El crisantemo y la genciana

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Por Alexander P. García.

17860282791_cc5f630417_oHay historias que llegan para quedarse. A veces, cuando empezamos un nuevo libro, nuestra forma de leerlo es crítica. Vamos analizando la narrativa, el estilo, el argumento, y demás detalles según avanza la lectura. Pero hay libros que consiguen desarmarnos e introducirnos por completo en la lectura. Hay historias en que el exterior desaparece y la inmersión es absoluta. Esto ocurre con La tumba del crisantemo de Itô Sachio, publicada por Chidori Books en formato digital y con una impecable traducción de Sachiko Ishikawa. La edición cuenta además con una hermosa portada realizada por David González, cargada de simbolismo y que una vez terminada la lectura querremos contemplar. Si es cierto que la gran cantidad de notas en casi cualquier término japonés provoca que el ritmo de la lectura se interrumpa de forma que pasadas las primeras páginas obviamos estas notas y seguimos con la lectura, notando que los significados de éstas se entienden por contexto.

Sachio nos presenta una aparente anodina historia de amor entre dos jóvenes que viven en la misma casa. Su juventud y su inocencia les impide expresar e incluso entender sus sentimientos, pero una vez empiezan a resquebrajarse los muros de la comprensión, otro impedimento surge para bloquearles el paso: la sociedad. Y es que en el contexto en que la historia está ambientada, era más importante el pensamiento colectivo que el individual, por lo que ofrecer una buena imagen de uno mismo dentro de una comunidad era imprescindible para encajar. Los familiares de Masao y Tamiko son conscientes de ellos y creyendo este amor como un juego infantil, deciden hacer lo posible por impedir que las cosas se desmadren.

La complicidad que surge a través de la relación de los dos jóvenes es muy emotiva. Sin necesidad de palabras, ni de una comprensión explícita, ambos se sumergen en una espiral de juegos de miradas, de frases cortas y de experiencias. Ambos tendrán conversaciones que a primera vista pueden parecer de poco peso para la trama, como por ejemplo qué flor creen que les representa, pero todo tendrá un sentido metafórico y directo en la historia.

La historia es narrada por Masao que recuerda su historia con Tamiko. En la introducción del mismo libro, realizada por Lisa Kobayashi se nos cuenta cómo el autor, poeta de profesión, en el momento de leer este relato por primera vez en público, tuvo que parar debido a que le embargaba una profunda nostalgia. Y precisamente es esto lo que sentiremos al leer La tumba del crisantemo, nostalgia, tristeza, pero también un profundo amor, respeto y ternura. Masao nos cuenta su historia con cierto arrepentimiento, con las palabras de quien se ha dado demasiado tarde de un error que ya no puede reparar, pero con la certeza de que todavía conserva aquellos hermosos recuerdos para revivir en su memoria.

La historia de Tamiko y Masao está narrada con un estilo tosco y con un ritmo extraño. Las palabras a menudo se repiten y peca de varios errores por falta de experiencia. Esto tiene explicación si leemos la introducción dedicada a la obra en la que se nos explica sus aventuras en la narrativa no tuvieron demasiado éxito entre sus contemporáneos. La tumba del crisantemo, sin embargo, está narrada con tal sinceridad, que supone una lectura desgarradora en la cual esta aparente inexperta narración consigue por completo lo que busca, emocionar al lector y sumergirlo por completo en la historia. De hecho, es una historia tan popular en Japón que cuenta con varias adaptaciones al cine y a la televisión.  La tumba del crisantemo narra los sentimientos de dos jóvenes que no comprendían pero sí sentían y que debido a unas circunstancias todo lo que ahora queda es una triste nostalgia que empapa todas y cada una de las palabras del relato.

 

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