Magnífica versión de “El viaje a ninguna parte”

Por Horacio Otheguy Riveira

La divertida y conmovedora historia que escribiera Fernando Fernán Gómez se estrena en Madrid con estupendo reparto dirigido por Carol López.

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El agreste paisaje castellano manchego está todo el tiempo en escena, incluso cuando se suceden otros decorados, videos de cielos con nubes o lluvias, y un mundo de fantasía de una existencia perdida para siempre. Desde la nostalgia y la capacidad de dulce autoengaño del protagonista, el primer actor Carlos Galván, viajamos al corazón de esta “ninguna parte” que llevan los cómicos allí donde van: el frío, el hambre, el miedo, el ingenio de supervivencia, los lances sexuales para animar un poco la agonía de una vida que se escapa como agua entre los dedos…

Fernando Fernán Gómez escribió la novela, el serial radiofónico y el guión de la película que él mismo dirigió. Cuando le plantearon escribir la versión teatral ya estaba más que harto y retirado del teatro, aunque tenía bastantes obras por estrenar. Un hombre orquesta que para muchos era considerado un luchador, término que él detestaba:

 No soy para nada un luchador. Soy más bien un cobarde que ha hecho de todo por miedo a quedarme en la estacada y que nadie me volviera a llamar como actor, algo que he visto en muchos actores y autores más importantes que yo, así que me propuse hacer de todo, lo más posible, porque cuando algo me faltara podía tirar de otros recursos.

 Ignacio del Moral, autor de esta versión, es el único dramaturgo español fogueado en numerosos trabajos con diferentes compañeros de ruta y muy buenos resultados (por ejemplo, y por mencionar dos estilos opuestos, el divertidísimo homenaje a Miguel Mihura, Las visitas deberían estar prohibidas en el código penal, junto a Ernesto Caballero; y Presas, un valioso testimonio sobre las mujeres encarceladas del franquismo, escrito en compañía de Verónica Fernández). Para la versión teatral de este Viaje a ninguna parte se enfrentó a solas con la novela —y quizás la película— originales de FFG, y logró algo dificilísimo: una creación personal, que al mismo tiempo se permite homenajear al maestro tan admirado por todos, fallecido en 2007 con 86 años.

 El recorrido de una modestísima compañía errante por los pueblos de Castilla-La Mancha tiene tan entidad en personajes-actores-música y dirección que permite una segunda lectura, evitando el recuerdo pertinaz de las obras originales. Y mucho tiene que ver con ello el arte de su directora, Carol López, con más trayectoria en Barcelona, pero que aquí ofreció recientemente dos obras muy logradas como autora y responsable de la puesta en escena: El año que viene será mejor y Hermanas. Una mujer de teatro que cuanto mueve por el escenario respira con el ritmo de los actores, el texto fluye con la musicalidad que merece y todos los aditamentos de su equipo concentran energías con delicada precisión.

Esta vez, Luis Miguel Cobo compuso una partitura que rinde homenaje al Nino Rota del Fellini de Ocho y medio: mezcla de teatro en el cine y de cómicos desgraciados que buscan su redención, pero a la vez tiene raíces nuestras, buenos brotes españoles y hasta un espléndido número musical con la picaresca maravillosa del cuplé.

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De izquierda a derecha: Olivia Molina, Amparo Fernández y Camila Viyuela.

 

La escenografía de Max Glaenzel es áspera, con su constante permanencia del árido paisaje, pero sin embargo se entiende muy bien con la iluminación de Gómez Cornejo y las películas proyectadas por Álvaro Luna, hasta crear entre todos una rara armonía de desolación cotidiana y el buen humor imprescindible para no dejarse vencer.

La obra abre y cierra con la memoria de un anciano actor, el recuerdo es comedia y es doloroso drama, pero sobre todo, esta compañía de actores tan alejados de aquellos demonios —en una inmejorable labor de equipo— ha logrado un tierno enlace, un emotivo encuentro con el pasado de su oficio… de cuando el cine empezaba a castigar las posibilidades de que la gente de teatro encontrara público…

 El declive de los cómicos se refleja aquí con la emoción de tantos otros declives con el correr de los tiempos frente a la voracidad del sistema de consumo, de la sociedad “que hoy te ríe las gracias y mañana si te he visto no me acuerdo”.

Y todo con la elegancia impuesta por Carol López que abre la función con una emoción escénica muy parecida a un ceremonial, y la cierra con un ritual diferente. No es un círculo, es ruptura y es también fantasía y ensueño redentor, dejándonos con un hermoso telón en lenta caída y la amorosa voz de María Dolores Pradera y su versión de Caminemos, de Los Panchos.

 … No, no concibo que todo acabó, que este sueño de amor terminó

Que la vida nos separó sin querer.

Caminemos, tal vez nos veremos, después…

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Antonio Gil y Olivia Molina: conflictos de pareja que combinan mal con la pobreza.

El viaje a ninguna parte

Autor: Fernando Fernán Gómez

Versión teatral: Ignacio del Moral

Dirección: Carol López

Intérpretes: Amparo Fernández, Antonio Gil, Andrés Herrera, Olivia Molina, José Ángel Navarro, Tamar Novas, Miguel Rellán, Camila Viyuela

Escenografía: Max Glaenzel

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Vestuario: Myriam Ibáñez

Música: Luis Miguel Cobo

Videoescena: Álvaro Luna

Fotos: David Ruano

Lugar: Teatro Valle Inclán

Fechas: Del 14 de febrero al 6 de abril.

Los lunes con voz: Proyección de la película El viaje a ninguna parte, escrita y dirigida por Fernando Fernán Gómez. Presenta el crítico de cine Diego Galán. Teatro Valle Inclán. Lunes 24 de febrero a las 20 horas. Entrada libre, hasta completar afoto. Colabora: Filmoteca Española.

Encuentro con el público: Con la presencia del equipo artístico de la obra. Teatro Valle Inclán. Viernes 28 de febrero, al finalizar la representación. Entrada libre, hasta completar aforo.

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