Lo que no se dice: literatura y algo más

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Por Anna Maria Iglesia

@AnnaMIglesia

“La obra del escritor”, escribe Proust en El tiempo recobrado, “no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector a fin de permitirle discernir aquello que sin ese libro tal vez no hubiera visto por sí mismo”. Las palabras del autor de En busca del tiempo perdido definen como pocas el valor literario y, sin duda, el valor social –y no pretendo definir la obra como una obra meramente engagée- de Lo que no se dice: se trata de una serie de espléndidos relatos entorno a la homosexualidad publicados por Dos Bigotes, una editorial que con apenas un año de vida se ha convertido en un referente en nuestro campo literario, ocupando un vacío que reclamaba desde hace tiempo un inquilino. Dos Bigotes se presenta como una editorial especializada en temas y autores LGTBI, sin embargo, como ellos mismo especifican, no hay en su proyecto editorial ninguna intención de exclusión. Cabe, de hecho, destacar que Dos Bigotes reivindica ante todo la buena literatura, una literatura, eso sí, que dirige su mirada hacia la realidad, una literatura que –como indican los dos editores, Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez– “se aparta de las convenciones y que aporta nuevas formas de mirar la realidad”.

Los editores

Los editores

De la misma manera que esta joven editorial hace énfasis en el valor literario como elemento base de su proyecto editorial, es el valor literario de los relatos reunidos en Lo que no se dice aquello que debe ser ante todo destacado. Sería un error, al menos esto creemos, circunscribir la lectura crítica de esta obra a la temática LGTBI, puesto que, si bien la homosexualidad y las problemáticas que desgraciada e incomprensiblemente todavía tiene su visibilidad pública son el eje temático entorno al que gravitan los distintos relatos, el interés de los relatos radica de forma especial en la perspectiva narrativa, una perspectiva, generalmente irónica y con toques más o menos explícitos de comicidad –sin duda el relato de Eduardo Mendicutti, Canela y oro, es aquel donde el elemento cómico es más explícito-, con la que los distintos autores se aproximan a temáticas, como el fútbol o el toreo, tan altamente connotados y –si nos permiten- tan banalmente tipificados y topificados en ámbito literario. Hablar de perspectiva es, en el caso de los relatos que se proponen en este libro, hablar de la construcción de una mirada que, desde una posición distante, se aproxima a realidades que aparentemente le son ajenas –el fútbol, el ejército, el coro de la iglesia o el toreo- para desvelar la falsedad que el relato literario, social e histórico les ha impuesto. La homosexualidad de los protagonistas es el punto de partida para la construcción de una mirada que, desde un extrañamiento curioso y aparentemente paradójico hacia la realidad narrada y observada, pone de manifiesto los quiebres, las incongruencias o, como indica el propio título del libro, lo no dicho que envuelve estas realidades. Se trata por lo general – pensemos en el ejército, el fútbol o el toreo- de realidades a las que social, cultural e históricamente nunca se asociado la homosexualidad y, asimismo, de realidades a las que la literatura no siempre ha sabido enfrentarse sin caer en manierismos: el mundo de los adolescentes es uno de los ejemplos más claros de cómo la ficción se ha aproximado a la figura del adolescente pervirtiendo su lenguaje, convertido muchas veces en una serie de latiguillos, y haciendo del joven un prototipo absolutamente artificial, bajo la máscara de adolescente problemático, rebelde o sufridor.

no se dice 2La construcción de esta mirada, no homosexual sino que observa desde la homosexualidad, es decir, desde la otredad, permite a los distintos autores no sólo realizar una crítica literaria a la construcción narrativa que se ha realizado entorno a dichos ámbitos –¡no es necesario recurrir siempre a Hemingway para hablar del mundo de los toros!- a la vez que proponer un giro genérico y narrativo que reactualizar, desde la ironía, el sarcasmo o la crítica más melancólica, dichos topos literarios, convirtiéndolos en metáfora de un discurso superior: en El esplendor en la hierba, Luisgé Martín convierte el campo de fútbol en el campo donde el protagonista libra una batalla consigo mismo, la batalla por conquistar y asumir la propia identidad. Asimismo, el campo de fútbol es el escenario del deseo que, como ya dijo Freud, es un deseo siempre insatisfecho, un deseo que se reaviva en cada partido que libra el protagonista consigo mismo y con su objeto de deseo, otro futbolista que se le escapa, le regatea a la vez que colisiona con él, en un juego de tensiones y extraños equilibrios. La tensión que se vive en el campo de futbol es aquella que domina la comida familiar descrita por Álvaro Dominguez: en su relato No te levantes, la familia, lugar aparentemente de refugio, lugar donde teóricamente uno puede desprenderse de las máscaras que impone lo público, se convierte en una cárcel de cosas no dichas, de temores, secretos y miradas furtivas. Lo familiar –y disculpen el abuso freudiano- se convierte con decía el psicoanalista suizo en lo siniestro, del que difícilmente es posible escapar. La idea de huida a la vez que la idea de búsqueda es compartida por la mayoría de los relatos: se trata de huir –huida no sólo física, sino como respuesta y contestación crítica- de la realidad prejuiciada, dogmatizada y, sin duda, homófoba y, a la vez, se trata de encontrarse, de asumirse y, por tanto, de visibilizarse. Lejos de moralinas y happy endings, los relatos muestran y denuncian la radicalidad que supone todavía este proceso de huida y de reencuentro: el libro, afirma Fernando J. López, es original “porque apuesta por la visibilidad desacomplejada”, una visibilidad por la que el narrador y autor teatral siempre ha abogado. En su relato Nunca en septiembre, Fernando J. López vuelve a demostrar, más allá de su valía literaria, su extraordinaria capacidad de entrar en el mundo de los adolescentes para retratar sus problemáticas sin manierismos ni cursilerías, rechazando el morbo y la superficialidad y sin evitar mostrar los aspectos más incómodos de este mundo, el de los adolescentes, del que nosotros, los adultos, somos muchas veces verdugos.

dos bigotes 2Lo que no se dice es ante todo un libro literario en el que el compromiso con un discurso social vinculado directamente a la temática LGTBI, lejos de reducir el valor interpretativo de los relato, lo acrecienta: más allá de la condición homosexual de sus personajes, los relatos aquí reunidos son un intento de romper con la perspectiva –literaria y social- desde la que se suele mirar el mundo y de proponer –cosa que consiguen- un nuevo lugar desde donde mirar y desde el cual sea posible desprenderse de los prejuicios y los dogmas, de los corsés y falsas morales, para descubrir al otro, para descubrirlo en su diversidad y su riqueza, para asumir que todos somos otros, que todos somos distintos y que en la distinción está la belleza. Todos los relatos reunidos en Lo que no se dice merecen ser reconocidos por su valor literario, todo podio resulta injusto por tanto tómense las siguientes anotaciones, como un subrayado, no como un demérito hacia los no citados: Luisgé Martín –desde aquí recomendamos enfurecidamente La vida equivocada– se confirma, una vez más, como un indispensable de las letras españolas contemporáneas y es llamado a ser –si no lo es ya- un autor de referencia a partir del cual poder escribir; Fernando J. López, cuyos éxitos teatrales le están encumbrando como dramaturgo, demuestra con su relato una versatilidad poco común en este mundo de letras de inamovibles posiciones. Sin duda habrá y se hablará más de Fernando J. López; no podemos terminar el artículo sin mencionar a Óscar Esquivias y a Lawrence Schimel, cuyos relatos no dejan en absoluto indiferente al lector y a Álvaro Domínguez, una joven voz que aquí habla alto y con claridad: esperamos poderle oír en más ocasiones. Sin más, un reconocimiento a la labor de Dos Bigotes que demuestran que la buena literatura no está reñida con el compromiso social y, sobre todo, que demuestran que la literatura con mayúsculas no tiene ni género, ni orientaciones ni edades, la buena literatura tan solo –y afortunadamente- es literatura.

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Una respuesta a Lo que no se dice: literatura y algo más

  1. Perdón por mi ignorancia. Sospecho lo que debe ser la temática LGTBI, pero al no tener certeza, mucho agradecería que me desasnen. ¿Qué significa, en toda su amplitud, la temática LGTBI?
    Gracias

    Eduardo Jorge Arcuri
    10 mayo 2015 at 0:48 am

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