«Maria by Callas», excelente documental contado por ella misma

Por Horacio Otheguy Riveira

Desde que falleciera en París a los 53 años, María Callas ha generado muchas páginas, documentales, y algunas películas realizadas por gente prestigiosa  y ninguna ha dado la talla. Ni siquiera la dirigida por quien mejor la conoció, el director de teatro, ópera y cine Franco Zeffirelli.

Personaje perfecto para ser idealizado por haber llegado a lo más alto entre los grandes artistas del bell canto, posiblemente la más grande, y decaer fatalmente enamorada como una colegiala del hombre equivocado (el multimillonario hecho a sí mismo, griego como ella, Aristóteles Onassis) hasta morir en angustiosa desolación, como un personaggio di Verdi o Puccini.

Donde mejor se la ha retratado ha sido en el teatro, y ninguna de las dos obras se llevó al cine: Master Class, de Terrence McNally. y La camarera de la Callas, de Roberto D´Allessandro.

Las películas para cine o televisión que se han ocupado de ella han resultado muy malas como, por ejemplo, Callas Forever, inexplicablemente ridícula por su gran reparto y dirección de uno de los más grandes registas de la ópera, Franco Zeffirelli: un bodrio que intenta glosar un periodo de la vida de la diva combinado con una ficción muy artificial. Los protagonistas, excelentes comediantes como Fanny Ardant y Jeremy Irons, dicen un texto sin alma como si leyeran la lista de la compra. O peor aún, con auténticos deseos de pasar página y salir de esos decorados y olvidar que han estado allí.

En la gran pantalla rompe la maldición de la mediocridad el documental Maria by Callas (2017), dirigido por el jovencísimo Tom Volf (París, 1986), donde durante dos horas se está siempre a la altura del inmenso talento de la protagonista. Su principal hallazgo es la creación de una película testimonial sin narrador, con las voces de ella misma en diversos acontecimientos, los periodistas que la entrevistaron y unos pocos personajes como compañeros de ruta.

El relato de sus experiencias profesionales y sentimentales discurre con una serenidad y una placidez muy gratas para el admirado espectador que recibe el mejor regalo que puede pedirse —y que rara vez sucede en los biopic de los cantantes—, pues pueden disfrutarse varias arias completas sin interrupción ni intervención alguna por parte del equipo de producción.

Cada tramo de la película demuestra un amor incondicional por parte del realizador, exhibiendo el talento de la diva y sus debilidades con una delicadeza excepcional. Hay imágenes muy antiguas bien restauradas, igual que otras más recientes. Hay que tener en cuenta que falleció en 1977, de manera que el material está más basado en fotografías que en vídeos, pero lo que se ha rescatado es muy valioso y lo que se escucha tiene gran valor.

El filme está tan bien elaborado que se permite un epílogo conmovedor; hasta el último instante sentimos que convivimos con su último suspiro a través de un repertorio único que reclama la repetición de dos temas de increíble belleza: Casta Diva, de Norma de Bellini, y como coda final, La Mamma Morta de la ópera Andrea Chenier, de Umberto Giordano.

Extracto de una entrevista de Javier Estrada al director Tom Volf, publicada en Metrópoli, diario El Mundo, mayo 2018.

¿Ha sido un lujo poder incluir arias enteras en esta cinta?

¡Por supuesto! Es un regalo que quería hacer a la audiencia y que, en algunos casos, no se extienden más allá de 3 o 4 minutos. Tuve muy claro desde el principio que debía incluir esas piezas en la cinta porque es la manera perfecta de respetar tanto a su autor como a la persona que la interpreta: en este caso, Maria Callas. Es toda una experiencia poder escucharla en una sala de cine, sentado en una butaca, como si ella fuera una actriz que actúa delante de ti. Porque, al fin y al cabo, su trabajo pasaba por interpretar delante del público. Ojalá la gente salga de las salas de cine pensando que Maria ha cantado para ellos.

¿Alguien te ha comentado que Maria Callas es la fuente de la que beben todas las popstars del momento?

¡Todo el tiempo! Y estoy de acuerdo con que es una fuente de inspiración para las popstars actuales. Ella se convirtió en un fenómeno que logró que personas hicieran colas durante horas y hasta días y noches enteras para poder conseguir una entrada. A nadie le extraña hoy ver a una estrella de la música rodeada por una nube de fotógrafos y de fans. Pero, hace 50 años, sólo ella lo logró. Consiguió, además, hacer accesible la ópera. Y que los jóvenes apreciaran su música.

¿Qué te han comentado las personas que la conocieron en su vida?

Que era fascinante. Tanto las personas que la vieron durante un momento, con las que intercambió apenas unas palabras, como las que la trataron más a menudo me han comentado que Maria causaba un gran impacto. Saber por qué es un gran misterio que todavía no soy capaz de desentrañar.

Junto a Pier Paolo Pasolini, que la dirigió en Medea, versión libre del clásico de Eurípides donde la Callas fue solo una gran actriz, sin cantar en ningún momento. Por primera y única vez en su carrera.

 

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