Victorino 2007

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Por Joan Gómez Pallarès
De vinis

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La bodega de los Eguren en la DO Toro: Teso la Monja. Venden Numanthia a una firma de productos de lujo y se concentran en algunos viñedos que ya venían trabajando años atrás. Victorino surge como homenaje al abuelo de los Eguren y a una ganadería de toros de lidia. Victorino “conjuga bravura, armonía y equilibrio”, según el comentario de sus hacedores en la web de la bodega. Victorino nace de viñedos de 45 años en Valdefinjas, Toro y Villabuena del Puente. Cepas en vaso, plantadas en pie franco y con poda en corto. 2007 es una añada complicada para ellos, por lo que describen en la información sobre ella: la fruta maduró con lentitud y sorprendida por lluvias que no cayeron cuando debían o cuando lo hicieron, lo hicieron mal. El ciclo vegetativo de la planta sufre por ello. Despalillado total, estrujados suaves, con pisado, y leves remontes. Ocho días de fermentación a temperatura controlada y maceración con hollejos durante dos semanas. Fermentación maloláctica en barricas nuevas de roble francés. Maduración del vino durante año y medio en barricas nuevas de roble francés (no especifican zona ni tipo de tostado). Marcos Eguren figura ya, en la añada 2007, como enólogo responsable de este vino.

The Wine Advocate: 92. International Wine Cellar: 92. Wine Spectator: 91. Guía Peñín: 94. Robert Parker: 92+. Enodisfrute: 91+. Todos en la famosa escala del 100. Las instrucciones de uso de quien lo vende suelen incluir una decantación y una temperatura de disfrute de 15ºC. De vinis: yo no lo decanto. Lo abro, le dejo una hora de respiración y empiezo a beber, fresco, sí, sobre esa temperatura. Anoto alguna cosa. Decido que le doy tiempo y vuelvo a beberlo a lo largo de otras 72 horas. Mi puntuación final, que casi nunca publico (como bien saben los lectores de este cuaderno, aunque siempre la anoto) es de * * ↑, en una escala que va de 0 a * * * * *. Si la traduzco a una escala de 100, podría estar este Victorino 2007, tomado a primeros de mayo de 2012, en 55-60 puntos, como mucho. La flecha que apunta hacia arriba indica que creo que el vino mejorará con los años, quizás hasta 2016 ó 2017. En mi opinión y a la vista de lo que huelo y bebo, este vino está claramente sobrevalorado por las guías y listados que he podido consultar. Y vale menos de lo que se suele pagar por él (sobre los 30-32€). Se me hace extraño pensar que quienes han puntuado hayan bebido, además, un vino mucho más “tierno”, más domado, que el mío: lo han bebido mucho más cerca de la fecha de embotellado, vamos. Y han puntuado mucho más alto de lo que mi percepción me dice, hoy, que este vino representa. La duda, de nuevo: ¿qué puntúan estos listados? ¿La fama y prestigio del bodeguero que, en este caso es muy grande? ¿La proyección que le ven al vino? Cada vez tengo más claro que lo que no puntúan es lo que ofrece el vino que beben. O lo hacen con sus buenos matices. O beben algo que el cliente como yo no tiene en su botella. O yo qué sé…

La realidad que bebo en estos momentos poco tiene que ver con estas valoraciones, todas ellas sobresalientes (todas por encima de los 90 sobre 100). Y yo tengo por norma dos cosas: valorar el vino en el momento en que lo bebo es la más sagrada. Intentar apreciar el potencial de crecimiento, de evolución, es la segunda. Mis notas dicen, literalmente: “¿sangre de toro o sangre de Toro? ¿Sangre de Judas? Capa cubierta, cubierta, vino casi impenetrable, Darth Vader de los vinos de Toro. Caoba oscura, cedro, alcohol en el trago, humo y hogar. Toda la fuerza y concentración, determinación y energía que muestra su color y nariz, lo pierde en boca: se nota menos la madera y la extracción. Algarrobo maduro. Ceniza de sarmiento. El vino está mucho mejor a los tres días de abierto. Es un vino bien hecho pero que emociona poco. Apenas sé identificar aromas de fruta. Todo se va en terciarios. En la boca y en contacto con su humedad, se vuelve el vino pequeño. Fondo de carne.” Estas son mis notas. “Conjuga bravura, armonía y equilibrio”, dice la web. En estos momentos, se me antoja 2007 como una añada compleja para este vino. La uva sufrió, el campo y la cepa hicieron lo que pudieron y el enólogo echó el resto. Bravura la tiene porque la casta de la uva, esos viñedos y esa tierra son como son. Pero le falta un largo trecho para mostrar la armonía y el equilibrio que, por lo demás, las puntuaciones que he citado parecen otorgarle ya. Puede que llegue con los años ese conjunto armónico y esa voluntad de ofrecer un Toro elegante donde los haya. Pero por ahora, el Victorino que sale al “ruedo” del paladar está más en cabestro que en pura raza. Esperemos que vaya creciendo con los años.

Toro de Victorino Martín
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