Herminia Luque a propósito de ‘Amar tanta belleza’, flamante Premio Málaga de Novela

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«Aun proviniendo de familia noble, al carecer de una dote apreciable, y no siendo hija natural sino prohijada –que sobre esta condición muchos desdenes y escaso aprecio recaen–, las posibilidades de encontrar marido parejo a mi calidad eran bien reducidas. Aunque esta circunstancia no desfavorecía mi forma de ser, pues mi natural repugnancia hacia el matrimonio era más que notable y andaba pareja con mi afición a las letras».

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Amar tanta belleza, de Herminia Luque.

Herminia Luque (Granada, 1964) es profesora, escritora y ensayista. Tras sus novelas Bitácora de Poseidón (2010), El códice purpúreo (2011) y Al sur de la nada (2013), ahora, con su último trabajo, Amar tanta belleza, ha conseguido el Premio Málaga de Novela 2015. Dos figuras reales del Siglo de Oro, las escritoras María de Zayas y Ana Caro de Mallén, protagonizan esta perturbadora novela de la que el jurado destacó lo fidedigno de la reconstrucción de la época, y la amenidad de un relato que “se cuela en la piel de los personajes”.

Amar tanta belleza.  Herminia Luque.  Editorial FJML, 2015.  272 páginas. 19,00 €

Todo comienza con un macabro hallazgo: tras el muro de una casa ha aparecido el cadáver momificado de una mujer; en los ropajes de la emparedada puede leerse (bordadas en hilo carmesí) unas misteriosas palabras: “Mi hermano me puso aquí”. En el Madrid de 1637, doña Ana Caro llega a la capital del reino para dar impulso a su carrera literaria. A partir de los documentos encontrados por una profesora universitaria se narran las apasionantes peripecias de las dos escritoras, a la vez que se va haciendo un retrato del contradictorio mundo de la cultura en el Barroco.

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P.- ¿Qué ha supuesto para su trayectoria como novelista ganar el Premio Málaga de Novela?

El espaldarazo que necesitaba mi labor creativa. Un premio de esta categoría aporta una enorme visibilidad a una obra en un panorama literario caracterizado, paradójicamente, por la sobreabundancia y la escasez. Sufrimos la hiperoferta descentralizada y multiforme que aportan los nuevos formatos electrónicos (las nuevas formas de edición y distribución, los mutantes modos de leer también), y la precariedad de los itinerarios para la creación con un cierto nivel de exigencia. No hay oficio más anómalo que el de escritor, el cual muchas veces ha de optar entre escribir lo que supuestamente demandan los lectores, o escribir lo que le da la real gana, que es más o menos lo que he hecho yo.

P.- ¿Cómo y por qué se produce su acercamiento a las figuras de María de Zayas y Ana Caro?

Estaba documentándome para otra novela, ambientada también en el siglo XVII, pero en otro contexto geográfico, y buscaba un personaje femenino que hubiese publicado algo. Y aunque encontré alguna referencia interesante, me di de bruces con el poderío literario de María de Zayas, autora de unas novelas (tachadas en muchas ocasiones de escandalosas) en las que se cuestiona el papel de las mujeres en la sociedad de su tiempo. Mujeres doblemente subordinadas: plegadas a los intereses de los hombres y a las limitaciones de una sociedad estamental. De la vida de María de Zayas, además, tenemos muy pocos datos y eso me daba la oportunidad de fabular a mi antojo. Abandoné entonces el otro proyecto y escogí a María de Zayas y Ana Caro como protagonistas. Ésta última, otra mujer singular autora de una obra de teatro cuyo título es ya una declaración programática, como es Valor, agravio y mujer. En ella, su protagonista, Estela, se viste de hombre y se planta en Flandes para vengarse del amante que la ha seducido y abandonado.

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Herminia Luque.

P.- ¿Cree que ha habido discriminación de género a la hora de valorar y criticar la producción de mujeres, como es el caso de sus dos protagonistas?

Por supuesto. No hay más que acudir a las biografías de autoras no tan lejanas como Emilia Pardo Bazán (muere en 1921, no hace ni un siglo), que fue vapuleada por ser mujer –‘literata’ era el término, cargado de connotaciones negativas con el que se descalificaba a las escritoras–. Un eminente crítico como Leopoldo Alas Clarín descalificaba una de sus novelas tachándola de “antipático poema de una jamona atrasada de caricias”.

P.- ¿Pasiones, intrigas y crímenes son ingredientes de éxito en una novela?

Son tres ingredientes que apelan a cosas muy humanas, elementalmente humanas como son el amor, la muerte y la curiosidad por saber –por saber del vecino más que de física cuántica, claro–. Pero en sí mismos, estos ingredientes no garantizan nada: ni que la novela sea buena ni mala ni un éxito ni un fracaso. Y al éxito hay que ponerlo en su justo sitio. Porque el éxito sin calidad no vale nada: ¿quién se acuerda de los folletinistas del XIX, que hincharon de ganar dinero? O, mejor dicho, vale exactamente lo que vale, su traducción en numerario… Pero la literatura debe aspirar a algo más, a ser algo más, para sus contemporáneos y para las generaciones futuras. Y lo demás son leche y habas.

P.- Para poner en pie su novela, introduce al lector en el ambiente cultural del Barroco. ¿Nos puede sorprender?

Sorprende que en una sociedad inmersa en un deterioro económico gravísimo, con unos índices de analfabetismo que ponen los pelos de punta –todavía a mediados del siglo XVIII sólo sabía leer un 30% de la población masculina, y un 4% de la femenina–, hubiese una explosión de creatividad literaria y artística semejante. Escritores de la talla de Góngora, Cervantes, Lope; artistas como Velázquez, Zurbarán, Alonso Cano, figuras todas de importancia universal.

P.- ¿A qué obedece el título de la obra?

A unos versos de María de Zayas incluidos en su segunda colección de novelas, Desengaños amorosos, que dicen así: «Así gasta, llorando / su bien perdido tiempo / que amar tanta belleza / gloria es, que no tormento». Toda una teoría del amor que se infiltra en su poesía, paradójicamente mucho más optimista con respecto al amor que el conjunto de sus narraciones propiamente dichas. En éstas, las mujeres son perdedoras natas: siempre pierden en el juego del amor, juego de poder al fin y al cabo. Y las digresiones de doña María no dejan ningún género de duda acerca de su pesimismo sobre las condiciones de vida de las féminas de su tiempo. La práctica desaparición de su memoria por poco no acaba dándole la razón del todo.

P.- ¿Qué está escribiendo actualmente?

Ensayo, un género al que también he dedicado buena parte de mis energías creativas. Próximamente será publicado Siempre guapa. El imperativo estético en la sociedad contemporánea, libro con el que obtuve el XV Premio de Ensayo Carmen de Burgos. Y una nueva novela también se dibuja en el horizonte… Aunque todavía me encuentro apresada en las maravillas de la literatura y el arte del Barroco; me costará salir de tanta belleza.

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