Entrevista a Marta del Riego Anta por “Sendero de frío y amor”

 

Por Benito Garrido.

 

Sendero de frío y amor, de Marta del Riego Anta.

Sendero de frío y amor, de Marta del Riego Anta.

¿Es posible sobrevivir a una tragedia así y salir indemne?, es la pregunta que flota en cada página de este Sendero de frío y amor (Editorial Suma de Letras, 2013), la segunda novela de Marta del Riego Anta, un thriller intimista en el que la autora se pone en la piel de dos mujeres ya treintañeras que se desnudan ante el lector para mostrar sin tapujos el dolor que llevan marcado en la piel desde que, diecisiete años atrás, su madre abandonara el hogar. “Espérame aquí y no te muevas. Solo necesito un poco de tiempo. Te lo prometo” fue lo último que aquella madre dijo a una de sus hijas mellizas antes de que se adentrara en ese frío sendero por el que no regresaría jamás.

 

Marta del Riego Anta nació en La Bañeza (León), estudió periodismo en Madrid y vivió varios años en Londres y en Berlín, donde ejerció de corresponsal y periodista freelance para diversos medios españoles y extranjeros. Reside en Madrid desde 2001 y ha colaborado con El País, la revista Viajes de National Geographic, Marie Claire y actualmente es la redactora jefe de la revista Vanity Fair.

 

Entrevista:

 

P.- Novela híbrida entre el drama y el thriller que aborda la duplicidad de sentimientos y planteamientos en dos hermanas mellizas. ¿Cómo surgió la idea origen de este libro?

Tardé dos años en escribirla. Se me ocurrió para un curso de guión de cine que estaba haciendo, empezó siendo algo muy simple: una historia de dos hermanas, con una madre desaparecida y un panadero siniestro. Quería una madre distinta, que había salido de lo más bajo, de un molino destartalado, y anhelaba ver mundo. Una madre pendiente de su propio desarrollo personal, así que, en cierto modo, egoísta. Y dos hermanas mellizas que se enfrentan a su desaparición de forma totalmente opuesta, todo esto en el ambiente entre opresivo y liberal del campo leonés de 1992.

 

P.- El fantasma de una madre desaparecida que pesa demasiado en la frágil estabilidad psicológica de las hijas… ¿Es el silencio la única manera de superar esa falta?

Realmente el problema en esa familia es el silencio, que es algo muy del noroeste de España, las cosas más terribles transcurren detrás de las ventanas. Por eso el arranque de la novela es el encuentro de las dos hermanas después de muchos años de silencio y alejamiento. Y en ese reencuentro de Lulu y Mati caen los muros y su destino se da la vuelta. Digamos que es un reencuentro explosivo que acaba dejando un rastro de sangre.

 

Marta del Riego. Foto de Yiannis Ioannou.

Marta del Riego. Foto de Yiannis Ioannou.

P.- Buceas en las simas psicológicas de los personajes. ¿Puede ser que un acontecimiento traumático como la falta de una madre, determine el carácter futuro de esas hijas?

Lo que te ocurre en la infancia te marca de por vida. Yo sé que mi escritura parte de la infancia o de la memoria de la infancia. Y el problema de Lulu y Mati, y de su padre, es que son incapaces de hablar de aquello que sucedió. Su valentía, lo que desencadena la novela, es que acaban enfrentándose a esos fantasmas, a la maldad que flota en el aire como un efluvio tóxico. Pero nadie sale indemne de ese enfrentamiento: una parte de su inocencia se queda por el camino.

 

P.- Sendero de frío y amor… ¿Cómo la vida misma quizás?

Sí, el título es un verso de mi amigo y mentor Antonio Colinas, y ejemplifica muy bien la historia: el sendero por el que Alma, la madre, desapareció. El sendero por el que sus hijas se adentran para ir a buscarla y que ya no tiene vuelta atrás. La novela trata del amor, como Lulu dice: “El amor por el que matas, por el que mueres”. El amor fraternal, el amor melancólico de un padre por su esposa desaparecida, y el amor obsesivo de un hombre oscuro por una mujer salvaje.

 

P.- ¿Cuánto de Marta del Riego hay en Lulu, y cuánto en Mati? ¿A cual de las dos hermanas se siente más cercana?

No sé con cuál me identifico más, o si lo hago con alguna, a veces puedo ser tan insoportable y obsesiva como Mati. Pero me gustaría ser tan libre y tan espontánea como Lulu. Después de leerla mi padre me dijo: “Pero tú eres las dos”. Ja, ja, supongo que he tomado rasgos que hay en mí llevándolos al extremo.

 

P.- Dos hermanas, dos puntos de vista diferentes que se alternan en cada capítulo. ¿Te resultó difícil mantener el equilibrio narrativo en una novela estructurada de esta manera?

Me gusta el juego de la duplicidad. Dos niñas que nacieron al mismo tiempo y, sin embargo, la reacción ante un hecho que les sucede a las dos, la pérdida de la madre, es muy distinta. Parten de lo mismo, pero evolucionan de forma diferente. Quería explorar ese camino. Pero me costó mucho escribirla y hubo momentos en los que pensé que era demasiado ambiciosa: ¡contar la novela desde el punto de vista de dos hermanas tan distintas! Al principio las voces de ambas se parecían. Tuve que trabajar duramente las diferencias, tanto las físicas como las de carácter.

 

portada-senderoP.- Ambiente frío y brumoso de un pueblo leonés que vive entre la modernidad y el ambiente rural más arcaico. ¿Por qué escogiste ese escenario para el desarrollo de la trama?

Primero porque lo conozco bien, yo nací allí. Y luego porque esa esquina del noroeste me parece muy literaria. Por el paisaje, que es un personaje más: esas montañas como la promesa de algo mágico, esos bosques umbríos. Los ríos, por ejemplo, son una metáfora del misterio y de cómo la naturaleza es inmutable a pesar de los cambios y catástrofes que le sucedan a los hombres. Cómo se enfrentan las dos hermanas al paisaje es interesante: a Lulu le encanta el campo, pero no lo entiende. A Mati le gusta de un forma racional, quiere saber más de la naturaleza, de cómo funciona.

Y luego, el contraste entre las tradiciones rurales, la vida cíclica del campo, y la irrupción de la modernidad, o de la premodernidad. Jóvenes agricultores que de pronto tienen dinero, con tractores y coches flamantes, que salen de marcha, experimentan con drogas y al día siguiente van a misa y a entresacar remolacha. Yo crecí entre los dos mundos. Mi casa estaba, y está, llena de libros, hay libros hasta en el baño. Mi padre era abogado y funcionario, además, tenía tierras y una granja de ovejas. Los domingos por la noche, mi madre nos hacía dejar la ropa en un montoncito y echarnos de cabeza a la bañera para quitarnos las pulgas de la majada. Y esa mañana, probablemente, habíamos tenido que practicar las sonatinas de Mozart o las fugas de Bach en el piano del vestíbulo.  

 

P.- Entre algunos personajes los diálogos son muy peculiares, y típicos de la zona. Parece como si se oyese hablar a los lugareños. ¿Para hacerlos más auténticos quizás?

Esto no es una novela costumbrista, sin embargo, es una novela que transcurre en un lugar concreto y creo que eso se tiene que notar. Me gustaba la idea de utilizar esa forma de hablar que tenemos allí, con la boca medio cerrada y una musicalidad especial al final de las frases. Yo escribo mucho de oído, quizá tenga que ver con que fui a clases de piano diez años, y con que soy una lectora empedernida de poesía. Quiero que la escritura tenga un ritmo, un ritmo, en este caso, repetitivo, hipnótico. Por eso también utilicé letras de canciones del folclore leonés, que se adaptaban muy bien a ese ritmo.

 

P.- Del chick lit de tu anterior novela al drama profundamente psicológico. ¿No te parece un salto cualitativo bastante arriesgado?

Ja, ja, sí. En realidad mi primera novela fue un tanteo, un master en cómo escribir una novela. Sendero… es de verdad mi novela, la novela que siempre quise escribir, que me salió de las tripas. Tiene mucho que ver conmigo porque creo que refleja muy bien el ambiente en que crecí, aunque no sea para nada autobiográfica. Además, me interesa indagar en los personajes, en sus sentimientos, en su inconsciente. No me vale con narrar unos hechos más o menos trepidantes, ¿por qué mis personajes actúan como actúan?

 

P.- ¿Tienes ya nuevos proyectos literarios entre manos de los que nos puedas hablar?

Estoy escribiendo desde hace un año una novela que transcurre en Berlín, alrededor de la Nochevieja del año 2000, un momento muy loco y muy emocionante en Alemania, justo después de la reunificación cuando Berlín volvió a ser la capital del país. Es una historia de amor fou entre una española y un judío ruso mafioso. Nada que ver con Sendero… necesitaba salir de ahí y cambiar de escenarios.

 

Sendero de frío y amor.  Marta del Riego Anta.  Editorial Suma de Letras, 2013.  300 páginas.

 

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