“Larva” y “Cerca”, de Pilar Fraile

Categoría: Críticas,Poesía |

 

larvaLARVA seguido de CERCA

Pilar Fraile

Amargord Ediciones, 2013

 

Por Mónica Francés

 

Para reseñar el libro de Pilar Fraile Amador Larva seguido de Cerca, publicado por la editorial madrileña Amargord, hagamos como que os cuento algo de mi lectura.

Me apetece, además, mantener aquí esta relación azarosa del primer encuentro con la creación, la obra de Pilar Fraile porque entiendo es la forma más habitual de recepción que tenemos respecto a la obra de cada quién; en la medida en la que el primer acercamiento es siempre puntual, azaroso; sin saber muy bien o apenas qué del autor, la trayectoria, el corpus que hay previo, detrás, ya sea de la canción, el libro, cuadro, foto, la partitura escénica o la película a través de la cual accedemos, nos allanamos por primera vez a la demanda de atención y sentido singular de cada creador.

Evidentemente, Pilar Fraile Amador ha hecho otras muchas cosas antes y a parte de publicar este libro, como por ejemplo, publicar otros libros de poesía: El límite de la ceniza; La pecera subterránea (Amargord) y las plaquettes: La disección de los insectos (Ed. Delirio) y Antídoto.

Lo primero que llama la atención y que se da a leer desde aquello que comúnmente llamamos las “pastas” del libro es que está barrado, estructuralmente partido, escindido. No se trata de todo del uno que responde por un nombre a su vez formado por dos. No, es la mera estructura binaria del Uno seguido del Otro, se titula: Larva seguido de Cerca.

De mis 2, 3, 4 lecturas –pases atentos al libro– hasta llegar hoy aquí, hay algo que permanece con la misma intensidad y que asomó ya desde las primerísimas páginas en la primera lectura. Una suerte de alumbramiento, de sacudida, de andar tocada por el discurso y que me llevó a compartir con los colegas en el ventanuco del facebook tal que así:

Me desayuno leyendo a Pilar Fraile, la primera parte de su libro “Larva” del tirón. No podía parar aún sabiendo que había, que habré de volver atrás, empezar de nuevo. No se cierra en una primera lectura, ni mucho menos. Y eso es tan provocativo… ¿De qué va “Larva”?, preguntaréis…Como si se tratara de la-una-sola-respuesta (diría Eliot; formulada, clavada bajo un alfiler).

Si Althusser decía que el texto es tanto lo que dice como lo que calla, lo que no dice. En esta estructura binaria –a mi modo de ver/leer– Pilar inventa un decir en el que (y esto se ha de haber trabajado muy a conciencia) no hay 2 lugares comunes del propio género (la bandeja, el soporte que se elige), la poesía. Atención: no hay, no existe, ni rastro, por un lado de la lógica amorosa –amado/amada–, pero es que tampoco asoma ni en uno ni en otro de los segmentos del libro (y esto es una de las claves que lo hacen extraordinariamente singular y provocativo) ni rastro –digo– de la lógica sexuada. En la voz poética no hay un él, no hay un ella. En Larva hay un yo genérico, neutro, valga decir “travestido” en la figura del neonato –que viene como en Beckett a merodear las instancias de lo innombrable– viene o en todo caso, esa experiencia pasa por detonar el yo. Un acto en el que como en Beckett, Pizarnik, Celan o Pilar Fraile, las palabras, nunca, jamás, abrigan. (Empezando por el mismísimo nombre propio. De hecho haciéndolo leña, añicos, arranca Larva). Pero es que entonces, uno llega a Cerca y se topa con la voz poética del nosotros, un plural genérico, –vestido en esta ocasión con el traje del infante, los niños– y que no vienen precisamente a decirnos un cuento, sino más bien algo del orden de la pesadilla, lo siniestro…En definitiva, algo del orden de la experiencia de angustia. (Ahí queda dicho algo –en mi lectura del binomio, ambos segmentos o extremos del libro– que apunta como la almendra poética de Dámaso Alonso a una posible respuesta a aquella pregunta ¿de qué va? Respuesta o lectura que he de decir está atravesada en esta ocasión por un texto previo El caballo del pensamiento, de Miquel Bassols, que la iluminó de forma literal.)

Lo preciso y precioso de esta voz/voces –asexuadas, genéricas– que se orquestan en ambos segmentos es que terminan siempre por merodear, serpentear un decir, un hablar que ronda una sola instancia: la del orden…(atención)…de lo común.

¿Lo que hay? En mi lectura aparece con insistencia la idea de que tanto en Larva como en Cerca, ya sea desde la voz íntima, absolutamente singular del uno por uno, el yo de la primera parte, que atañería a Larva, o bien, ya sea desde ese nosotros genérico (propio también del sujeto de la Historia, de la comunidad, la política o el lazo social) que en sentido amplio es Cerca, la segunda parte; bien, pues precisamente lo que hay (a mi modo de leer) es el hueco común a los dos extremos o segmentos de ese puente levadizo, esas dos mitades: La Cosa (con mayúscula) del ser (en minúscula). Recordemos que el yo, je, I, está siempre “vendido” al Otro [Me venderé por ti y tú no podrás saberlo], se instaura, nace siempre al/en Otro. Es el Yo es otro. Ya sea el otro del lenguaje, pero, también y fundamentalmente, el deseo del Otro –bien sea la velocidad del padre y de la madre o el otro social–

Lo intentaba explicar en términos más panchos a un amigo hace unos días. Le decía: es bien interesante el libro, tiene lo extraordinario de las buenas películas de ciencia ficción. Redobla la ficción –en poesía diríamos dar un giro de tuerca más, un crescendo del nivel simbólico, como hay en Cerca brutal– con el fin de alcanzar un decir que roza, cerca, atañe a lo que llamamos para entendernos “el hombre normal y corriente”.

Lo fascinante es la determinación, el poderío simbólico y narrativo que despliega Pilar Fraile para intentar cernir lo que en términos psicoanalíticos Lacan llama el objeto a, el objeto causa de la experiencia de angustia. Como si viniera a  decirnos, junto a esa tradición ética de la dignidad de la angustia –de Heidegger, Kierkegaard o Lacan–, que la angustia es fundacional en su dualidad [se presenta tanto del lado del cuerpo como del lado del pensamiento]. Ya sea, por ejemplo, del lado del cuerpo, con toda su corte de síntomas y que en el texto/s se correspondería con un torrente continuo de imágenes orgánicas, que llaman, que tienen lugar en el cuerpo [¿Cuántas veces llenará mi cuerpo la pregunta?/ No tengo corazón, solo lengua/ Abatida mi sangre escucho su zumbido. //// Vomitamos rosas en el borde de la mesa donde se juntan las manos/ Luego miramos nuestros brazos y los vemos colgando como hechos de ceniza]; o bien (la angustia) del lado del pensamiento, resistiéndose a la palabra, regida por una suerte de “No saber”, dice Lacan la angustia es un pescado que se escapa a la red de los significantes (o en palabras de Heidegger “La angustia no sabe de qué se angustia”) y que en el texto –la angustia del lado del pensamiento– se puede rastrear también. Por ejemplo, en el brote continuo de la palabra “algo” [algo rojo también en sus miradas. algo que gotea y duele], también el verbo “parecer” [Y parece que no vaya a parar nunca/ También las risas chocan y parece que vayan a romperse], o la lógica más o menos literal del “no saber” [Sin saber qué hacer con la víscera de animal que las mujeres nos ponen entre las manos/ Sus ojos oblicuos tienen de nuevo ese mensaje que no sabemos descifrar]. Pero también, del lado del pensamiento, encontramos dos metáforas animales, dos figuras de la angustia a las que recurre para explicarla Lacan, y que no faltan, están en el texto: el pez y el caballo (la angustia como pez que se escapa a la red de los significantes, la palabra; la angustia como “caballo del pensamiento” la forma poética con la que Lacan se refería a su dualidad cuerpo/pensamiento). Dos metáforas, figuras que se pueden rastrear en el libro y que de hecho Pilar sirve juntas en un solo verso espectacular [de noche vuelven a perseguirnos. (¿quién, qué? se pregunta el lector, y responde) peces amarillos que corren como caballos]….Pareciera como si viniera a decirnos que la angustia es algo anideico, estructural, común, una marca de la subjetividad de nuestro tiempo en rabioso presente. Que la cuestión del Ser es La Cosa, el Alien, lo más oscuro del deseo, sin lugar a dudas, siniestro, lo inefable, lo indecible, lo más desconocido que asoma sin embargo cerca, en lo más íntimo, familiar, conocido, lo más cercano. Inscribiéndose Larva seguido de Cerca en esa larga tradición de las producciones artísticas, literarias o fílmicas de lo siniestro en todas sus variantes: Gamoneda, Hoffmann, Magritt, Blade Runner, Solaris, Alien…

Se puede hablar mucho, mucho más de un libro plagado de matices y con el don de lo más hermoso, alcanzar a tocarnos, a dejarnos tocados por el discurso, y esto adviene, es, fundamentalmente el modo en el que lo dice.

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