“La judía de Toledo”: Lope de Vega, ausente sin aviso

Por Horacio Otheguy Riveira

Retablo de las paces de los reyes y judía de Toledo es una tragedia romántica de Lope de Vega escrita en 1615, que transcurre alrededor de 1205. Conocida mundialmente como La judía de Toledo es adaptada a los años 60 de España por Laila Ripoll, en una versión tan libre como desafortunada.

Ya desde el comienzo abruma/repele con imágenes de un noticiario con el generalísimo Francisco Franco pavoneándose en torno a una imposible monarquía cita en Toledo (imágenes vergonzantes de Fabiola/Balduino en este contexto). Ficción y realidad, pasado político que se quiere presente convulso, en un batiburrillo de intenciones y estilos en el que no se encuentran en ningún momento las variadas maravillas del lenguaje de Lope ni el talento habitual de la Ripoll, que tantas satisfacciones nos ha prodigado en sus más de 25 años de trayectoria.

Nada por aquí, nada por allá y una sensación de derrota absoluta en el espectador más entregado, ávido de escuchar la maestría de tantas escenas en torno al terrible fracaso de una pasión imposible entre un rey y una bella joven por la que abandona esposa y responsabilidades hasta, impotente, dejarla morir asesinada por intereses de estado.

Así las cosas, Lope de Vega, ausente sin aviso esta vez por decisión de quien fuera responsable de la extraordinaria versión de La cortesía de España, también de Lope, con dirección de Josep M. Mestres, o metida a fondo en la segunda guerra mundial y los flecos de la guerra civil española con un espectáculo de asombrosa precisión testimonial, El triángulo azul, coescrita (con Mariano Llorente) y dirigida en su totalidad, o Paradero desconocido, de Katherine Kressmann Taylor en torno al  brote nazi en la vida cotidiana en su apogeo de 1938 (inolvidable duelo entre Juanjo Cucalón y Juanjo Artero). El emocionado recuerdo de estos tres espectáculos tan distintos, por nombrar a los más recientes, torna especialmente dolorosa la travesía por esta fría adaptación que no resiste un análisis riguroso.

 

Penoso resultado para una tragedia con los elementos propios del romanticismo europeo y/o del expresionismo alemán, dos siglos antes de que así se consideraran estos “ismos” en la historia del teatro. Los amores entre Alfonso VIII (1155-1214), y la judía de Toledo, han ido dejando un bellísimo rastro literario hasta nuestros días. El argumento es bien sencillo. Alfonso, casado con Leonor de Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania, se enamora de una joven judía, y se encierra con ella durante siete años, desatendiendo esposa y gobierno de Castilla. La cosa se pone tremenda porque esta dejadez está a punto de ser aprovechada por enemigos de armas tomar, con lo que la reina y su hijo se ocupan de que todo el romance pase a degüello, obligando a su Majestad a volver al redil.

Existe sólo un dato histórico bajo la pluma de Alfonso X el Sabio, quien reinó un siglo después de los hechos narrados: “pagóse mucho de una judía que auie nombre Fermosa, e olvidó la muger, e ençerróse con ella gran tiempo en guisa que non se podié partir d’lla por ninguna manera, nin se pagaua tanto de cosa ninguna: e estouo ençerrado con ella poco menos de siete años… Entonçe ouieron su acuerdo los omes buenos d’l reino cómo pusiesen algún recado en aquel fecho tan malo e tan desaguisado… e con este acuerdo fuéronse para allá: e entraron al rey diziendo que queríen fabrar con él: e mientras los unos fabraron con el rey,entraron los otros donde estaua aquella judía en muy nobres estrados, e d’golláronla”.

Historia o leyenda, el tema ha sido abordado desde muy diversas épocas y por los más variados autores. La obra de Lope tiene muchos defectos estructurales pero goza de, al menos, dos versiones de gran valor como la publicada por Anaya en 1971 con edición, introducción y notas de James A. Castañeda, y la del prolífico escritor especialista en clásicos españoles, especialmente estudioso de la obra lopista, Felipe Pedraza Jiménez, editada por la Universidad de Castilla-La Mancha en 1995.

Entre otras, le siguen cronológicamente “La desgraciada Raquel”, de Antonio Mira de Amescua (1625); “La Judía de Toledo”, de Juan Bautista Diamante (1667); “Raquel”, de Vicente García de la Huerta (1778) y “Die Jüdin von Toledo”, del alemán Franz Grillprazer (1851). Otro alemán, novelista de éxito, Lion Feuchtwanger, se ocupó de la misma historia, novelándola con muy buena documentación histórica. Su Judía de Toledo se publicó por vez primera en 1955, pero tiene numerosas reediciones en muchos idiomas, auténtico best-seller en España durante largas temporadas. Asimismo se adaptó al teatro con notable éxito por el también alemán Kristo Sagor en 2012. Por último, la novela histórica “La historia de Fermosa, amante de Alfonso VIII”, de Abraham S. Marrache (2009).

Existiendo tantas posibilidades creativas sobre la base del original de Lope de Vega sorprende que Ripoll haya escrito una especialmente para esta ocasión tan poco gratificante, incluso para sus intérpretes, que navegan con rigor profesional, pero entre personajes y diálogos sin alma, casi siempre inverosímiles, para colmo rematados con anacrónicas situaciones de ambiente o, in extremis, musicales. Eso sí, Federico Aguado tiene voz y porte suficientes para sobrevolar la tragedia. Todo en él es creíble, desde la fascinación inicial ante la muchacha bañándose medio desnuda hasta la terrible derrota final. Los demás padecen marcaciones muy elementales: Ana Varela es la dura y fría reina desde el comienzo, sin desarrollo evolutivo, y Elisabet Altube tiene el imposible empeño de manejar el texto clásico en un ambiente de niña pija de los años 60, canción de la época incluida en momento de seducción. Los veteranos Marcos León y Mariano Llorente han de vérselas con planos estereotipos de intriga palaciega. Por su parte, no encajan bien el ambicioso y malvado hijo del rey (Jorge Varandela), ni Sibila, la amiga de Raquel (Teresa Espejo), por contar con personajes poco o nada desarrollados. Marcos León sí cuenta con escenas adecuadas para ejercer de vocero del pueblo con los clásicos aforismos del hombre con los pies en la tierra, aportando eficaz sentido del humor.

 

 

LA JUDÍA DE TOLEDO

Autor: Lope de Vega

Versión y dirección: Laila Ripoll

Intérpretes:

Don Blasco, David: Manuel Agredano.
Rey Don Alfonso: Federico Aguado.
Raquel: Elisabet Altube.
Sibila: Teresa Espejo.
Belardo: Marcos León.
Garcerán: Mariano Llorente.
Príncipe Enrique, Leví: Jorge Varandela.
Reina Doña Leonor: Ana Varela.

Vídeoescena: Álvaro Luna.
Música original y espacio sonoro: Mariano Marín.
Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas.
Iluminación: Luis Perdiguero.
Escenografía: Arturo Martín Burgos.

Coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Micomicón.

Teatro de la Comedia. Hasta el 26 de marzo 2017.

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