Entrevista M. Noguera: «Todo el rato estoy buscando una especie de refugio mental»

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IMG_7954«Todo el rato estoy buscando una especie de refugio mental»

Miguel Noguera

 

Por Germán Rodríguez Páez

Miguel Noguera (Las Palmas de Gran Canaria, 1979) es humorista y dibujante, aunque prefiere identificarse como mero observador que anota lo que lo cotidiano le brinda. Es autor de cuatro libros de ilustraciones comentadas cercanas al surrealismo (véase Mejor que Vivir, Ed. Blackie Books, 2013) y lleva varios años de sala en sala con su Ultrashow, un espectáculo a caballo entre el monólogo y la performance que no deja indiferente a nadie. En 2010, fue incluido por la publicación Creamier en una selección de 100 artistas emergentes elaborada por comisarios de museos internacionales. Sus ideas tienen la calidad onírica del sueño y la precisión milimétrica de lo real. Son mundos absurdos donde impera una lógica propia e hilarante. Noguera es dueño y señor de un universo propio, demiurgo socarrón y posmoderno que disfruta señalando las fallas de lo cotidiano, allí donde la realidad “hace aguas”. Conversamos con él en la cafetería del teatro Marquina, horas antes de una actuación. Trenes de bomberos, bares que te atropellan, religiosos que aprovechan para rezar en el secamanos, supermanes con anorak, Cristos mal crucificados…, todo cabe en el universo Noguera. Pasen y vean.

P. En primer lugar, podrías explicar un poco para quien no lo sepa, ¿qué es el Ultrashow?

R. Bueno, el Ultrashow es un espectáculo en el que estoy yo solo, en escena, con la ayuda de unos papeles donde tengo apuntado a modo de programa o escaleta lo que quiero desarrollar. Estoy una hora y pico y nada, voy soltando fragmentos, imágenes, ocurrencias que he ido anotando en mí día a día. Hay cierta comicidad inherente a la forma en que explico las cosas aunque las cosas en sí no son gags, no están pensadas con la vocación de hacer reír, pero en la forma en que yo las presento sí que tiene algo bufonesco y teatralizado. Y en sí el contenido, como es tan espurio, un poco ridículo, lleva un poco a lo cómico pero no es un espectáculo de humor en sí, más bien viene a ser una especie de discurso de fragmentos privados. Y también hay imágenes a veces en Powerpoint.

P. De alguna manera, el meollo de tu propuesta consiste en recrearse en lo obvio, en detallar lo evidente, en darle más importancia a la forma, al trayecto, que al propio fin. ¿Podría decirse que es “humor descriptivo”?

R. Hombre, claramente, en lo que yo explico disfruto mucho, al menos tengo muy claro lo que voy a decir, cosa que normalmente en la vida, con respecto a cualquier tema, no tengo nada claro. Es de los pocos momentos en que, precisamente porque yo he puesto las reglas del juego, manejo contenidos que para mí son como esculturas que puedo transitar de forma segura y confiada. Entonces, sí que hay algo de descripción o incluso de chiste, es como explicar un chiste; puede parecerse a cuando alguien hace un chiste y lo explica, aunque en muchas ocasiones es más la apariencia de chiste o la estructura de chiste pero no son chistes. Hay ahí una paradoja, algo chocante, que se acerca más a la imagen poética y es más la forma en la que yo lo explico lo que hace lo recordar al humor.

P. He leído que, ya finalizando COU, te dejaste Física como una especie de rebelión personal contra un camino vital que no querías tomar…

R. Hostia [risas], ¿cómo lo sabes? Bueno, era más rebelión contra la Física, la asignatura de Física, no era tanto una rebelión contra… no, no porque yo aprobé COU, no repetí COU, y aprobé la selectividad. Bueno, termina la pregunta.

P. Irónicamente, la fisicidad de los cuerpos ha acabado siendo algo muy importante en lo que haces, ¿no?

R. Ahhh [risas], vaya jugada. Ya, bueno, pero hay que distinguir entre el materialismo este, estos ejemplos tan literales con objetos y caídas, y la asignatura de Física, que en el fondo es todo lo opuesto, tiene algo muy abstracto, ¿no? En C.O.U., con Física fue la primera vez que en un ámbito escolar decidí conscientemente no hacer algo, no intentar algo, simplemente abortarlo desde las primeras clases. Y creo que hice bien [risas], porque al final aunque saqué un dos en selectividad y había suspendido Física los profesores me auparon rollo «bueno, el resto lo ha hecho bien, solo por una asignatura te dejaremos pasar…». Jugué muy bien esa carta y me sorprende aún hoy. Y no tuve que sufrir la asignatura de Física pese a estar matriculado en ella. Una jugada muy impropia de mí, ¿eh?, muy impropio porque al final mira que lo intento, sufro y luego al final resulta que, bueno, que hay que distinguir.

P. Yo iba más un poco a si podías explicar esto del materialismo es lo que tú llamas Mundo Violencia, ¿no?

R. El Mundo Violencia en sí es más una especie de fantasía adolescente entre bélica y de ciencia ficción, muy poco específica, en realidad es como esa pulsión que yo conservo desde la infancia de dibujar guerreros, situaciones de combate, etc., viene de ahí. Eso lo noto presente en mí y con mucha facilidad se manifiesta sobre todo con el dibujo. Aunque sea una idea que no tenga nada que ver, de repente aparece un poco la sombra del Mundo Violencia. Y eso se puede hacer extensivo a ideas que quizá no sean el Mundo Violencia de disparos, de muros y todo esto, sino ideas en las que hay implicado un objeto, en las que ocurre algo muy a nivel del objeto, de la forma, literal de « ¡ay!, es que esto está inclinado hacia otro lado, y por eso es imposible que esto ocurra». Me puedo agarrar a todo ese mundo, para mí es una certeza.

P. Es algo como muy primario ¿no?

R. Bueno, tiene algo táctil, no vive tanto del concepto. No es tanto una narración como una descripción de algo real, de algo físico. Entonces, quizá se escapa un poco de lo que se suele narrar habitualmente, que se suele extrapolar y llevar a un terreno un poco de la opinión, la metáfora. Y en mi caso, yo me siento mucho más cómodo hablando de objetos, de nociones físicas que todo el mundo puede reconocer o no.

P. Y al mismo tiempo, tu humor surge del contraste entre esas fuerzas vitales y un mundo dominado por lo religioso y espiritual, lo etéreo, lo apolíneo, en términos nietzscheanos, de cómo lo dionisíaco al final ridiculiza y echa a perder la solemnidad de lo apolíneo. ¿Estás de acuerdo?

R. Eh sí, bueno, hombre ya, hay ejemplos como muy claros cuando hay implicado algo sacro, algún personaje como un cura u ocurre algo como a nivel eclesiástico; entonces hay ideas que quizá tengan esta paradoja de «ay, mira, al final el cura llevaba el alzacuellos movido», y toda esa sacralidad se convierte en moda y una propuesta extraña…Sí, no sé, no sé si llevarlo al terreno de filosofar sobre eso y contraponer, es decir, no sé en mi caso lo dionisíaco y lo apolíneo que sería, realmente. En ese sentido no me he parado a pensarlo, pero si te refieres por dionisíaco a esa especie de cuestión violenta o de choque, de rotura, de estallido, y por apolíneo a una cuestión muerta, geométrica, incluso metafórica.

P. Exacto.

R. Sí, hombre, a mí me gustan mucho las iglesias, me gusta mucho el arte sacro, toda esta cuestión de la Biblia, lo árida que es y lo poco que sacas de ella, pero a la vez lo fetichista que puede resultar una Biblia, todo este mundo de formalismo vacío: «El libro de la Biblia, que bonito es, voy a intentar leerlo…, vaya rollo, no tengo narices de sacar nada de aquí, pero a la vez sigo leyendo…». Hay algo malsano. Y hay algo, yo disfruto mucho cuando leo cosas sacras, cuando aparece algo físico, aunque sea a nivel de concepto, algún juego…

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P. Has dicho que tu paz es «sentir que hay poco por hacer y mucho tiempo por delante. Paladear lo poco que se es. Paladear la impotencia.» Que encuentras esa paz en los documentales de la 2, los programas de tarot, el pan… ¿Podrías explicar esto un poco?

R. Bueno ahí estaba poniendo ejemplos, un poco para generar un clima, no es que yo me trague todos los programas de tarot, aunque he de decir que a Sandro Rey sí que le he llegado a ver un rato largo, y tiene la virtud de ser entretenido, no es como otros programas de tarot…, hay algo que se va jugando ahí [risas]. Sí, yo es que siempre tengo esta cuestión del aquí y ahora, del vacío. Yo puedo hablarte de esto porque me han preguntado varias veces y he tenido que formularlo, pero si tú me preguntas por otra cuestión no sabría qué decirte, me quedo como en blanco, y si tengo que acordarme de lo que he leído no me acuerdo, no se describir lo que he leído. Entonces hay algo como de agarrarme a algo inmediato, algo que tanto mi interlocutor como yo hayamos vivido en ese instante y que carezca de links con un mundo de referencias culturales, de ahí viene también ese materialismo. Para mí ese punto de paz es como: «¡hey, tranquilo!, total, por mucho que leas está demostrado que luego lo olvidas, así que no hace falta que leas. Puedes leer pero no te preocupes por tu ignorancia, porque está demostrado que tu lectura es desordenada y luego cae en el olvido. Y por mucho que quieras hacer ya lo has hecho todo, no vas a avanzar mucho, así que tranquilo…» Una cuestión de ermitaño que hace sus cosas con mucha calma y se queda como absorto. Todo esto a mí me da paz, en cambio todo lo que es el movimiento, el cambio, el aprendizaje, la novedad, la incertidumbre…, me saca de mi paz.

P. Tus ideas son muchas veces conceptos visuales que hay que “ver” en conjunto, tal como haría un arquitecto, antes que una secuencia de elementos (introducción, nudo, desenlace) que haya que “comprender” racionalmente.

R. Sí, sí, yo diría que la mayor parte de cosas que yo explico, o que conforman las anotaciones, necesitan verse. Sí que necesitan de una explicación, pero si tuviera que explicar eso sólo con palabras sería muy farragoso, en cambio con un dibujo se entiende perfectamente. Y eso es muy habitual, supongo que viene de que yo desde pequeño dibujaba y tengo esa especie de pulsión de dibujar, no tanto de escribir. Y hay esa forma de ver el mundo como forma que tienes que asir, ya sea mediante el dibujo…, sobretodo mediante el dibujo. Sí, eso me viene de Bellas Artes.

P. ¿Te consideras más narrador o dibujante?

R. Es que tampoco soy dibujante, no dibujo por dibujar, por ejemplo no tengo el hábito de ponerme a dibujar para pasar el rato, lo perdí hace un montón de años. Cuando era pequeño sí que dibujaba guerreros y cosas así como de comic, pero ahora necesito una excusa. En el fondo, si tengo algo más es de persona que anota y que necesita llevar al papel el caos que tiene en ese momento en la cabeza, o dice: «¡ah! quiero guardar esto, registrarlo». Tengo más de eso, de coleccionar mediante anotaciones que a veces llevan un dibujito rápido –ésa es mi operación básica–, que de dibujante.

P. En tus dibujos aplicas casi la misma meticulosidad y precisión que Leonardo Da Vinci aplicaba a sus famosos bocetos y estudios anatómicos. Pero mientras él la aplicaba con un espíritu luminoso, de progreso, de afán de conocimiento, tú te empleas en destruir, ridiculizar, reivindicar la fatalidad y el absurdo subyacente en todo. ¿Te ves como un pequeño Da Vinci oscuro y subversivo?

R. Ya, estableces una diferencia pero a la vez una similitud. No, a mí lo que me gusta esos dibujos de Da Vinci, quizá sea lo poco rigurosos que son sabiendo lo que vino después. Es decir, que hay un espacio para lo artístico y la pura decoración, que los hace tan bonitos y a la vez es como una elucubración a través del dibujo mismo; cosa que ya luego no, luego era una cuestión puramente descriptiva y medida. Y esto es curioso. Pero bueno, sobre esto que dices de «¡ah!, es como un rollo enciclopédico pero a la vez está pervertido», no sé si lo conoces, a mí me lo pasaron tres o cuatro personas de distinta procedencia por Internet, porque se reeditó, algo que yo no conocía que es el Codex Serafiniano, de un artista italiano de los 70 que hizo como una puta locura de libro ilustrado, con mucho cuidado y con una especie de alfabeto falso, que venía a ser como una especie de Manuscrito Voynich. Gira en torno a unas cuestiones que no acabas de saber muy bien cuáles son, una especie de mundo medio onírico, y realmente se hila muy fino. Yo se lo enseñé a Jonathan, con quien hice Hervir un Oso, y él me dijo que estaba muy bien porque genera repulsión y atracción al mismo tiempo. O sea, no sé, estoy muy dividido cuando veo esto entre la repulsión que me genera lo relamido de todo esto y, en el fondo, esa fe del italiano en hacerlo, y la atracción que me genera porque el contenido hay que reconocer que es curioso, porque ahí sí que se da ese punto de falsa visión del mundo. Me llamó mucho la atención, me pareció muy chulo, auqnue lo miré un poco y ya está, no es que me sumergiera en él ni nada de eso.

P. Se dice que todos los artistas aspiran a encontrar su voz interior. ¿Tienes algún recuerdo de infancia de situaciones en las que se fuera forjando ese registro tuyo tan particular?

R. Sí que tengo una anotación curiosa que me llamó la atención hace poco. En B.U.P., recuerdo que estaba en la clase de Latín –creo–, y de repente me acuerdo que me gustaba pensar en la figura esta de los gladiadores, ese lugar común del cine de un gladiador solo bajo un foco, rodeado de penumbra, como que se enfrenta a enemigos invisibles, ¿sabes?. Como un tío: « ¡ah, que vienen!» y él tiene que dar un golpe, que es un golpe metafórico, aunque sea literal, a algo que no está pero que si él da el golpe con todo su corazón vencerá a esa especie de fantasma que le hostiga. Y era como que el tío tenía que teatralizar un golpe al vacío, y toda esa dinámica de «bueno, no le está dando el golpe a nada, pero los espectadores entendemos que sí, que le está dando un golpe a un enemigo interior». Toda esta puesta en escena como conceptual, vacía. Me acuerdo que en ese momento yo me quedé un rato fascinado con eso y luego lo retomé. Hace poco, me acordé de ese guerrero y del pensamiento y me dije que esto hoy hubiera sido una anotación. Entiendo que esto siempre ha estado presente y está presente en muchísima gente, esa especie de momento en que ocurre algo a nivel mental, un lugar que uno visita y dice «ah, sí, yo siempre que me encuentro con este objeto, con esta persona, me lleva a este pequeño laberinto que recorro una y otra vez», y ahí se te queda. Con lo que esto estaba, pero creo que está en todo el mundo.

Te he metido una chapa de un guerrero que cuando lo tengas que transcribir quedará muy raro [risas].

P. ¿Tú cuando estabas en el colegio hacías los típicos garabatos y anotaciones en los márgenes de los libros de Lengua, etc.?

R. Sí, sí, me gustaba dibujar. Y esta cosa de guía telefónica, acrónimos, acrónimos “ciencia-ficción”, acrónimos “dureza”, las siglas de algún tipo de organismo, algún tipo de cosa bélica: «N.C.R.» [risas]. Bueno, yo, en mis guerreritos, siempre tenían algunas putas siglas que no remitían a nada: «S.R.Z.», ¿sabes? [Risas], esto me encanta, me parece una sobrada interna que uno hace, muy precaria. Lo que hace un autor de ciencia-ficción que se lo curra, y hace todo el trabajo sucio de documentarse incluso, y genera una ficción estructurada; el que es un aficionado se queda un poco con la parte externa de «bueno aquí éste tiene un arma que hace no sé qué… ya está, no me voy a preocupar mucho…». Lo recupero mucho esto ahora, me gusta mucho esto.

P. Bueno, esto va un poco en la misma línea: ¿cómo eras de niño, si tienes algo que decir?

R. «Si tienes algo que decir» [risas], esto es una especie de aduana de suciedades o diferencias con respecto a la media, ¿no?[risas] Sí tengo algo que decir, era un poco así un niño con un punto de timidez y excesiva responsabilidad en los estudios, un tanto inmaduro para su edad, tanto física como socialmente, pero que aun así sacaba buenas notas precisamente porque se aplicaba. Y sí, un tanto aniñado y torpe socialmente, que era más amigo de un niño, o de dos niños, ¿sabes? Y también me gustaba dibujar. Tengo hermanos pero no he convivido con ellos, yo era hijo único en ese sentido y claro, pasaba muchas horas solo, supongo que eso también influye, pero tampoco tengo una vivencia de soledad.

P. Ok. Ummm, ésta [pregunta] es curiosa, ¿eh?

R. Se sorprende él mismo de su pregunta… [Risas]

P. …tus ultrashows me recuerdan a veces a un monólogo interior verbalizado, como el hilo de pensamiento continuo, a veces inconexo e hilarante, que todos tenemos en cierta medida en nuestro fuero interno y nos avergonzaría exponer en público. ¿Crees que esto explica por qué tanta gente se ha identificado con tu propuesta?

R. Sí, sí, seguro que explica esto y también por qué rechazan la propuesta, por el mismo motivo, porque hay mucha gente que no ve más que: «esto es una especie de paja mental, y esto todo el mundo en cierto modo puede hacerlo». Y en el concepto tienen razón, sí que hay una especie de autocomplacencia en el imaginario propio y de lucha por afirmar ese imaginario ciegamente, ¿sabes? Como de: «no, no, yo me sumerjo en esto y mi única lucha es no perder el hilo»; y claro, esto es un poco fe, aunque yo intento que se haga entretenido, hay que decirlo, intento que no se alargue demasiado una idea, intento dar con imágenes que al menos a mí me gusten, es decir, que no es la verborrea por la verborrea, intento rescatar lo mejor, hacer una síntesis. Pero sí, viene un poco de ahí, esa especie de terreno que culturalmente no llega a solidificar, es como la masa imaginaria que no tiene un valor realmente contundente, ese juego. He tenido suerte de pillarme el primero esto, he tenido suerte de pillarme esta plaza, estaba la silla vacía, estaba el nicho de mercado que lo he ocupado sin darme cuenta.

P. En otra entrevista dijiste: «Mi meta es desayunar todos los días en una cafetería y el resto no me interesa». ¿Son este tipo de situaciones casuales de ocio diletante, sin expectativas, las que te proporcionan la inspiración?

R. [Risas] Sí, bueno, pueden ser inspiradoras pero es que yo las busco porque ahí me encuentro seguro y te juro que todo el rato estoy buscando una especie de refugio mental y de protegerme, aunque sea fingir, pero fingir para mí mismo que no puede pasar nada malo, rollo «tranquilo…». Soy muy animal de hacer cueva, hacer cueva incluso en lo abierto: «estoy aquí en lo abierto pero me puedo refugiar en pequeñas agarraderas» Sí, disfruto, hacerlo es un goce malsano. Lo que más disfruto es eso, el «ah, es Agosto, la ciudad duerme, tengo muchos días por delante en que puedo ir a mi cafetería e incluso ni siquiera fingir que estoy dándome prisa en acabar nada», y eso es: « ¡ah, por fin…!». Yo creo que también tengo esta cosa de presionarme y siempre considerar «oh, eres muy lento, eres muy despistado» y es verdad, soy lento y despistado, pero siempre estoy pensando que me van a castigar por esto. Entonces, cuando por fin es «tranquilo, que ahora todo el mundo está de vacaciones», o «tranquilo, que ahora tienes una hora por delante en la que tienes que esperar, no puedes hacer otra cosa», me digo: «ahora puedes sacar un libro». Es como un descanso del mundo. Es un goce, realmente es una neura, pero es una neura que se disfruta dentro de lo malsano.

P. Hablo también de situaciones como cuando te tiras un rato identificando formas en el gotelé o acabas descubriendo caras extrañas en las baldosas de tu baño mientras cagas. Reconócelo, Miguel, a ti esto también te ha pasado, ¿verdad?

R. Hostia, sí, sí. Hombre, claramente reconozco ese momento de…sí, yo cuando cago la presión sanguínea es tan fuerte que veo negro todo, no hay ninguna forma, es imposible, aún en la negrura no aparece ninguna imagen. No, no, no [risas], digo que, precisamente, a mí no me pasa tanto con lo inanimado, que me paraliza un poco y me parece claustrofóbico, por eso voy a las cafeterías. En ese sentido, las “baldosas” son ese devenir de gente que entra y sale, la calle, sonidos que vienen, sabes, necesito como un centro social al fin y al cabo, pese a mi hermetismo, para que eso sirva como de pantalla de la que emergen formas que yo cazo. Y, en cambio, si estuviera en una habitación cerrada, en casa por ejemplo, yo no paso tanto tiempo porque es como paralizante, necesito gente, gente que pase…

P. Te he leído decir que lo esencial para ti es salir al escenario conectado a esa “alegría” por contar tus ideas. ¿Te preparas de alguna manera especial antes de saltar al escenario para generar ese estado de ánimo?

R. Sí, hay un poquito, hay un poquito. Sobretodo ya en estos últimos años en que se ha convertido en una actividad semanal, se ha generado un pequeño hábito de, antes de salir, pues dar cuatro saltos, dar puñetazos en el aire fingiendo que doy golpes a cualquier controversia interna o cualquier «puede ir mal» o «esto va mal». Hay una especie de descarga contra eso muy literal. Sobre todo es generar ese umbral de: «bueno, ahora vas a salir, no salgas directamente», aunque podría salir directamente y no pasaría nada. Una especie de autoengaño o de rito, me estiro, caliento el cuerpo, cosa que no hace falta porque no es que vaya a hacer ninguna actividad física sobre el escenario; caliento la voz, aunque luego me quede afónico.

P. Creo que te gusta bastante la filosofía. ¿Más allá del humor, qué trasfondo filosófico crees que tiene lo que haces?

R. Me gusta la filosofía como juego, hay textos filosóficos que…de hecho ahora me habían pasado un texto de Heidegger sobre el aburrimiento, lo máximo: Heidegger hablando del aburrimiento. Y a mí me da igual Heidegger. Son obras tan grandes y que exigen tal esfuerzo y sacrificio para entrar en ellas. A mí me gusta simplemente el puro juego ese de parsimonia y de ir desgranando conceptos, de ir avanzando paso a paso, todo esto a mí me gusta, es bastante de cura. Y la filosofía tiene mucho de eso, de juego en el vacío con puros conceptos, y como un rigor ahí enfermizo como de «no, pero fijaos que yo no me refiero a lo que dice éste, sino que yo…» Y es ese juego el que me gusta. Me gusta la forma vacía de eso, me gusta esta cosa de una exégesis de la Biblia, de «fijaos que en este versículo, tal…». Castillos en el aire, esto me gusta, pero no tengo un conocimiento filosófico sólido ni fundado, qué va.

P. Un amigo mío dijo que tu obra le recordaba en parte a las Greguerías de Gómez de la Serna. ¿Estás de acuerdo?

R. Sí, hombre, de hecho me lo acaban de preguntar en la entrevista anterior esto de Gómez de la Serna y he de decir que, en el instituto lo mencionaron y tal, pero creo que no me acordaba de ello. Y luego ya mucho más tarde, la editorial Blackie [Blackie Books], que ha publicado los últimos libros, publicó uno de Gómez de la Serna y empezaron como «ah, mira, esto del Ultrashow tiene algo de greguería, ¿no?». Y sí, luego incluso me pasaron un vídeo que está muy bien, está en YouTube, que sale el mismo Gómez de la Serna haciendo una especie de monólogo extraño. Es un vídeo como de los primeros con imagen en movimiento de España, es como una cosa de una élite que uno tenía una cámara. Y entonces sale él y explica como momentos muy concretos y tal, y sí, joder, me pareció muy acertado, aunque hay que decir que no es que yo partiera de esa herencia y dijera: «voy a hacer el show», pero es una correspondencia que también es muy honrosa…Pero sí que me gusta el tono, ese tono humilde y desenfadado pero a la vez profundo y a la vez trivial, me gusta mucho, al menos de eso.

P. Xavi Daura, de Vengamonjas, dijo hace poco en Madrid de ti que eres «muy vago» y «muy cabrón», y lo dio a entender como dos cualidades de tu ser que se retroalimentan. ¿Te sientes identificado con esa descripción?

R. ¿Esto qué lo dijo? En una entrevista del No Rock Solo, ¿puede ser? Que estaban una hora ahí hablando mucho rato…

P. No, no, lo dijo en el Matadero de Madrid, cuando vinieron a un evento en el que exponían sus vídeos favoritos de Youtube y los comentaban…

R. Vale. Yo creo que se refería a cuando yo tengo que hacer algo con ellos, que tengo ese punto, como dice él, de dinamitar aquello, hacer bromas que no sirven para ese vídeo…Y lo de ser vago supongo que se refiere en general a que lo que yo hago es bastante sencillo y me da mucho palo salirme de eso. ¿Si me reconozco en eso? En lo de cabrón no eh, hay que decir que cabrón no eh, no tengo maldad; lo que sí que tengo, y me doy cuenta, es que puedo ser, si entro en una barrena de hacer bromitas con el otro, puedo ser francamente pesado sin darme cuenta. Y esto he ido aprendiendo a pararlo pero sí, tengo esta cuestión de no darme cuenta de que ya es anómalo que siga haciendo mención de algo, y ya es como «bueno, para un poco, llevas toda la hora haciendo bromitas». Y esto se puede confundir con ser cabrón, pero en el fondo es una cierta inconsciencia en la relación con el otro, normalmente lo hago cuando estoy cómodo con el otro y me paso igual de bromitas tontas…Con el tiempo he ido aprendiendo un poco a controlar, a disciplinar eso.

P. ¿Cómo conociste a los Vengamonjas?

R. Eso fue un tema en el antiguo blog de Nacho Vigalondo. Él colgó un vídeo de ellos para darlos a conocer y tal y a mí me fascinó, me gustó mucho, me pareció que sí, ostias, estaba muy bien; y luego ya vi más vídeos y se lo pasé a un amigo mío, a Rubén. Era como que desde La Hora Chanante no habíamos visto algo que nos molara tanto, y también la juventud que tenían, esta cosa así como fresca de sus vídeos, sencillos…A mi me parecía como muy fino, muy bello todo, de alguna forma funcionaba muy bien. Y este amigo fue el que estableció contacto con ellos y les invitó. Quedamos, ellos vinieron y ya se estableció un poco de relación. Hubo un malentendido muy extraño; o sea, a través de estos amigos míos se organizaron más encuentros y ellos pensaban que yo era como el que cortaba el bacalao en todo aquello, un tío como que incluso tenía mucho dinero y era una especie de ser poderoso. Y era mentira, era todo lo contrario, yo era un pobre diablo….y hasta que se dieron cuenta de «no, este tío no…» Habían proyectado algo en mí que no…, esto lo explica Xavi no sé dónde. Pero luego ya me ofrecieron salir en un vídeo y desde entonces nos vemos de vez en cuando. Pero fue un amigo el que dio el paso, no sé si yo me hubiera atrevido a decirles nada.

P. ¿Sois amiguetes, no?

R. Sí, yo veo más a Xavi; les quiero mucho a los dos pero realmente con el que me veo más, con cierta periodicidad, es con Xavi.

P. ¿Tienes muchas groupies?

R. ¿Hablas de mujeres, no? [Risas]

P. Bueno, lo que sea…

R. No, no, tengo novia desde hace diez años. Bueno, si hablamos de qué proporción de público femenino hay, creo que hay menos chicas que chicos, aunque tampoco es una desproporción peligrosa, igual 65%-35%, 60%-40%, no sé. Pero la gente percibe que una cosa es lo que hago en el escenario y luego cuando salgo soy bastante tímido y quiero que me dejen más o menos tranquilo, no doy pie. La gente es bastante respetuosa, nunca he tenido problemas en el sentido de alguien pesado o extraño, la gente se comporta o sea que no tengo groupies en ese sentido.

P. ¿Qué opinas del fútbol?

R. No soy un gran futbolero, pero tampoco estoy en contra, eh. Bueno, a veces veo algún partido…y también es un mar en el que sumirse, te quedas ahí viendo el partido y es una paz. Y luego están los iconos estos que a mí me gusta mucho utilizar a veces, sacar en el show un futbolista, un nombre. No sé, es como un terreno común, mucha gente tiene estos significantes en la cabeza, que en realidad están casi huecos. ¿Estos nombres que aparecen, no? Makelele, Makelele aparecía…esta gente ¿no?, esta gente que está por ahí orbitando en el imaginario colectivo, entidades que puedes tomar para cosas, por eso me gusta.

P. ¿Crees en Dios? [Lanzo la pregunta antes de que Miguel acabe de contestar y rectifico apurado] ¡Ah, perdón…!

R. «¿Crees en Dios?, ¡ah, perdón!» [Muchas risas] Lanzar la pregunta con cierta timidez y retirarla… Eran dos seminaristas que querían llegar a ese punto [refiriéndose a mí y el fotógrafo], buscaban a un aliado y ¡ah, perdón, nos hemos equivocado! y se van al seminario, ¿no?

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P. [Risas] Ha sido muy bueno, pensaba que habías acabado, yo es que paso del fútbol a Dios, un cambio potente, ¿eh?

R. Ok, bueno, qué bien el fútbol, adelante con el fútbol, aunque tampoco soy forofo. Y no, no soy creyente, soy ateo. El del PSOE [Pedro Sánchez], en la entrevista del programa de Risto Mejide también le preguntaron si creía en Dios  y dijo que era ateo -«soy ateo»-, como queriendo decir «bueno ya, yo creo que no voy a perder votos», o «bueno, creo que puedo decirlo abiertamente y creo que incluso voy a ganar algún voto». Me llamó mucho la atención, porque los políticos suelen ser de no meterse en esos jardines y este, como que se notaba que era una apuesta de comunicación, de «si yo digo que soy ateo, creo que a estas alturas de la jugada… bien». Pero no soy un ateo de estos iracundo, entiendo a la gente creyente, pero yo particularmente no creo. También es muy difícil de definir qué es creer, pero sí, en el sentido convencional no soy creyente.

P. ¿Y en algún sentido no convencional?

R. Claro, es que ahí puedes llevarlo a cuestiones más sutiles. Esta cuestión que se acerca al Humanismo: agárrate a un reducto de humanidad mínimo, porque si no… Todo esto a mí se me acerca un poco a la religiosidad, pero la religión como institución y como rito, como sacralidad, a mí me queda un poco lejos. Como jugada interna la puedo entender más, hay un misticismo, una voluntad de misticismo que al final no se resume en nada, pero lo que es religiosidad en el sentido convencional, para nada.

P. Este verano me encontré a Chiquito de la Calzada en una terraza de Málaga. ¿Qué le dirías si le vieras?

R. Hostia, qué suerte. Le tengo aprecio, yo creo que sería la única persona, o de las pocas personas, a las que realmente abordaría y le pediría una foto o simplemente me presentaría y le haría participe de esa admiración. O sea, es feo, realmente es como una intromisión…

P. Ah, pensaba que decías que él es feo…

R. Sí ¿no?, vaya criterios sigo: «es feo, me costaría» [risas]. No, no, creo que es de las pocas veces en que me permitiría esa falta de educación… Sí, no sé, porque el tío ya es viejo y no puedes desaprovechar la oportunidad.

P. ¿Qué piensas de Podemos?

R. Preguntas ya como muy concretas de política… He de decir que yo en el sentido político soy bastante poco fino; es decir, me dejo llevar bastante por el sentir general, por mis amistades, y tampoco soy un tío muy informado ni que pueda hablar con propiedad. Pero a mí, claro, esto de las Europeas, de repente: «hostia, mira que hostia les han pegado, muy guay, muy bien, adelante». Y luego está esta cosa de: «muy guay el discurso pero ellos son un poco esquinados, son un poco como rígidos, el Monedero que malencarao, ¿no?». Y yo creo que también sobrevuela ese fantasma que ha generado la derecha de «cuidado, cuidado con esta gente que son unos incendiarios y van a crear un régimen comunista…». Yo creo que en el fondo la gente dice: «cuidao, cuidao que esta gente va muy en serio», e incluso como que despierta la derecha de uno: «a ver, a ver hasta qué punto estoy a favor o…» Están los de Guanyem, yo tengo amigos metidos ahí y yo estoy muy a favor, vale que igual luego la cagarán, que son inexpertos, que luego tendrán que hacer concesiones y entrar en el juego político, tendrán que contradecirse… Y al mismo tiempo es muy irreflexivo, porque me puede venir un tipo de derechas y decir:«bah, el típico que no sabe de lo que habla, no tienes ni idea» y, hombre, realmente no tengo ni idea, soy una persona afectiva. Pero sí, todos estos movimientos de la izquierda basada en la colectividad y en el sentido común incluso, estoy muy a favor. Tampoco tengo suficiente discernimiento, pero a la hora de votar soy un poco de «venga va, echa el petardo ahí», un poco de boquilla, ¿sabes? [Risas].

P. ¿Cómo ves el futuro de la Humanidad?

R. He tenido varias ensoñaciones. Está la ensoñación esta del mercado, han desparecido los estados-nación, todo es el mercado, las diferencias territoriales son más bien de estilo…y ya todo es el mercado y eso se perpetúa durante miles de años. Consiguen finalmente no dañar la naturaleza, aunque alcancen el techo, una especie de movimiento perpetuo. Incluso podría darse una especie de Imperio Romano muy largo. Y luego también ahí «cuidao, cuidao» [con voz de Chiquito], como que va a venir algo muy jodido. Todo este movimiento cínico, desapegado, esta cuestión poco humana, de consumo rabioso, de individuos inhumanos que se mueven por modas, va a desembocar en una gran guerra y en saqueo. También hay este escenario, pero yo creo que el mercado es suficientemente fuerte como para maniobrar a esa gente y tal, no sé. Y luego está el escenario este ciberpunk de corporaciones y como territorios, países, hay como comunas, como un crisol de repente, todo se rompió, hubo guerras y de repente puedes encontrarte un Estado ideal fortificado, luego un Estado medieval, como en una isla, ¿sabes?, como « ¡ahh! Se fue todo a la mierda pero hay reductos ahí». Toda esta mierda Mad Max, no sé, yo creo que será una mezcla de todo, para acabar ahí, ¿no?, «¡será un poco de todo y nada!» [Con acento argentino]

P. ¿Y el tuyo?

R. Hay varias ensoñaciones, una es que el mercado… [risas] Me lo aplico a mí mismo… No, está lo que yo querría y luego la realidad no sé cuál será, pero yo tengo esa especie de fantasía de realmente jubilarme en esta dinámica, puede haber cambios y tal, pero seguir con mis ultrashows y con los libros y tal hasta la jubilación, tener familia y luego ya disfrutar la jubilación, morirme… ¡Pam! ¿Sabes? Una recta, que no haya cambios graves, yo firmaba. «Pese a que el público envejeció y dejaron de ir a verlo, la juventud ya se sentía desconectada de él, aun así, tenía suficiente público para seguir vivo…» Faemino y Cansado lo han logrado. Son tíos que siguen teniendo mucho público, ya de su generación, que los siguen respetando; y realmente no han cambiado aquello, no han tenido que adaptarse. En ese sentido, en el sentido escénico, son un modelo. Yo no creo que nunca llegue a ser algo vox pópuli eh, pero bueno, figura media en un determinado ambiente sí, ya me gustaría. Puede ser que en cinco años esté barriendo calles, o sea que no te creas.

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