Entrevista a Vanessa Diffenbaugh por “El lenguaje de las flores”

 

Por Benito Garrido.

 

A propósito de su primera novela titulada El lenguaje de las flores (Editorial Salamandra, 2012), hemos entrevistado a la escritora norteamericana Vanessa Diffenbaugh.

 

Vanessa Diffenbaugh nació en San Francisco en 1978, estudió Pedagogía y Escritura Creativa en la Universidad de Stanford y trabajó como profesora para niños sin recursos en programas extraescolares. Con El lenguaje de las flores, su primera novela, ha obtenido el reconocimiento unánime de la crítica, y ha sido elegida «mejor autor de primera novela del año» por la revista Elle. Vive con su familia en Cambridge, Massachusetts. Llega por fin a nuestro país después de conseguir un notable éxito de ventas en EEUU e Italia.

 

El lenguaje de las flores.  Vanessa Diffenbaugh.  Editorial Salamandra, 2012.  352 páginas.  18,00 €

 

Inspirándose en el fascinante código victoriano para expresar sentimientos a través de las flores, la escritora estadounidense Vanessa Diffenbaugh narra el viaje emocional de una joven californiana que, marcada por una dolorosa historia personal, encuentra en este curioso lenguaje el medio para recuperar su capacidad de confiar y amar a sus semejantes.

 

A los dieciocho años, tras una vida entrando y saliendo de numerosos hogares de acogida y pisos tutelados, Victoria Jones está obligada a emanciparse por ley. Se ha convertido en una joven introvertida y arisca, y sólo en su pasión por las flores se vislumbra un camino de salvación. Finalmente, tras encontrar trabajo en una floristería, se cruza con un joven a quien conoció diez años antes, durante la época en que vivió en casa de Elizabeth, una madre de acogida que le enseñó el discreto y fascinante lenguaje victoriano de las flores. El misterioso joven conoce un secreto que atormenta a Victoria, aunque sólo ella puede arreglar cuentas con el pasado. Así, Victoria, que es capaz de expresar los sentimientos de los clientes con hermosos ramos, deberá aprender a interpretar sus propias emociones, la única manera de deshacerse del enorme peso que arrastra desde niña y que le impide encontrar la felicidad.

 

Constreñida por unas normas de conducta que reprobaban la exhibición de las emociones, la sociedad victoriana encontró un medio insólito para expresar los sentimientos de una forma discreta y eficaz. Surgió así el llamado «lenguaje de las flores»: según el tipo de flor escogido servía para enviar mensajes codificados que sorteaban la barrera invisible que las buenas maneras erigían entre las personas. El lenguaje victoriano de las flores se basó en el libro Le language des fleurs, de Charlotte de Latour, un compendio de la simbología de las flores que su autora recogió en la poesía, la mitología antigua e incluso la medicina. Nació así la floriografía, y entre 1830 y 1880 se publicaron centenares de diccionarios de flores en Europa y América.

 

La novela, ópera prima de Diffenbaugh, ha sido recibida con entusiasmo por la crítica y los lectores (en Italia, por ejemplo, fue uno de los grandes éxitos de 2011, con más de 400.000 ejemplares vendidos), se traducirá a 36 idiomas y será llevada al cine.

 

Entrevista:

 

P.- ¿Qué va a encontrar en este libro el lector que se acerque a Vanessa Diffenbaugh?

Sobre todo se va a encontrar la historia de un personaje como es el de Victoria que es una chica que ha pasado por el sistema de acogida, que ha crecido sin amor, sin concebirlo y sin la capacidad de darlo y que tiene una pasión que es el lenguaje de las flores, que le sirve para comunicarse. He intentado por un lado, hacer el retrato de una chica de este estilo, y por otro, introducir al lector en este misterioso y romántico lenguaje que es el de las flores.

 

P.- Tema principal: los sistemas de acogida americanos criticados continuamente en novelas y películas. ¿Son realmente así?

Sí, la verdad es que el sistema es tan malo como se describe. De hecho no hay más que ver a través de los medios los resultados y los diferentes elementos que lo componen, para poder llegar a esta conclusión. Lo que pasa es que yo quería ir más allá de esa visión maniqueista que todos solemos  tener (las familias de acogida son malas, los niños son problemáticos), y en ese sentido demostrar (porque lo creo) que personas que tienen problemas para establecer vínculos, que les cuesta relacionarse, en el fondo, pueden llegar a transformarse.

 

P.- El concepto de familia tradicional, de amor maternal quizás ¿está en crisis hoy en día?

En ciertos aspectos sí que es verdad que en mi libro existen elementos de distorsión de la familia como tal, pero sigo considerando que es el núcleo ideal en el que una persona puede llegar a recibir el afecto necesario para crecer hasta convertirse en un ciudadano de provecho. Y en ese sentido, yo creo que mi libro demuestra que el concepto tradicional de familia puede expandirse, y hacerse mucho más amplio. Es algo que he vivido y lo demuestro con mi experiencia: uno de los miembros de mi familia, que no es mi hijo biológico, es un chico de acogida. Él es mi hijo y yo soy su madre, y éste es un ejemplo de familia expandida.

 

P.- ¿Cómo descubrió El lenguaje de las flores de Charlotte de Latour que inspiró tu novela?

Lo descubrí con dieciséis años trasteando en una librería. Encontré un libro muy conocido de Kate Greenaway, un diccionario ilustrado con el significado de las diferentes flores. Y de ahí, conocí el libro de Latour que abrió el camino a ese diccionario. Lo llevaba conmigo a todas partes, hacía poemas con flores, las buscaba en el campo… Es una idea que desde entonces me obsesionó.

 

P.- Personajes perfectamente desarrollados, sobre todo el de Victoria. Resulta paradójico que con todo lo que ha sufrido esa chica se refugie en algo tan sutil como las flores. Pero así es.

Yo no lo encuentro paradójico, porque realmente más allá de que cada flor tenga su significado, lo que realmente le interesa al personaje de Victoria es que puede expresar muchos sentimientos negativos sin necesidad de transmitirlos. Así, en lugar de regalar una rosa roja (que significa amor) puede regalar lavanda, cardo o albahaca. Expresar esa ferocidad interior de forma libre a través de las flores, es quizás lo más revelador.

 

P.- Ya veo que has tenido experiencia como madre de acogida. Es algo que se nota conoces bien. ¿Buscas referentes reales para dibujar tus personajes?

La verdad es que creo que posiblemente tome menos referencias reales que otros escritores. Para mí lo importante es la historia, y ya desde el borrador la voy levantando. Luego vuelvo sobre el mismo y vigilo y redondeo los detalles. Realmente yo no pasé por el sistema de acogida, a mí no me abandonaron, pero sí que me sirvió la experiencia de trabajar durante años con personas dentro de ese sistema. Y en ese sentido, no me costó meterme en la piel de un personaje como el de Victoria, que ha sido abandonado, sin techo. Mi padre incluso, fue algo que se tomó a mal, el hecho de que yo fuese capaz de entender esa situación tan bien sin haber pasado por ello. Todo ese conocimiento me lo ha dado el hecho de haber trabajado desde dentro.

 

P.- Novela sobre todo de mujeres. Pocos hombres. Parece un libro destinado al público femenino, pero sin embargo no resulta un libro exclusivamente para mujeres.

El asunto es que cuando un hombre escribe un libro sobre hombres y en el que aparecen hombres, no se habla de un libro para hombres. En general, es un libro sobre la vida. Pues esto es lo mismo, pero desde otra perspectiva: un libro escrito por una mujer, en el que efectivamente salen muchas mujeres, pero que puede ser provechoso para todo tipo de público, incluso para hombres que quieran adentrarse en cuestiones quizás más típicamente femeninas como el mundo de los sentimientos, de la maternidad.

 

P.- En el fondo ¿escribes sobre la realidad que te hubiese gustado encontrar?

Este libro está basado en la historia real de una chica que yo conocí, y que me hubiese gustado mucho acabase así (como en el libro), pero no fue el caso. Era el típico síndrome de persona que cuanto más te acercas, más trabas pone, más sabotea el hecho de establecer vínculos con ella. En cierta forma, con este libro traté de meterme en su piel, en su perspectiva, para ver que podía haber hecho para que acabase así.

 

P.- ¿Te esperabas el éxito tan rotundo que ha tenido tu novela?

Ni lo imaginaba ni creí que fuese posible. Ni en la mejor de mis perspectivas creía que podría viajar tanto para promocionar la novela, ni que ésta se fuese a traducir a casi cuarenta idiomas.

 

P.- ¿Cuándo y como se planteó Vanessa Diffenbaugh comenzar a escribir? ¿Qué te resulta más difícil?

Yo he trabajado toda la vida desde muy joven y muy duro. En un momento dado que mi marido tenía un bueno puesto y nos planteamos ser padres, vi que tenía más tiempo y entonces me pude plantear el hecho de escribir.

Lo que me resulta más difícil a la hora de escribir son los diálogos.

 

P.- ¿Qué influencias literarias podrías destacarnos en esta novela?

Posiblemente, esto no sea algo que suelan asumir los escritores, pero yo solo pretendía era hacer un libro que tuviese buena acogida, que apeteciese leer. No pretendía hacer una obra maestra de la literatura, aunque por supuesto que he puesto todo de mi parte para hacerlo lo más atractivo dentro de mis posibilidades. Si buscase un paralelismo con otro libro, una inspiración que podría indicarte es Cometas en el cielo, que es una obra que aborda una temática igualmente intensa, áspera, dura. Es un libro que absorbe y que yo leí varias veces para diseccionar esos elementos que lo hacían tan atractivo.

 

P.- Aprovechando tus conocimientos, ¿qué flor tendría que regalarse para desear suerte? ¿Y para transmitir seguridad?

La campana de Irlanda para transmitir buena suerte. Y la pasiflora para infundir confianza.

 

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