La señorita Julia (2014), de Liv Ullman

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Por Miguel Martín Maestro.

la señorita juliaHay cine que nace muerto, como la imagen de Ofelia en el cuadro de John  Everett Millais, hay cine que pretende engañar con el espejo de la estética y la recreación de ambientes perdidos en la memoria y olvida la emoción y el sentimiento, hay cine que piensa que la banda sonora consiste en introducir bellas piezas de música clásica aunque no sean contemporáneas de la acción, y lo peor, hay cine que piensa que cualquier actor sirve para interpretar cualquier papel.

La señorita Julia es una película desequilibrada, cuyo segmento inicial es sostenido por una convincente interpretación de Jessica Chastain, pero que en su segunda parte termina contagiada por la inane y absolutamente perdida presencia de alguien muy limitado para personajes de fondo dramático como Colin Farell, absolutamente impostado, un fantoche vestido de librea de nombre John que no alcanza a comprender el significado de la lucha de clases interna que circula por la obra de Strindberg, ni el apabullante drama sexual de insatisfacción que asola a la señorita Julia, su mala interpretación termina contagiando a su pareja cinematográfica.

La señorita Julie revela la existencia de una única intérprete de verdad a lo largo de una película nocturna en la que la noche parece ausente, ésta es Samantha Morton, en el papel del ama de llaves Christine, enamorada de John, y rival, sin posibilidades, de Miss Julie. Llevar al cine una obra de teatro que se desarrolla en un solo espacio escénico tiene sus dificultades, si amplías el espacio corres el riesgo de alterar el sentido y significado de la obra, si no lo haces limitas las posibilidades de mostrar el arriba y el abajo de dos mundos que no pueden mezclarse salvo por la locura de una noche de verano. Al utilizar toda la mansión de la familia noble, la opresión, el espacio asfixiante que supone la cocina de Strindberg y su influencia en el estado de ánimo de los personajes se diluye, las idas y venidas, las puertas cerradas, las ventanas hacia la luz, las salidas al exterior, rompen esa monótona podredumbre y esa monótona presión que ahoga a los personajes, condenados a vivir en mundos separados y nada permeables.

Un eficaz envoltorio, un decorado perfecto, demasiado perfecto, demasiado envoltorio, demasiado decorado con muy poca vida, con muy poco espíritu, con demasiado poco que ofrecer y nada que aportar a versiones anteriores. Un reparto demasiado “famoso” como para ser solvente ante la envergadura de personajes que exigen carácter, que exigen personalidad, que exigen psicología. No es cine de caras ni cuerpos bonitos, en eso Samantha Morton no puede competir con Jessica Chastain, y sin embargo, qué grande se hace el personaje del ama de llaves con la presencia de la actriz y qué poca cosa termina siendo la interpretación de Miss Julie. Quien conoce la historia no sacará nada nuevo en conclusión, no se le aportará nada que modifique o complemente lo que ya sabía ni las percepciones que tenía de los personajes, y se fijará aún más en todo lo que desentona. Quien no conozca la sufrida noche de San Juan de la señorita Julia es probable que pierda todo interés sobre ella y no apueste por leer la obra original, se aburrirá y saldrá diciendo “¡qué bonita fotografía!”, pero el cine necesita algo más que bellos encuadres o bellos planos de cuadros fotografiados para tener algo de alma y de sentido.

Calificación: 4

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