61 Festival de San Sebastián: Palmarés

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Por David Garrido Bazán

 

SAN SEBASTIÁN 2013 – J09 – PALMARÉS

 

El Jurado ha tomado una decisión peliaguda. Corren rumores que los miembros del Jurado han acabado por tirarse de los pelos. Probablemente el Palmarés no ha sido una elección demasiado Madur-ada. Parece que en la cuestión de la Concha de Oro la ocasión la pintan calva. Todd Haynes no tiene ni un pelo de tonto… Todas estos chistes fáciles y juegos de palabras circulaban ayer tarde alegremente por las redes sociales según se iba teniendo constancia de la filtración que anticipaba lo que luego se confirmó en la Gala de Clausura: la Concha de Oro a la Mejor Película de la 61 Edición del Festival Internacional de San Sebastián iba a parar a la venezolana Pelo Malo de Mariana Rondón, una simpática y sencilla propuesta que denunciaba de forma bastante inteligente la homofobia y otra serie de problemas que acucian a la sociedad de aquel país a través de la historia de una madre soltera, superviviente nata, que se esforzaba por sacar adelante a su familia mientras su hijo peleaba con fruición por alisar su encrespada y rebelde pelambrera.

IMG_5188La decisión en lo que al premio más importante del Palmarés se refiere, aquel por el que se recuerdan los Jurados, no deja de ser un desatino, por más que Todd Haynes, presidente del mismo y responsable último del fallo, insistiera en que dicha decisión había sido unánime. Por más que Pelo Malo sea una de esas películas correctas y bien interpretadas con la dosis justa de denuncia social sobre la que costaría encontrar alguien que hablara mal de ella, había en mi opinión al menos tres títulos en competición que reunían mayores méritos que la venezolana. Y no consolaba demasiado el hecho de que dichos méritos se vieran reconocidos en otras categorías del Palmarés. San Sebastián vuelve una vez más a las viejas costumbres, el espejismo de los premios del año pasado a En La Casa y Blancanieves, las dos mejores películas vistas, fue flor de una edición. Con el paso de los años, esta 61 edición será recordada como aquella vez que ganó la película venezolana del niño de los pelos en lugar de (inserte aquí el título que más le plazca) Y seguiremos haciendo chascarrillos con los Jurados de San Sebastián y su innata tendencia a obviar los títulos de mayor consenso a favor de otros a priori menos relevantes ¿Hace falta recordar una vez más que Vértigo concursó aquí y Hitchcock se fue de vacío? Pues eso… Consuela pensar, eso sí, que al menos esta Concha de Oro sirve para colocar en el escaparate un cine pequeño pero digno que de otro modo difícilmente llegaría a las pantallas comerciales. Y esa también es la función de un Festival de Cine.

IMG_5179La verdad es que tampoco este año hemos contado con uno de esos títulos incontestables que justifican una edición con su sola presencia y si a eso le sumamos que el resto del Palmarés resultó un ejercicio de cierta coherencia, uno puede obviar el elefante en la habitación y seguir tranquilamente. La Herida de Fernando Franco fue la otra gran vencedora de la noche. La radical propuesta española que consistía en meter al espectador por completo en la piel de una enferma mental que no es del todo consciente de su condición trincó el Premio Especial del Jurado y el único galardón que nadie en su sano juicio podría discutir, el de Mejor Actriz para el impresionante y estremecedor trabajo de su protagonista, una Marián Álvarez que ya vio reconocido su talento en la misma categoría en Locarno hace unos años con aquella joya que poca gente conoce llamada Lo Mejor de Mí y que ayer salió por la puerta grande directa hacia el Goya recorriendo el mismo camino que siguieron María León por La Voz Dormida o Macarena García por Blancanieves. Una actriz de apariencia engañosamente frágil que sostiene casi por completo sobre sus hombros la dura propuesta de La Herida sin pestañear por largo que sea el plano secuencia o cerca que esté la cámara de su intensa mirada. Una actriz poderosa que ayer se llevó, con toda justicia, la mayor ovación del público y de la prensa acreditada.

Jim Broadbent tendrá que hacer un hueco entre su Oscar, su Bafta y su Globo de Oro para la Concha de Plata al Mejor Actor que ayer le concedió el Jurado por su papel en Le Weekend, esa historia otoñal de un matrimonio de largo recorrido que busca reverdecer unos laureles que a esas alturas de la vida suelen estar inevitablemente marchitos regresando al Paris donde vivieron su luna de miel. La película de Roger Mitchell puede ser discutible por el empeño de Hanif Kureishi en trufar en todo momento de la línea de diálogo justa y brillante el guión de una historia previsible aunque provista de cierta retranca. El trabajo de Jim Broadbent no. Está soberbio como ese hombre enamorado de su mujer que lucha con todas sus fuerzas para no perderla definitivamente. No se puede hablar de premio injusto, aunque este cronista habría preferido que el Jurado reconociera el estupendo trabajo de Antonio de la Torre en Caníbal. Pero no deja de ser cierto que es más que probable que el malagueño tendrá en su carrera otras oportunidades más adelante.

IMG_5153Club Sandwich era junto con La Herida la otra película arriesgada de esta edición y sin duda una de las más interesantes. Había que tenerle cierta paciencia a esta historia vacacional de madre e hijo adolescente en un complejo fuera de temporada porque su comienzo podía desmotivar a cualquiera. Pero la inteligencia de Fernando Eimbcke llevaba la historia a una gran altura cuando sin cambiar un ápice el estilo narrativo que hasta entonces nos podría parecer aburrido y mortecino, provocaba con sus gags visuales de uso inteligente del off, encuadres ajustados y timing perfecto tanto las carcajadas como la emoción más sincera al observar hacia donde evolucionaba la historia. El premio a la Mejor Dirección se me antoja una buena decisión, coherente y lúcida.

La pedrea quedó repartida entre las otras dos películas notables que quedaban por nombrar. La tan irresistible como corrosiva sátira política de Bertrand Tavernier en Quay D’Orsay que ponía a los pies de los caballos la estupidez supina de los políticos que nos gobiernan, sea aquí o en Francia, se llevó un premio quizás corto para sus méritos pero que era el que mejor le cuadraba, el de ese guion afilado y muy divertido basado en las propias experiencias de un atribulado asesor de discursos al que todos mangonean. Y queda Caníbal, la película de Manuel Martín Cuenca que sigue siendo la preferida de quien escribe estas líneas, una historia de amor diferente, original y llevada de forma magnífica en la que un sastre con tendencia a devorar mujeres veía como su mundo cambiaba por completo cuando el amor llamaba a su puerta. La que quizás sea la película más importante que va a dar el cine español este año solo entró en el palmarés de la mano de la esplendida fotografía de Pau Esteve, que ha sabido sacar un inmenso partido tanto de la Granada en la que transcurre como de la atmósfera insalubre de los intrincados recovecos por los que se mueve este peculiar encuentro entre el amor y la muerte. Merecía mejor suerte. Pero ya se sabe y no importa repetirlo: los designios de los Jurados, como los de Dios, a menudo son inescrutables. Aunque si exceptuamos – que ya es exceptuar – la incomprensible y excesiva decisión del premio gordo a Pelo Malo, tampoco es que este año hayan lo hayan sido demasiado.

Finalizo con una reflexión: San Sebastián ha de hacer una reflexión. No es de recibo que en la Sección Oficial a concurso nos hayamos encontrado con algunas de las propuestas elegidas por José Luis Rebordinos y su equipo, decisiones incomprensibles basadas en no se sabe muy bien qué criterios. Lo peor que puede hacer un festival clase A como éste es suscitar legítimas dudas sobre su capacidad para promocionar nuevos talentos y ensanchar un poco más las fronteras del cine actual. Y menos cuando festivales como Locarno, Rotterdam o Karlovy Vary demuestran un mayor sentido del riesgo y un mejor ojo clínico que un Festival que por categoría y presupuesto debería albergar películas si no mejores al menos que no nos hagan preguntarnos qué demonios pintan en San Sebastián. La complacencia es el peor de los vicios en los que puede caer un festival consolidado. Ojalá tomen buena nota de lo criticado este año y el año que viene estemos hablando de nuevo de un gran festival. Este año no lo ha sido. Y no creo que sea atribuible solo a una mala cosecha.EntregaPremios

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