar lo que era el flujo de conciencia, o la conciencia dividida, esos fenómenos que luego se han estudiado y comprobado dentro del área de la psiquiatría o de las ciencias cognitivas.  Está claro que habían acertado.

 

P.- La criptomnesia es confundir una idea ajena captada en el pasado con una propia (intertextualidad).  Y hablas entre otros, de Nietzsche.  ¿Realmente esto puede ocurrir?

Esto ocurre muchas veces.  ¿A ti no te ha ocurrido?  Claro que puede ocurrir.  Bueno, también puede haber plagio descarado, pero muchas veces no es así.  Puedes pasar que estés seguro de que algo se te ocurrió a ti, porque en algún momento has perdido la conexión con el lugar donde lo leíste, o donde lo viste, o incluso con quien te lo contó.  Al perder esa conexión, tu cerebro asocia esa ocurrencia como si fuese tuya propia.  A mí me pasa mucho con Ignacio Padilla, pero a la inversa: yo pienso que él dice un montón de cosas que originalmente se me ocurrieron a mí.  Y él dice exactamente lo mismo: que yo le copio las ideas.  Yo estoy convencido que lo que yo digo es auténticamente mío pero es probable que no sea así, porque las ideas no nos pertenecen.  Las ideas fluyen todo el tiempo de una cabeza a otra, de un cerebro a otro.  Por tanto, es cierto, que muchas veces la criptomnesia sea algo que pueda pasar.

También puede ocurrir un fenómeno cercano al anterior, y es que uno mismo repita tantas veces una historia inventada que termine por creérsela.  El cerebro no distingue entre las imágenes de la realidad y de la ficción.  Y si se quiebra el vínculo de dónde vino esa imagen, podemos perfectamente creer que es real aunque no lo sea, incluso de nosotros mismos.

También está comprobado lo que se llama amnesia infantil: todo lo que hemos vivido hasta los tres años, no lo recordamos.  Es imposible.  El cerebro no está lo suficientemente maduro para recordar, pero mucha gente está convencida de tener recuerdos de menos de tres años.  Pero eso son recuerdos falsos.  Es algo que uno mismo inventa a partir de las fotos de la niñez, de lo que le cuenta la mamá u otros familiares, etc.  Y llega un momento, que realmente crees que eso lo viviste.

 

P.- Nos hablas de la empatía con el personaje por imitación… ¿no será más por identificación?

No.  Antes pensábamos que era por identificación, como algo pensado.  Ahora la neurociencia ha descubierto que no es algo pensado, es algo inmediato, natural y neurológico.  Pasa todo el tiempo sin que intervenga tu voluntad.

 

P.- ¿Te consideras un científico de la lengua?

No.  Me considero más bien un científico frustrado.  Y quizás por eso escribo libros.

 

P.- ¿El hombre debe buscar el compromiso político y social con el momento que le toca vivir?

Esa es una decisión individual.  Y para los escritores también es una decisión personal.  Esa es la diferencia actual con esos momentos combativos en los que estabas casi obligado a tomar partido.  Ahora no.  Estamos en un momento en que la decisión es mucho más libre.  Además se trata de una época hiperindividualista, y eso se nota en todo.  Se nota en la debacle financiera que atraviesa el mundo, y también en la desideologización de los escritores.  Se nota en todo.

 

P.- ¿Qué queda entonces de aquella generación del crack a la que pertenecías, y que reclamaba esos valores por encima de cualquier realismo mágico?

Yo sigo siendo amigo de todos los integrantes que fuimos.  Intercambiamos nuestros libros, hablamos, dialogamos.  Vivimos en lugares distintos y quizá por eso nos veamos menos, pero en cuanto tenemos oportunidad nos juntamos.  Lo que queda es una verdadera amistad literaria.

Actualmente creo que ya no existe ese espíritu de grupo que llevaba a los escritores a organizarse.  Y tampoco se da ese lazo de amistad que, como pasó con la generación del 27 (también se conocía como generación de la amistad), une y aglutina.  La etiqueta generacional, si se produce, es por tanto, más bien estética, influenciada por los medios.

 

P.- ¿Estás ya trabajando en algún nuevo proyecto?

Ahora estoy terminando una novela de la que prefiero no decir nada.  Es mejor hablar de ella una vez que haya sido publicada.

 

Muchas gracias Jorge por tus libros y tus palabras.

 


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