Los feminismos negros y las cantantes de jazz

Por Sara Plaza Serna.

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Bessie Smith (1894-1937)

Si hablamos de jazz, hay que mencionarlas a ellas -sus voces, sus letras y su fuerza-: Billie Holiday, Ma Rainey, Ella Fitzgerald y, por supuesto, “la emperatriz” Bessie Smith, una mujer negra que siguiendo los pasos de la que fue su referente, Ma Rainey, se impuso como una de las grandes voces del jazz y el blues, alcanzando una fama y un respeto que solo las cantantes de jazz podían lograr en un mundo racista y de hombres como era la América de los años 20 y 30.

Sus letras relatan la crudeza de la vida de una mujer negra en esa época. El maltrato y la discriminación por partida doble: por raza y por género. Sin pelos en la lengua y con un lenguaje directo, Bessie Smith y todas las cantantes de jazz pudieron hablar sobre temas que en otro contexto hubieran estado vetados. Por ejemplo, Strange fruit, de Billie Holiday, canción donde se habla de los negros que aparecían colgados de los árboles. O también I used to be your sweet mama, de la propia Smith, en la que canta la tormentosa relación con un hombre que la maltrata. Precisamente esta canción, llena de poder y fuerza, fue el título que Angela Davis, uno de los nombres más importantes de los feminismos negros, eligió para el que probablemente sea su libro más conocido. En él, esta activista pone en cuestión la universalidad del feminismo que habían defendido anteriores pensadoras como Simone de Beauvoir. Davis asegura que el discurso feminista pronunciado hasta la fecha estaba dirigido a las mujeres blancas y burguesas y que en él quedaban excluidas las mujeres de otras razas y lugares. Los feminismos negros defendían que no todas las mujeres sufren la misma opresión, la raza también es un factor de discriminación y, por tanto, las mujeres son excluidas doblemente. Esta visión multiplicó los puntos de vista del feminismo y demostró que no se puede hablar en nombre de todas las mujeres cuando otras voces minoritarias no han sido incluidas. Gracias a este texto, posteriormente surgieron otros discursos como los de los homosexuales o transexuales que también pudieron denunciar la discriminación que sufrían por su condición alejada de la normatividad que dicta el patriarcado.

En su libro, Angela Davis sitúa a las cantantes de jazz como Ma Rainey o Bessie Smith en el centro de su discurso ya que, como señala, ellas fueron las que sacaron a la luz sin tapujos y con voces irremplazables temas que afectaban a las mujeres negras. Fueron ellas las que cantaron a la esclavitud y demostraron que no son esas mujeres débiles de las que hablaban autoras blancas reconocidas. Fueron ellas quienes hablaron sobre el maltrato que sufrían en sus casas, pero lo que es más importante, fueron ellas las que cantaron cómo escaparon de esa sumisión y alzaron su voz. Por desgracia, en la mayoría de los casos y a pesar de haber logrado fama y respeto, sus vidas personales sí estuvieron marcadas por esa doble discriminación. En el caso de Bessie Smith, su muerte aún hoy no está del todo clara, pero muchos biógrafos han apuntado a que no fue atendida en el hospital tras ser atropellada porque se trataba de una mujer negra. También Billie Holiday tuvo que hacer frente a una infancia marcada por la violación y una vida plagada de excesos que la llevó a pasar por prisión una temporada. No obstante, resulta curioso que en una sociedad tan racista y machista como la de aquel entonces, estas mujeres llegaran a alcanzar tanta fama y lo hicieran gracias a sus voces. Consiguieron ser valoradas por su profesión y contaban con el respeto de otros grandes de la talla de Louis Armstrong o Ray Charles. Por ejemplo, Ella Fitzgerald, cantante a la altura de un tal Frank Sinatra, cantó a dúo con Armstrong la inolvidable Summertime.

El discurso que se venía haciendo desde la Europa burguesa, el de que la mujer debía dejar de ser sumisa y dependiente del hombre y conseguir valerse por sí misma; el que afirmaba que la mujer debía despojarse del concepto de género pues lo femenino era sinónimo de debilidad y sensiblería, si bien era muy necesario en la Europa de ese momento, no podía ser considerado un alegato feminista universal. Y las mujeres negras como Angela Davis y estas divas del jazz vinieron a recordarlo contando su experiencia. Una mujer negra no se identifica con el adjetivo débil, porque son ellas las que han aguantado la esclavitud en condiciones casi imposibles. Ellas trabajaban de sol a sol como cualquier hombre, incluso estando embarazadas, incluso cuando acaban de parir y llevaban los bebés a la espalda. Los feminismos negros enriquecieron el feminismo y consiguieron que se avanzara y se incluyera otras voces. Y las divas del jazz tienen buena parte de la responsabilidad de esto. Les debemos mucho, por su legado en la lucha feminista y por su música y sus voces inolvidables.

Por eso, aunque el jazz sea siempre una buena opción, hay que animarnos a oír las canciones de estas “ladys” del blues y escucharlas, pero esta vez de verdad, sabiendo qué se esconde detrás de esas voces desgarradas y de los pianos y las trompetas del fondo.

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