“La derrota política que vivimos fue primero una derrota cultural”. Entrevista a Miguel Riera, director de El Viejo Topo. Por Irene Zoe Alameda

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Portada de la revista de El viejo topo para su número de junio de 1979.

Portada de la revista de El viejo topo para su número de junio de 1979.

 

Desde que Shakespeare utilizara la figura en Hamlet hasta Rosa Luxemburgo, pasando por Hegel y Marx, el “viejo topo” es la metáfora de esas fuerzas subterráneas que alientan el progreso de forma lenta pero imparable; la encarnación de ese humanismo transformador que, de forma inesperada, emerge haciendo patentes los cambios definitivos en la superficie de la historia. Hace ahora cuarenta años veía la luz el primer número de El Viejo Topo: tres jóvenes “insensatos” (en palabras del cofundador, Miguel Riera) lograron obtener el permiso del Ministerio para publicar una revista político-cultural innovadora y underground, un trabajo colectivo que ha sabido promover el debate a lo largo de cuatro décadas de lucha, transformación, conformismo y esperanza.

 

¿Cuándo decidiste ponerte al frente de El Viejo Topo?

Al principio, en su fundación, fuimos tres repartiéndonos la responsabilidad. Josep Sarret, Claudi Montañá y yo mismo iniciamos el camino. Lo reanudé formalmente yo solo en 1993. Y digo formalmente porque en realidad el Topo es fruto de las decenas y decenas de colaboradores que han aportado generosamente su trabajo. Es un proyecto colectivo, aunque mi nombre lo encabece.

En el posfranquismo las fuerzas de izquierda eran múltiples. Nosotros pretendimos crear una plataforma que pudiera ser semilla de la unidad de acción.

 

Háblanos del criterio que rige los numerosos sellos que diriges o editas (El Viejo Topo, Montesinos, Piel de Zapa y Biblioteca Buridán)

El Viejo Topo es obviamente un sello que prioriza lo político, entendiendo esta palabra en su sentido profundo y no como politiquería. Nos interesa la reflexión más que la descripción de acontecimientos. Una reflexión que puede abarcar al conjunto de las Ciencias Sociales.

Montesinos fue un sello creado cuando abandoné el Topo, en el año 80. Ahí hay de todo: novela clásica y contemporánea, libro de divulgación universitaria, ensayo… con los años se ha convertido inadvertidamente en un sello de amplio espectro. Esa heterogeneidad, que a mí acabó por producirme cierta insatisfacción, es la causa de la creación de Piel de Zapa, donde hay solo literatura, y de alta calidad desde el punto de vista de la creación literaria.

Biblioteca Buridán pretende estar en la órbita de lo que John Brokman bautizó como Tercera Cultura, en la estela de la tercera cultura que reclamó C. P. Snow. Se trata de vincular la cultura humanística con la científica. La creación del sello fue una propuesta de Josep Sarret.

El Viejo Topo prioriza lo político, entendiendo esta palabra en su sentido profundo y no como politiquería. Nos interesa la reflexión más que la descripción de acontecimientos.

 

¿Son El Viejo Topo y Quimera -la revista literaria que editas- complementarias?

Dirigí Quimera durante sus primeros 18 años, y estoy particularmente orgulloso de esa etapa. Creo que gracias a colaboradores de un nivel extraordinario pudimos hacer una revista de gran calidad. ¿Revistas complementarias? Todo lo que circula en el ámbito cultural es complementario, nos complementamos unos a otros, incluido Culturamas; en ese sentido sí lo son.

 

El escritor y editor Miguel Riera, fundador y director de la revista El viejo topo.

El escritor y editor Miguel Riera, fundador y director de la revista El viejo topo.

 

¿Cómo se articula el vínculo entre cultura y política que propugna El Viejo Topo?

La derrota política que vivimos desde hace tiempo fue primero una derrota cultural. Entiendo aquí por cultura no solo el nivel de conocimientos, sino también la forma de entender la vida, los comportamientos en la sociedad, la forma de organizarse, los valores dominantes, la capacidad de articular pensamiento crítico, pensamiento propio. El Viejo Topo intenta estimular ese tipo de pensamiento, dar herramientas para pensar. A quien desarrolla un pensamiento crítico es más difícil que la política –mejor llamarla politiquería– le engañe. 

 

¿Puedes hablarnos sobre cómo ha cambiado el perfil de los universitarios españoles en las últimas décadas? ¿Cómo lo ha reflejado vuestra revista?

Desgraciadamente el nivel, salvo las consabidas excepciones, ha descendido considerablemente. Creo que la frase “tenemos la generación mejor preparada de la historia” es puro camelo. Naturalmente, la culpa no es de los propios universitarios, que bastante hacen con sobrevivir a la miseria intelectual que campa a sus anchas en todo el país sin ejemplos que los motiven. Es todo el sistema lo que es perverso, desde la televisión al mundo educativo. Con las consabidas excepciones, claro. En cualquier caso, es evidente que los intereses culturales, políticos, incluso artísticos de las generaciones más jóvenes están con frecuencia alejados de los de anteriores generaciones. No sé si la revista ha sido capaz de reflejar esto.

 

Primera portada de El viejo topo, de octubre de 1976.

Primera portada de El viejo topo, de octubre de 1976.

 

Háblanos de la evolución de las líneas editoriales de la revista a lo largo de estas cuatro décadas.

Cuando diseñamos el proyecto Franco aún vivía, pero no pudimos estar en quioscos hasta después de su muerte. En el posfranquismo había que combatir para alcanzar la democracia, y las fuerzas de izquierda, que eran múltiples, se tiraban los trastos entre sí, perdiendo tiempo y energías en ello. Nosotros pretendimos crear una plataforma en la que todos pudieran confluir y debatir, que pudiera ser semilla de la unidad de acción.

Después las cosas cambiaron; estábamos en democracia, una democracia imperfecta que funcionaba a trompicones, con asuntos tan feos como la demolición por intereses políticos de empresas estratégicas, navieras, metalúrgicas, etc. , o el ingreso en la OTAN. Pero se tornó irrespirable con los GAL y la corrupción. La revista tomó entonces un rumbo más crítico con el sistema. Y así hasta ahora, sin compromisos.

A quien desarrolla un pensamiento crítico es más difícil que la política –mejor llamarla politiquería– le engañe. 

¿Cuál ha sido la evolución del activismo en los últimos años? ¿Cómo se puede incitar a la participación en un momento de desapego político como el actual?

Hasta los ochenta el activismo político, cultural, sindical, etc. creció y actuó con mucha intensidad. Pero los partidos mayoritarios de la izquierda desactivaron las organizaciones desde el inicio de la transición. Las asociaciones más activas fueron perdiendo a sus mejores elementos. En el campo cultural se promovió el espejismo, como con la famosa movida madrileña, imitada en otras partes. La consecuencia ha sido una travesía del desierto que parecía eterna hasta que irrumpió un manantial que sorprendió a propios y extraños: el 15 M. A partir de ese momento todo cambió, afortunadamente. El activismo –que nunca se había ido del todo, eso es verdad– regresó con fuerza.

 

La lectura y la reflexión son ejercicios solitarios, sin embargo las redes sociales llaman a la distracción y la extroversión. ¿Hay algún modo de enganchar en la lectura a los jóvenes a través de las nuevas tecnologías? ¿Qué estáis haciendo a ese respecto?

Según las últimas encuestas casi el 40 por ciento de los españoles confiesan leer poco o nada, ni siquiera en pantalla. Buena parte de los jóvenes están enganchados y leen en las redes, algo es algo. Pero la red se caracteriza por la brevedad, el impacto, y muchas veces por la superficialidad. No creo que las nuevas tecnologías vayan a impulsar la lectura profunda, de nuevo con las consabidas excepciones.

A pesar de ello el Topo publica artículos en la red (Topo Express), y muchos de sus libros pueden leerse en forma digital. Los artículos son ampliamente leídos, pero las cifras de venta de los libros electrónicos son irrisorias.

Caos y parálisis, ¿quién dice esas tonterías? Quien lo dice rehúye el debate porque teme perderlo.

La discusión colectiva, que alentáis desde portales como La Comuna, es un modo de ejercer la democracia al más puro estilo socrático. Sin embargo, el mensaje que nos llega por doquier es que eso conduce al caos y a la parálisis política…

Caos y parálisis, ¿quién dice esas tonterías? Quien lo dice rehúye el debate porque teme perderlo.

 

Tras cuarenta años de activismo, seguramente podréis contestar a esta pregunta: ¿Hay espacio para el optimismo? ¿Avanzamos más de lo que retrocedemos?

Por supuesto que hay espacio. Cuando empezamos el Topo a los homosexuales los metían en la cárcel. Las mujeres eran propiedad de sus novios, maridos o amantes. Del aborto ni hablemos. No existía la menor preocupación por los problemas ambientales. Los derechos humanos eran frases en un trozo de papel escritas dos siglos antes, pero no existían en la práctica…. Queda mucho por recorrer, pero hemos avanzado. Y seguiremos haciéndolo.

 

www.irenezoealameda.com

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Una respuesta a “La derrota política que vivimos fue primero una derrota cultural”. Entrevista a Miguel Riera, director de El Viejo Topo. Por Irene Zoe Alameda

  1. El sueño de la verdad hace monstruos, esta famosa frase del pintor Francisco de Goya, viene a sintetizar de alguna manera la opinión manifestada por el entrevistado que, profundo observador de los resultados de la anestesia moral o etical, educativa, social, económica y de cualquier otro tipo imaginable, previsto por las “elites” de poder en la comunidad económica europea y fielmente implantado por los mandatarios electos de los partidos políticos en este país por los cuales ( no era un secreto) se reservaba á España en Europa el mismo papel que á la Cuba de Batista respecto de LOS EE.UU. y eso no se consigue en una generación ni mientras la primera este aun viva. De ahí viene el estado de cosas actual, parafraseando á Goya: la anestesia de los sentidos genera sueños en realidad..

    Fernando
    11 octubre 2016 at 7:26 am

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