Yo no soy nadie: Rascayú, el fantasma más viejo del mundo

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Por Óscar Mora – @oscar_mora_

soch3Yo no soy nadie, y el día, lejano o cercano, en que desaparezca seré menos que nadie: una sombra, un recuerdo, un dígito a añadir a la suma inagotable de muertos sobre la Tierra: quizá con suerte sea al menos dos cifras sobre el mármol. Aunque a veces resulte desagradable, los escritores también tienen la fijación de recordarnos la finitud de la existencia, lo próximo que nos queda el fundido a negro. Dejando de lado a esos agoreros, yo venía a contarles lo que pasa después. Si uno lee con atención a los autores que han tocado de refilón el más allá, acaba concluyendo que lo más elegante una vez dado el paso hacia el abismo es dejar un cadáver medianamente decente y tener un fantasma bonito.

Un autor de referencia para fantasmas, apariciones y temas del ultramundo es Álvaro Cunqueiro (pongámonos de pie al oír su nombre). Si no me soch2equivoco, “Las crónicas del sochantre” es un libro que no puede encontrarse nuevo, pero cuyo mercado de segunda mano es efervescente. En él, una hueste fantasmal rapta al sochantre de Pontivy, en Bretaña. Cada uno de los condenados de esta hueste que viaja en calesa ha de redimir sus males y condenas, ofreciendo una retahíla de maravillosas historias. Si el destino de ser alma atormentada que vaga raptando músicos es atractivo, todavía lo es más convertirse en un fantasma canónico victoriano. “El Guardavías” o “El Capitán asesino y el pacto con el Diablo” son dos cuentos fantasmales de Dickens que Impedimenta ha reunido en “Para leer al anochecer”. Todo lector que desee ser un fantasma en condiciones ha de pasar por este libro.

Pero no todo empezó en la época victoriana. Los ingleses lo han hecho mejor que nadie, pero la primera historia fantasmagórica de la literatura sochaparece en la Mostelaria de Plauto. Aunque se trata de fantasmas falsos, una casa encantada romana también tiene su aquel. Hay que trasladarse hasta la época de Plinio el Joven (cuando todavía era joven) para dar con el testimonio más antiguo de sucesos paranormales. No os recomiendo que adoptéis la figura del fantasma de la casa ateniense que describe Plinio: un viejo calvo, con barba larga, desdentado y malhumorado que expulsa y aterra a todo el que habita esa casa. El tropo no ha cambiado desde entonces: el fantasma griego ya arrastraba cadenas, y provenía de un antiguo enterramiento que estaba en los cimientos de la casa. Nihil novus sub solem.

Procurad, llegado el caso de que os convirtáis en espectros, haber tenido previamente una vida de leyenda y penalidades que justifique el tormento al que someteréis a los no difuntos, y la elegancia mínima de no aparecerse en mitad de una fiesta, y hacerlo únicamente cuando la víctima esté sola y confiada.

Las crónicas del sochantre
Las cartas de Plinio el joven hablando de fantasmas

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