“Todos nuestros nombres” o un amor hecho de preguntas sin respuesta. Por Dinaw Mengestu

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«Isaac y yo nos hicimos amigos del mismo modo que lo hacen dos perros extraviados, unidos al seguir el mismo camino todos los días en busca de comida y compañía».

Mengestu

Todos nuestros nombres, de Dinaw Mengestu.

Actualidad editorial:

Cuenta la leyenda que en el momento de la creación todos los seres y las cosas recibieron un nombre que les definía y distinguía frente a los demás. Damos mucha importancia al nombre, solemos aferrarnos a él como signo inequívoco de identidad, confiando en que la reiteración del mismo nos conduzca al reconocimiento. Sin embargo, la realidad es otra, los nombres no constituyen ni tampoco garantizan en sí una identidad concreta… Tomar el nombre de otro y ponérselo, como un traje prestado, cambia la idea de lo que somos y de lo que hacemos. Con estas premisas llega a nuestras librerías Todos nuestros nombres (Editorial Lumen, 2015), el nuevo libro del escritor de origen etíope Dinaw Mengestu, una historia que trata de unir razas y rescatar la dignidad del ser humano a través del amor.

«Estábamos flanqueados por dos campamentos rivales de alumnos comunistas. Un día tras otro desplegaban pancartas que anunciaban la revolución del pueblo y la utopía comunista. Sus retratos de Marx y Lenin eran más grandes cada semana que pasaba».

Buscando refugio en el campus de la universidad se hicieron amigos. Ambos crecieron en pequeños pueblos rurales aferrados a la tierra, pero siguiendo promesas de una vida mejor, se trasladaron hasta Kampala, capital y corazón de Uganda, que todavía respiraba los ardorosos efluvios de la independencia. Mientras que Isaac tenía grandes ideas y alma de revolucionario, el Profesor –nombre con el que su amigo le había bautizado–, aspiraba a ser escritor. Corrían los primeros años de la década de los setenta y nuevas protestas, ahora contra el régimen militar, se despertaban entre los estudiantes. La opresión y corrupción gubernamentales terminan provocando una nueva lucha ciudadana en favor de la libertad. El joven que había aprendido a leer a los clásicos y quería vivir de la escritura, aprenderá también a usar las armas. Escapar de aquel infierno puede ser la única opción… dejar atrás una vida y un nombre.

Huyendo de la continua situación de guerra, el joven escritor africano llega a una ciudad del Medio Oeste americano como estudiante extranjero de intercambio. Responde al nombre de Isaac, o al menos, así consta en un expediente donde no se hace ninguna expresa referencia a su pasado. Con Helen, la asistente social encargada de su integración y adecuación local, iniciará una apasionada pero silenciosa relación. Precisamente fue en una de esas rutinarias visitas cuando surgió el primer beso y comenzaron una historia en común que se fundamentaba en la ironía, las caricias y el justo uso de las palabras. Pero en un pueblo donde solo unos pocos años antes todavía seguía existiendo segregación racial, la aventura amorosa con un joven negro puede conllevar ciertos riesgos. Sin embargo, no son únicamente las aprensivas miradas de una rancia sociedad pueblerina las que provocan dudas a Helen sobre su relación… ¿quién es realmente Isaac?

«Sin pensarlo, nos acercamos el uno al otro, yo hacia arriba, él hacia abajo, hasta que nuestros labios se encontraron. Nos besamos el tiempo suficiente para tener la seguridad de que no era un accidente. Cuando abrimos los ojos y nos separamos, sentimos más alivio que sorpresa al comprobar que nuestro primer momento de intimidad era tan normal».

Todos nuestros nombres habla del amor en sus diversos grados y recorridos. Es una historia sobre la inmigración, la cruda realidad de la guerra y de la, en ocasiones, desnortada lucha por la libertad y por rotundos ideales. Una transgresora, pero certera exploración de las relaciones humanas que se establecen hoy día. Pero además esta novela hace una singladura por los ocultos meandros de la identidad personal, y de aquellos nombres que se quedaron atrás en el tiempo pero que definen nuestro presente. Como inmigrante que fue, Mengestu sabe reflejar a la perfección el profundo sentimiento de extrañeza y perplejidad que está ineludiblemente ligado al ostracismo y al desarraigo. Él, como nadie, ha conseguido conformar una novela emocionalmente desgarradora sobre las raíces, el amor, las ilusiones, la amistad, y todo el maremágnum de sensaciones que provoca su pérdida.

Mengestu enfrenta al lector a esa realidad más sombría que viene marcada por la injusticia, la brutalidad, el racismo todavía habitual o la soledad. Y lo hace desde una perspectiva global, con independencia de las geografías físicas o emocionales en las que se desarrolle la acción. Se vale de un estilo narrativo tan sutil como devastador para contar las historias paralelas pero separadas en el tiempo, de unos personajes que solo ante el amor –por la tierra, la libertad, por otra persona– son capaces de superar cualquier incertidumbre y de luchar por sus sentimientos e ideas. Aunque ello implique tener que asumir guerras o liberarse de prejuicios y nombres del pasado. Pero todo se paga en esta vida.

Dinaw Mengestu nació en Addis Abeba, Etiopía, el año 1978, pero se ha criado desde niño en los Estados Unidos. Aquí llegó en 1980, junto a su madre y su hermana, para unirse a su padre que ya había huido un par de años antes de la revolución comunista de su país. Es licenciado por la Universidad de Georgetown y MFA por la Universidad de Columbia. Hoy está considerado uno de los autores más distinguidos de la nueva literatura norteamericana. Con su primera novela, The Beautiful Things that Heaven Bears (2008) obtuvo, entre otros, premios tan importantes como Los Angeles Times Book Prize, el Guardian First Book Award o el Prix du Premier Meilleur Roman Étranger, y cosechó buenas críticas en la prensa extranjera. El lugar del aire, su anterior novela, publicada en 2012, fue también merecedora en EEUU de importantes galardones. Sus trabajos narrativos, artículos y reportajes periodísticos han sido publicados en medios como Granta, Rolling Stone, Harper’s o The Wall Street Journal.

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Todos nuestros nombres.  Dinaw Mengestu.  Traducción de Eduardo Iriarte.  Editorial Lumen, 2015.  304 páginas.  19,90 €

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