Periodismo en peligro de extinción

Por Marta Matarán (texto y fotografía)

 

CaixaForum Madrid

A finales de octubre tuvo lugar una conferencia en CaixaForum Madrid impartida por Gervasio Sánchez y Javier Bauluz, dos de los más reconocidos y prestigiosos fotógrafos y periodistas españoles.

 

El título, Un periodismo que da voz a los más vulnerables, me empujó a hacer un hueco en mi tiempo para comprobar (por favor) que aún hay algún oasis de seriedad dentro de este desierto de palabras vacías y noticias intrascendentes escritas por plumas que parecen empuñar las propias avestruces en las que, para vergüenza de tan estimada profesión, se han convertido muchos de los periodistas de este país.

 

Las primeras palabras que oí de Gervasio Sánchez fueron impactantes: “Actualmente los periódicos rinden pleitesía al gobierno (…) Se va contra los bancos pero ¿por qué no contra los periódicos? (…) ¿Por qué los periodistas no preguntan por la venta de armas cuando entrevistan a Zapatero o a otros políticos?”

 

En resumidas cuentas, eso mismo es lo que me pregunto desde hace tiempo: ¿dónde está el llamado cuarto poder de la democracia? El que es capaz de sanear una sociedad descubriendo la realidad que se oculta a los ciudadanos, permitiéndoles que se formen una opinión, un juicio crítico, respaldado por información veraz.

 

Afortunadamente, Javier Bauluz contestó -sin oír- a mi pregunta. Ese cuarto poder está ahora en Internet. Desde ahí se está intentando impulsar un periodismo de calidad, un periodismo que, en palabras del propio Javier, recupere “la función social”.

 

Es la hora de cambiar el tradicional papel por la pantalla, no por gusto, sino por higiene mental. www.periodismohumano.com y www.propublica.org son dos honrosas excepciones que desenmascaran la emponzoñada y silenciada realidad. Paradójicamente al medio en que se mueven, dan preferencia a la rigurosidad de la noticia sobre la inmediatez que tan alocadamente se reclama siempre de Internet.

 

Se habló también de la otra cara de la moneda: de la peligrosa gratuidad de este tipo de periodismo. De la insuficiencia de medios en la que están sumidos los periodistas que trabajan sobre el terreno, sobre el lugar de los hechos. De la inseguridad que supone vivir de este trabajo cuando la sociedad busca un periodismo independiente pero no se compromete a sufragarlo.

 

La donación de un euro a la semana (cincuenta al año) que propone periodismo humano nos allana el camino de tal forma que quedamos a expensas de un solo “clic” para ser coherentes con nuestra demanda, en definitiva, con nuestra conciencia.

 

Precisamente, por lo que apuntaron, las historias que no salen a la calle, los artículos e investigaciones que se frenan en España versan, especialmente, sobre asuntos nacionales más que internacionales. Es lógico, el escándalo que puede producir una noticia de este tipo salpicaría con mayor fuerza a las influyentes personas de este país a las que, está visto, no se las quiere molestar.

 

Como telón de fondo, en pantalla, las impresionantes imágenes captadas por dos hombres comprometidos con la realidad que les ha tocado vivir y que no se resignan ni a aceptar, ni acallar.

 

Toda una esperanza para poder reencontrar el rumbo que nunca se debió perder.

 

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