La escoba con minifalda, Víctor Niño.

Categoría: Creación,Cuento creación,Noveles |

La escoba con minifalda

Por Víctor Niño

Me había descubierto sin amigas; amigas en el término propio de la palabra. Creo que de ellas, de las que no se le pasaría por la cabeza enamorarse. ¿Por qué? ¡Simplemente porque no resistía tener una mujer frente a mí, sin que pensara como pensaba Rafael Humberto, alma bendita, que de la sala a la cama hay pocos pasos…!
¿Me habré privado de sentimientos de ternura al no haber tenido una mujer como amiga ( ya culminado mi medio siglo de vida) así como se tiene un amigo para ir a hacerle barra a un equipo de futbol? Con ella se iría simplemente a un supermercado, a ver una película, a charlar de nimiedades; no creo que a nadar en una pileta o a un bar lleno de borrachos.
La reciente posibilidad que tuve de tener una amiga ( ¡Me olvidaba de mi mujer!… ¿hubiera permitido ella, que yo tuviera una santa amiga, por lo del afamado dicho de las amigovias?) se fue al traste pues tuve el atrevimiento de pedirlo:
-Me dijo Veto- Veto, te ha dicho tres veces que no; no insistas, sólo quiere una buena amistad ¡ Tú sabes que Lua es una casada fiel…!
Luego le dije a Veto…
– Yo insisto pues no se me da nada; se lo he dicho como se lo había dicho a tres mujeres el mes pasado. No veo el porqué no debo decírselo una vez más. Macario lloró porque era la primera vez que lo pedía y no resistió el rechazo…
¿ Veto, ya le has dicho a ella, la que está allá… ¡ ehhh…!?
¡Había señalado una escoba con su dedo meñique!
Pues a ella no la conozco personalmente, la saqué de internet, ahora me telefonea en llamada por cobrar, pero ella paga el tiempo que duramos charlando, hasta que se acuerda que tiene que preparar el almuerzo (sólo atiende sus cosas personales en las mañanas y tiene celular exclusivo para esa jornada… ¡Es madre de una linda chica!
Creo que no soy el primero a quién ella telefonea. Un hombre que la llamaba de otra ciudad, tenía el atrevimiento de timbrarle en su Skype a horas pico cuando su esposo almorzaba en casa; parece ser que lo despachó… Otro, un psicólogo que la estuvo analizando a petición de ella, duró un tiempo comunicándose y luego disque ni un mensaje, y borró todo rastro de él. Como si fuera poco, un tipo que frecuenta su casa y se queda a cenar… A él no sé si lo levantó por internet, pero ella delante de su familia hace que telefonee a su esposa y le enfatice que está cenado en casa de unos amigos… !Eso no me queda claro! A uno lo echa y otro la echa a ella.
Por alguna razón pensé que los otros hombres, incluyendo el psicólogo, se cansaron de que ella no saliera con nada. Yo mismo estoy cansado; yo me hacía el desentendido ante sus negativas y ella hacía como si yo fuera únicamente su amigo. Me fui cansando de que solamente me participara de sus temores abstractos, que los hacía pasar como un misterio en su personalidad. Apenas voy entendiendo alguna insinuación… ¡Corto! -Me había dicho enfáticamente ella-
Yo, apenas estoy comprendiendo; parece que se dio cuenta de mi debilidad y de mi pesar por no haber comprendido como es tener simplemente una amiga, y como leyéndome alguna vez me dijo Lua
-Comprendo, que en esa época en la escuela a los niños y a las niñas los apartaban-.
Esa apreciación suya me dolió, nunca he necesitado comprender a mis amantes, a mi amigovia, que he estado visitando físicamente hace mucho tiempo. Sólo una vez me ha llamado viejo amigo; en ese caso, pienso que lo dijo por la frecuencia en que nos vemos.

Llevábamos ya la mesa llena de botellas medianas y la música vallenato se alternaba con la ranchera y la guasca carrilera. Venía a servirnos a la mesa una joven chica…
¡Hummmm… Gesticulaba cuando Veto la miraba…!
!Siiiii… Es bella Lua! -Murmuraba entre dientes, yo…-
Como te puedes dar cuenta, me he sobrepasado enviándole fotografías mías en piscina; me ha regañado si… Sepa, que quise cortar… Hasta que me dijo que había tenido en su adolescencia un amigo que le acompañaba a todas partes como un hermanito menor o mejor, como un confidente al que se le facilitaba decirle lo que había hecho de malo ese día…Había llegado al matrimonio virgen; en mi ansiedad volví a embarrarla; le enfaticé que un segundo hombre en su vida sería dar una nueva virginidad; se lo dije sin pensar en nada. Esperaba que al fin me contara lo que la mantenía en expectativa y que había estado participando esa preocupación desde que nos contactamos por primera vez en internet… Cada vez la presionaba interrogándola, pero fue inútil, no quiso decirme lo que la ha mantenido en vilo.
Cansado, intenté superarla diciéndole que podría ser que ya había entrado a una edad en la que se divisa la cumbre y luego era fácil imaginar el descenso…
¡Para nada…! Me dijo. Yo creo que eso empieza, cumpliendo cinco años después de haber celebrado los segundos veinte años… Que era el caso de ella, por supuesto. Quise colgar el teléfono; no es posible que tan avanzado el siglo veintiuno uno insista tanto sin resultados…
¡ Bien hecho! –Respondió Veto- Porque no me digas que no ha habido alguna mujer en toda tu vida…Mejor dicho, tú sabrás hasta qué punto son para ti las mujeres… Luego con un tono de reconvención, Veto acotó – ¿No has intentado conversar, caminar por un parque, comer un helado, regalar una rosa? ¿No has intentado ver que necesitaba, conocer su familia, ayudar en algo?-
Me lo decía mientras la chica seguía llevando cerveza a la mesa y Veto también gesticulando un… Uhhhhh… Cuando volteaba y lo miraba…
Pensé que un pretexto para no haber hecho lo que me insinuó Veto, la sospecha de los celos de su esposo.

También pensé que no tenía porqué aguantar los reproches disimulados de Veto. En honor a mí, no tenía ni idea el porqué hablaba de ella, si tenía de tantas otras de quien ocuparme, y ahora pasaban días sin que me dignara a escribirle algo. A no ser por ver a su hija adolescente en su página, decidí que ella siguiera en la página de mi red social.
Veto ya cabeceaba y la cerveza lo tenía embobado. Yo empecé a hacerle confesiones…
Apuré un vaso entero de cerveza que pasó a través de mi garganta con furia, cuando me volvió a llamar con el apodo escoba…
¿Me dices así porque esa imagen te doy?
Veto… -Me dijo- Te digo así porque eres incapaz de sostener una amistad con una mujer sin que tenga que pasar nada…¿ No has tenido una mujer a la que mires como una hermana?
Reí, reí mucho… pues si Veto hubiera sabido que mi hermana… Y la única amiga que no adivinó mi manera de seducir, me tildó de…. Entonces Lua estaba ahí… ¡Flotando! ( A ese tipo de mujeres las llaman en la calle “calienta huevos”)
Ni se me ocurrió pensar en ella; tan normal, tan cotidiana, tan poco expresiva, tan avanzada en edad, que la pasaba coleccionando frases de cajón y publicándolas en su página social. Mujer es mujer, pues están ahí como al alcance, así no estén al alcance… – pensé.
Tú no pudiste acostarte con ella –reprochó Veto.
Eso me recordó lo que me dijo Lua alguna vez –No hay mujeres difíciles sino hombres incapaces… Empujando un poquito más el clavo.
Bueno mi hermanito, brindemos y luego nos charlamos a quien nos prodiga licor en abundancia, y en ese momento llegaba ella con otra cerveza y pensando en el tipo que sentado frente a un gran espejo parecía hablar consigo mismo mientras la música ensordecía la taberna y algunas mujeres, que sentadas en la barra, le dirigían una que otra mirada.

Víctor Niño (Colombia,1961)

Escritor, lingüista.
Blog.
http://alexanderx-carreterautilitaria.blogspot.com/
http://es.scribd.com/victornino

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