La desgracia que anticipó la novela de Edgar Allan Poe

La balsa de la Medusa de Théodore Géricault

La balsa de la Medusa de Théodore Géricault

Por Alejandro Gamero (@alexsisifo)

Edgar Allan Poe ha pasado a la historia de la literatura como escritor de una única novela. Y ni falta que haría más, no solo porque el autor estadounidense consiguiera influir con sus excelentes relatos en los géneros de terror, de ciencia ficción y policíaco, sino porque su única novela, La narración de Arthur Gordon Pym, fascinó e inspiró a partes iguales a pesos pesados de la literatura como Herman Melville, Julio Verne, H. P. Lovecraft o H. G. Wells.

Extraña y singular donde las haya, la narración de Poe decía basarse en hechos reales, dentro de la larga tradición de novelas que gustan de presentar la ficción como realidad y que incluye historias como Los viajes de Gulliver o Robinson Crusoe. Sin embargo, lo cierto es que más que basarse en un acontecimiento pasado hay que decir que la novela de Poe adelanta algo que todavía estaba por ocurrir, algo que es más frecuente en la literatura de lo que pudiera pensarse, sobre todo dentro del género de ciencia ficción.

Entre peripecia y peripecia uno de los pasajes de La narración de Arthur Gordon Pym es el naufragio de un barco ballenero llamado Grampus, seguramente basado en la tragedia del ballenero Essex. En él Poe relata cómo, tras varios días a la deriva, cuatro supervivientes, desesperados por no tener comida, deciden asesinar y devorar a uno de ellos para asegurar la supervivencia del resto. Después de echarlo a suertes la desafortunada elección recae en el más joven de todos, un grumete llamado Richard Parker, que es apuñalado y comido por partes durante cuatro días.

Cuarenta y seis años después, el 5 de julio de 1884, ocurrió el naufragio real de un velero mercante inglés llamado Mignonette que navegaba por el Cabo de Buena Esperanza. Una vez más, ahora en la realidad, cuatro marineros lograron sobrevivir al desastre: el capitán Tom Dudley, Edwin Stephens, Edmund Brooks y ‒aquí empiezan las coincidencias más espeluznantes‒ el grumete Richard Parker de 17 años, que por cierto había mentido sobre su edad para poder enrolarse en el barco y que probablemente no había oído hablar en su vida de Edgar Allan Poe ni mucho menos conocía su novela. Después de varios días a la deriva, los supervivientes se quedaron sin comida ni agua y tomaron la desesperada decisión de echar a suertes quién serviría de alimento a los demás. Le tocó, como no podía ser de otra manera, al joven Richard Parker, que corrió una suerte muy parecida a la de su homónimo ficticio. Otra versión dice que el grumete se deshidrató después de beber agua de mar y entró en coma, por lo que los supervivientes decidieron matar al que estaba inconsciente, amparados de cierta manera por las leyes del mar. Pasara lo que pasase, solo así consiguieron aguantar varios días más, hasta que fueron rescatados por un barco alemán. A su llegada a Cornwall, los tres supervivientes fueron arrestados bajo la acusación de homicidio, aunque finalmente se les puso en libertad.

La historia fue descubierta varias décadas después por Nigel Parker, un primo lejano del Richard Parker que fue devorado. Todo sea dicho, la coincidencia no es tan extraña teniendo en cuenta que el nombre de Richard Parker era muy común y que la situación que se plantea, un naufragio con antropofagia por supervivencia, tampoco era completamente infrecuente en la época.

Por cierto, todavía quedaría por añadir un último Richard Parker a la historia: el tigre de bengala que naufraga en La vida de Pi del canadiense Yann Martel, una historia que también se presenta como real dentro de la novela en un guiño a la anticipación de Poe.

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