‘Paciencia’, de Daniel Clowes. Psicopatías futuristas

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pacienciaPor Rubén Varillas (@littlenemoskat)

Se esperaba la publicación de Paciencia (Fulgencio Pimentel, 2016), la última obra de Daniel Clowes, con una expectación inusitada en el mundo del cómic. El libro se presenta con el rostro de una mujer rubia, que nos mira con gesto áspero desde una portada colorista, centrífuga y psicodélica, alejada de las estampas costumbristas de otras obras (aunque, como pudimos ver en Ghost World, David Boring o Wilson,  Clowes ha recurrido con frecuencia al primer plano o al plano entero de sus personajes a la hora de presentar sus cómics). Más tarde, descubriremos que la cubierta de Paciencia responde a la personal interpretación “clowsiana” de una posible estética futurista.

Comenzada la lectura, adivinamos también que Paciencia no es una virtud bíblica, sino el nombre de la protagonista del cómic. La obra arranca, como suele ser marca de la casa, desde la normalidad anodina de unas vidas cualesquiera: las escenas cotidianas de unos tipos grises (la pareja protagonista formada por Paciencia y Jack), que sobreviven a sus pequeñas miserias existenciales y a las apreturas que les impone el siempre opresivo entorno urbano. Nada nuevo. Sin embargo, el lector de Clowes sabe que en sus historias los personajes suelen esconder casi siempre un lado oscuro o enfermizo, y secretos biográficos que en algún momento de la historia les acosarán como un animal que regresa de su pasado. En los cómics del estadounidense todo y todos parecen normales hasta que dejan de serlo, hasta que descubrimos un rasgo en la personalidad de sus personajes que deja de ser racional o hasta que sucede algo que nos sacude y nos saca de la rutina narrativa de un guantazo. Es el extrañamiento: uno de los rasgos más reconocibles de la narrativa contemporánea (como bien saben Lynch o el mismo Clowes).

Cuando la historia implosiona, los aspectos convencionales de la narración y de sus protagonistas se empiezan a filtrar a través de un espejo deformante, que parece devolvernos una sociedad mucho más turbia, enfermiza y grotesca; pero en la que, en el fondo, todos somos capaces de reconocernos y adivinar situaciones y entornos mucho más familiares de lo que nos gustaría. Una vez desencadenada la crisis (en este caso con un acontecimiento muy definido que no vamos a desvelar aquí), empezamos a reconocer en Paciencia a la galería de sujetos inadaptados e individuos perturbados y antisociales que sólo despiertan en nosotros sensaciones como compasión, rechazo o repugnancia.

La novedad en este nuevo cómic es que, en su búsqueda de soluciones discursivas, Daniel Clowes decide recurrir a la ciencia ficción como elemento estructurador de la trama. No es la primera vez, no obstante: ya en sus inicios con Lloyd Llewellyn (un detective-pulp remedo mofo de Mike Hammer) o luego con The Death-Ray, a Clowes siempre le ha atraído el lado más kitsch y postizo de la ciencia ficción, la cara B de la serie B. Sin embargo, en Paciencia, el componente futurista (los viajes en el tiempo y las sociedades distópicas) no funciona como factor contextualizador, sino como mecanismo narrativo circunstancial que le permite a su autor indagar en la naturaleza humana y en una hipótesis que no es nueva en la historia de la ficción: ¿sería nuestro destino diferente si tuviéramos una segunda oportunidad o está el ser humano condenado a repetir sus mismos errores una y otra vez? Un what if en toda regla, disfrazado de thriller futurista.

Gracias a un extraño fluido, el personaje protagonista viaja a diferentes años de su pasado con la intención de actuar sobre él y poder cambiar un futuro que le conduzca a un presente menos desolador. Como sospecha el lector con prontitud, nada termina por ser lo que se esperaba en ese viaje anacrónico creado sobre falsas expectativas y asunciones equívocas. El ser humano es una caja llena de sorpresas. Aunque en varios momentos del cómic creemos adivinar el itinerario del relato e intuir su posible resolución, una vez más, Clowes se escapa de las soluciones convencionales y consigue implicarnos como lectores en una cadena de acontecimientos que, pese a su naturaleza disparatada, resultan convincentes dentro de la lógica interna de la historia. Con un último viaje temporal hasta el momento presente en el que arranca la narración y un oportuno cambio en el punto de vista (de la voz narrativa de Jack a la de la protagonista femenina), la historia consigue cerrar las puertas abiertas y poner orden todas sus subtramas.

La ruptura de expectativas y la huida de los lugares comunes que parecía anunciar el planteamiento inicial del cómic es una de las virtudes de Paciencia. Otra, reside en el admirable oído de Daniel Clowes a la hora de construir diálogos realistas y captar el “ruido” tecnológico y consumista de las sociedades urbanitas y decadentes en las que viven sus personajes. Unos individuos que no siempre consiguen escapar a su destino y que, en muchos casos, deambulan desorientados por su propia existencia, como viajeros en el tiempo que nunca encontraran su lugar o momento.

Algo así le sucede también al subtítulo de la obra, que aparece extrañamente desubicado en la contraportada del libro y que reza: “Paciencia. Un viaje mortal por el tiempo y el espacio a las esencias del amor eterno”. Un buen resumen.

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Paciencia, de Daniel Clowes. Fulgencio Pimentel, 2016.

Rubén Varillas: Oviedo, 1972. Doctor en Filología por la Universidad de Salamanca con una tesis acerca del lenguaje de las narraciones gráficas, es autor del libro La arquitectura de las viñetas: Texto y discurso en el cómic (2009). Además de en su blog personal (Little Nemo’s Kat), habla sobre cómics en SER Soria y también ha escrito sobre el tema en diferentes publicaciones académicas (Anthropos, Diálogos Intertextuales), impresas (Tribuna de Salamanca, FHM, ABC Color Paraguay) y online (Culturamas, Tebeosfera). Marina está en la Luna, con dibujos de Gaspar Naranjo, es su primer trabajo como guionista.

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