Una palabra tuya de Elvira Lindo: Humor, prejuicios y género

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 Por Rosanna Moreda.

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Foto: Mumamel mumamel@yahoo.es

A Julia

La literatura es un terreno donde el lenguaje corre con la melena libre al viento, esta condición es mágica y funesta a la vez.  En la literatura como en ninguna otra instancia, se funden pensamientos que provienen de realidades, donde no se distinguen bandos, donde tangible e imaginario entran en dimensión propia porque en literatura no existe ese límite en ocasiones oportuno entre real e imaginario, entre mentira o verdad, entre el bien y el mal.  Otra gran proeza vendada de azar.

Cuando las mujeres escriben sobre otras, lo más grato es escuchar voces propias, y en palabras de bell hooks1,algo así como desprendernos no sólo de nuestro color de piel, sino de ese pretendido privilegio de vida en burbuja, para hablar en voz de esas otras.   Esto siempre después de escuchar sin abrir la boca a las que no hablan, a aquellas que son como nosotras, pero que nunca hemos dejado hablar, porque no somos iguales sólo por la misma pertenencia al impuesto sistema sexo-género, pues la simple pertenencia a otra clase social nos convierte en curiosidades extrañas para aquellas que sufren en carne propia de aquello que otras escriben.  De hecho el esfuerzo de bell hooks en visibilizar a millones de mujeres negras que nunca fueron bien recibidas en el feminismo de blancas y acomodadas mujeres de clase media euroamericana, es fácilmente trasladable al trabajo de una serie de autoras que escriben para las que pertenecen a un delimitado espectro y cuyo campo de actuación puede parecer amplio por provenir de consignas donde impera la libertad de pensamiento, pero en realidad resbala al ignorar o subestimar las voces de vidas más allá de un determinado prisma. En este sentido  las otras son mundos insondables incluso para nosotras, conocidas también como mujeres.

Esto pretende ser un brevísimo acercamiento a la segmentación de valores, actitudes e ideas en la novela Unapalabra tuya de Elvira Lindo2, desde un abordaje crítico e implícito con buena parte del trabajo literario realizado por autoras que reproducen esquemas patriarcales establecidos por lo tanto como válidos en la culturas occidentales.  Teniendo en cuenta que una considerable porción de estos esquemas prefijados perjudican enormemente a las mujeres, y más específicamente a las que no tienen acceso a lo que entendemos por educación formal o intelectual, se vuelve imperiosa una intervención desde la crítica feminista que revierta estas visiones literarias sobre aquellas otras, para colaborar de algún modo en la visibilidad de sus actuaciones, de sus necesidades y designios, de sus voces, en definitiva.  De modo que cuando Lindo expone en el relato citado:

“…Un día muy temprano, pusieron Voulez-vous coucher avec moi. Yo estaba tarareándola porque es una canción que desde que la  bailé en una función de  fin de curso disfrazada de negra con una peluca afro que me compró mi madre siempre me ha dado un buen rollo impresionante…”

Y bastante después:

“…En serio, mi hermana llega de la compra cargada como una burra, como una mujer africana3…”

nos cuestionamos si esta última comparación escrita en estos tiempos no será algo arriesgada, y nos preguntamos no sólo desde espacios que me niego a llamar académicos, qué pensaría cualquier africana al leer esto, cuestión bastante probable por otro lado en la fecha en que se escribió esta novela, en el 2005.  El problema está en el tratamiento que hace Lindo de la comparación y de los recursos retóricos en general.  En el primer caso, utiliza la parodia de la mujer blanca que se disfraza de mujer negra y se ve a sí misma ridícula al cabo de un tiempo pensando en esta imagen.  Este recorrido alusivo a la etnia-raza, donde se desmonta la visión original, no deja de resultar complejo e interesante, imprescindible por otra parte.  Sin embargo, la nueva alusión a la mujer africana en el segundo ejemplo, ahora resulta inoportuna, pues no existe deconstrucción alguna de la metáfora, por lo tanto se asimila tal como viene, como la imagen arquetípica de las africanas en el imaginario occidental, del todo simplista.  Pensemos que probablemente se trate de un descuido en el detalle, pues el objetivo de esta revisión no es en absoluto el desmerecimiento de una obra que no deja de ser analítica con un tipo de perspectiva femenina, la voz de una protagonista de clase trabajadora, sujeto-que se produce a sí misma discursivamente, en términos de Rosa María Rodríguez Magda4.  No obstante este descuido nace precisamente en la imagen sellada de la otredad en su significación negativa, actitud que continúa estando muy frecuente en las relaciones humanas y es por ello que salta la alarma, porque el resultado de estos generalismos fáciles es igual de negativo.

Debo recalcar que esta línea de pensamiento surge del excelente análisis de la autora Chandra Talpade5, quien se cuestiona de modo brillante hasta qué punto el trabajo de gran parte de la intelectualidad femenina occidental está imbuido de un etnocentrismo endémico y negador, o en el mejor de los casos pa (ma) ternalista con realidades de aquellas que no son occidentales.  Realidades que son metidas a fuerza en la misma bolsa bajo la etiqueta de mujer tercermundista, africana en este caso, como si de un bloque de rasgos y conductas únicas se tratara, ignorando así de este modo la enorme variedad de africanas que existen. Pateando por lo tanto, aunque con ese humor que creemos necesario, y con la mejor de la intenciones, su propia construcción de sujeto mujer. La comparación consecutiva como una burracomo una mujer africana, se presta por otro lado a interpretaciones semióticas en absoluto necesarias, más bien todo lo contrario, nos retrotraen a aquellos fantasmas colonialistas inyectados desde la educación más básica al que por suerte escapan juventudes actuales que precisamente por ello y aunque nos duela, no veneran la identidad.

Un poco más adelante leemos:

“…Eso es lo que les ocurre a las mujeres casadas que no se comen un rosco, que se quedan enseguida embarazadas. Debe ser porque se entregan al polvo con muchas ganas y eso facilita la fecundación. Esto no lo he improvisado sobre la marcha, he leído estadísticas sobre el particular6…”

Teniendo en cuenta que el relato está escrito desde una primera persona con todas las claras características de personaje referente y un gran bagaje que vuelve a esta protagonista muy cercana a las lectoras, estas afirmaciones no resultan excusables.   Pueden extrapolarse del discurso meramente literario, donde como se mencionó al principio, lo real e imaginario se funden, donde por lo tanto no tienen cabida los posicionamientos.  No obstante, aun en el texto más surrealista, se vislumbra algún que otro tipo de posicionamiento, y es por ello que este relato es, como cualquier otro texto, susceptible de crítica en su discurso, cuando se pretende transmitir una idea más allá del humor patético y la ironía.   Es la idea del discurso final la que debe ser puesta en cuestionamiento:  Mujeres casadas que no se comen un rosco, que se quedan enseguida embarazadas.  Aquí estamos frente a otro tipo de fantasma que ataca directamente a las mismas, el fantasma de la abuela que culpa a su nieta, librando por completo al huidizo progenitor como ente del todo ajeno al mea culpa en el proceso.  El estereotipo milenario de la chica joven y embarazada, que además es sexuada y por lo tanto, merece el castigo, trasladado a pleno siglo XXI.  El embarazo como represalia del deseo sexual femenino.  El Malleus Maleficarumtodavía increíblemente presente en voces que pretenden ser liberadoras.  Aunque la narradora se coloca en el cuerpo de una obrera, son evidentes los ecos de tópicos identificatorios que escapan a esta clase, rechina la identificación narradora-obrera por ser los argumentos de la primera demasiado conocidos,aunque no por ello digeridos.

Esto no implica que las mujeres obreras no cuestionen embarazos precoces desde una perspectiva crítica, lo cual es por otra parte fundamental.  Lo que pongo en cuestión es que esta línea de pensamiento es la que perdura desde Eva hasta nuestros días, donde las mujeres se autoinculpan en la procreación, dejando impunes a los hombres, lo cual en el fondo es una construcción de clase educada y sobreeducada, ni mucho menos marginal. Pero que en este relato en específico se coloca en una voz al margen, que no habla con voz propia en todas las instancias y por lo tanto es invisibilizada e invisibilizadora  a su vez de otras voces.  Es un discurso típico, asumido como liberador en aspectos importantes como puede ser la amplia gama de significados anti normativos que expone la protagonista en muchos aspectos, pero que no aporta desde una perspectiva de la igualdad de géneros feliz por no tener en cuenta a la diferencia dentro del género minoritario.  No colabora tampoco en la eliminación de diversos mitos que condenan el actuar de las mujeres, y que por lo tanto no ayuda a borrar los innumerables tabúes sobre la sexualidad de las mismas, sino que los fortifica.  Aunque esta voz protagonista sea ficción y trabajada con grandes matices desde lo ambiguo y lo irónico, es patente una exposición de valores algo homogénea, que se burla, que subestima, generaliza y juzga, pero sobre todo que no incorpora un sentido nuevo al objeto-sujeto burlado, sino que lo utiliza en un tratamiento del mensaje sarcástico, del mismo modo que el discurso establecido.

Es así que el cliché usado hasta el cansancio de la persona occidental disfrazada de persona negra danzante, el mito de la africana explotada, como si se hablara de una única identidad, la embarazada con sentido de culpa,entre otros, son utilizados de modo que la lectura se vuelve en ocasiones equívoca, por ser ideaciones potentes que han afectado y continúan afectando en la vida de millones de mujeres, y son expuestos sin la vuelta de tuerca necesaria en este tipo de discursos cuestionadores, sin ese plus que convierte al escrito en algo innovador.  Hay quien sostiene al respecto, permitiéndome un stop importante y polémico, que la palabraholocausto debería ser utilizada de manera mucho más restrictiva de lo que es usada en la actualidad, que se toma de manera muy generalizada para hablar de eliminación, precisamente por un respeto a las víctimas.  Recalco que pese a la sutileza, emotividad, detallismo, y atención de Elvira Lindo en agenciar a una protagonista barrendera, dotándola de elementos casi heroicos, y a pesar también de su esfuerzo en colorear el relato con una entrañable y poco habitual jocosidad; se echa de menos en el texto esta misma conciencia para el resto de tantas otras que aparecen de alguna manera en la novela.  Para aquellas casadas a las que se aplica la burla a lo largo del relato pero que agudizando el prensado, veríamos que no se amoldan al estereotipo tan fácilmente, por ejemplo.  También se extraña, una vez que el inexplorado tema del lesbianismo entre amigas se presenta en la novela femenina de una manera natural, como ocurre en el texto que aquí se analiza, una concepción más caleidoscópica, que no dé lugar a maniqueísmos o colores opuestos que tanto abundan en la literatura oficial.   Es por ello que empezando por los ojos, se hace urgente más que nunca poner el oído presto a la escucha, de todas esas voces que todavía no tienen permitido hablar.

 1 hooks, bell. Ain’t I a Woman?: Black Women and Feminism: “One of the twenty most influential women’s books in the last 20 years” by Publishers Weekly 1992. La eliminación de mayúsculas en nombre y apellido es elección de la autora.  Fuente: wikipedia.

2 Lindo, Elvira: Una palabra tuya, Barcelona, Círculo de lectores, 2005, p. 16.

3  Lindo, Elvira: Op. cit., p. 30.

4 Rodríguez Magda, Rosa María: Foucault y la genealogía de los sexos, Barcelona, Anthropos, 1999, pp. 52-57.   Cit por Lola Luna, La historia feminista del género y la cuestión del sujeto, Barcelona, Mujeres en red, 2002.

5 Talpade, Chandra: Bajo los ojos de occidente. Academia Feminista y discurso colonial*Artículo publicado en: Liliana Suárez Navaz y Aída Hernández (editoras): Descolonizando el Feminismo: Teorías y Prácticas desde los Márgenes, Madrid, Ed. Cátedra, 2008, traducción de María Vinós.

6  Talpade, Chandra: Ibíd.

Nota:  El texto de Chandra Talpade, me fue facilitado por mi ex compañera del Máster europeo en Estudios de Género Sílvia Alberich, a quien agradezco enormemente el acceso al mismo.

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