Fotograma de La puerta del cielo, de Michel Cimino.

 

Gonçal Mayos Solsona.- A inicios del 2026, estamos en un período fronterizo, disruptivo, seguramente constituyente, que disuelve el mundo a que nos habíamos acostumbrado y quiere instituir algo que no llegamos a comprender del todo… Sin duda, tiene en Donald Trump su heraldo más contundente pero también bastante indefinido. En lo económico, productivo y tecnológico parece dejar atrás el posfordismo digital que conocimos a través de aquella palabra que nos sonaba mágica de ‘Internet’, para adentrarse en otra fórmula aún misteriosa y digna del vudú: ‘Inteligencia Artificial’…

Sabemos que los algoritmos ‘generativos’ son ya una realidad consolidada, a pesar de su novedad, mientras que los ‘generales’ no han alcanzado su versión plena, si bien presentan como una realidad futura, aún inconcreta pero desafiante e inminente.

Lo que parece estar emergiendo -sea lo que sea- también supera el relativo ordenamiento neoliberal turboglobalizado que -por extraños vínculos históricos- se institucionalizó paralelamente al estreno en 1980 de la película Heaven’s Gate, dirigida y escrita por Michael Cimino. Es una coincidencia interesante de dos buenos ejemplos de fenómenos fronterizos que vamos a comentar brevemente.

Hay que avisar que el título maravilloso y muy ambiguo (puerta del cielo) de la película coincide pero no tiene nada mas que ver con la denominación de una ‘secta ovni’ que terminó con 38 suicidios en 1997, lo cual impide asociar la secta con la potente metáfora-guía sobre lo fronterizo. En cambio, la película de Cimino nos sirve -creemos- de buena contrastación con los tiempos fronterizos que vivimos hoy.

Profundiza maravillosamente en los encantos, vaguedades, contradicciones, violencias y nostalgias nacidos de la prioridad del deseo y pasiones en la vida fronteriza, frente a las concreciones a veces brutales, las realidades tangibles, ‘l’ennui de vivre’ y por supuesto los desencantos, resultantes del principio de realidad y de la poderosa necesidad humana de orden legal. Todo cambia, nos dicen Hegel y muchos otros filósofos, cuando las cosas se constituyen en un nomos positivo, histórico, efectivo y con monopolio de la coerción.

Volviendo al contexto socio-político del momento en que Cimino filmó el fresco de vida fronteriza, compleja y contradictoria. Los economistas nos dicen que los famosos 10 puntos del llamado ‘Consenso de Washington’ instituido en los años 1980 alrededor de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, eran precisamente la desregulación del orden económico-político keynesiano construido a finales de la Segunda Guerra Mundial a partir de los famosos Acuerdos de Bretton Woods. Dentro del proceso intermitente de institución-destitución que es la historia, ¡eran un cierto paso a lo fronterizo que desmontaba parte de lo construido como respuesta al trauma bélico que llevó en 1944 a Bretton Woods!

Como vemos desestructuración fronteriza y nueva institución ordenada y regulada, se van sucediendo en la historia. Tenemos ejemplos significativos en los años especialmente convulsos de 1939-45, que cerraron la Segunda Guerra Mundial pero abrieron la era atómica y, también la ‘guerra fría’ que agonizó con la ‘caída del Muro de Berlín’ en 1989 y la disolución de la URSS en 1991. Son momentos fronterizos y complejos como ahora mismo y el período que narra Heaven’s Gate de Michael Cimino. Son momentos históricos que tienen en común una cierta naturaleza fronteriza que desconcierta y apasiona, en parte ¡porque son multiformes y en rápida transformación! Y además a nadie dejan indiferente, pues más allá de los protagonistas, también generan un sorprendente entusiasmo incluso en el público distanciado y no personalmente implicado, cosa que parece indicar que conectan con el sentido moral más profundo de la humanidad (como planteó agudamente Kant refiriéndose a la Revolución francesa).

Eso es muy claro en la magnífica película de Cimino que no obstante fue también uno de los más grandes fracasos de taquilla de la historia. ¿Será por qué nadie quiere que el arte sea tan complejo y desorientador como la realidad que lucha entre lo fronterizo y los deseos de institucionalización? Pues se le suele pedir al arte ¡y más al cine de masas! la guía iluminadora del genio de su creador, aunque luego volvamos a descubrir la inacabable polivalencia del arte y la realidad.

Seguramente por eso, la mentalidad mainstream no quiso aceptar la diversidad ¡sorprendentemente irreal! de estilos de vida que a finales del siglo XIX escindían los Estados Unidos. Y ello a pesar que Cimino consigue plasmarla visualmente con las fiestas -tan similarmente alegres como contrastadas en todo lo demás- en Harvard y en Wyoming, en la suprema institucionalización cultural y la proliferante vida fronteriza.

La película también fue difícil de digerir para muchos por la compleja y sincera denuncia de Cimino de un vergonzoso conflicto real que se produjo cuando el territorio de frontera Wyoming se institucionalizó en 1890 como el último miembro y Estado en continuidad territorial de los Estados Unidos de América. Pues, Cimino presenta una versión muy crítica y diferente del ‘sueño americano’, denunciando que no siempre la evolución de los Estados Unidos fue la culminación de la libertad. En algunos momentos, resultó más un acto oligárquico y brutal que instaura un ‘american way of life’ que pone fin a la vital espontaneidad entre las personas bajo un espíritu fronterizo donde casi todo era posible.

Pues el Wyoming anterior a 1890 responde a los cánones del mito de la Frontera y es diferente al Far West hollywoodiano. En primer lugar porqué Cimino rompe con uno de los mitos del legendario Oeste donde el héroe impone su ley de forma individual, ‘sólo ante el peligro’ o como un llanero solitario. Aunque en Heaven’s Gate existe ese héroe armado, Jim Averill (Kris Kristofferson), que es Sheriff electo, todo lo demás es muy diferente.

Como se ve en el magnífico prólogo de celebración en 1870 de la primera cohorte de licenciados de la Universidad de Harvard, Jim y su mejor amigo -el cínico, borracho y lúcido Billy (John Hurt)- son miembros de las élites llamadas a ‘guiar la nación’ (como el decano proclama oficialmente). Veinte años después vuelven a encontrarse cuando la oligárquica Unión de Ganaderos de Wyoming decide contratar a 50 sicarios para ejecutar sumariamente y fuera de todo juicio a 125 personas acusadas de ser ‘cuatreros o anarquistas’. Jim y Billy coinciden en oponerse a esa decisión pero, aún así, estarán en bandos opuestos.

Antes de descubrir esa brutal trama que amenaza su autoridad y la ley, Jim está atento sobre todo a una elegantísima calesa y su correspondiente pura sangre que son el regalo de cumpleaños para su amante Ella (Isabelle Huppert), la joven y vital líder de la empresa de prostitución más importante del condado. Para no echar a perder la celebración, Jim retrasa unas horas comunicar públicamente el terrible pogromo ganadero, gracias a lo cual podemos visualizar la ingenua alegría d’Ella y de toda la variopinta comunidad en una celebración que rivaliza en apasionamiento con la mencionada de Harvard, a pesar de las muchas diferencias.

Cuando, finalmente, Jim da la trágica noticia, la fiesta deviene una improvisada asamblea y la comunidad se divide: unos pretenden huir, otros -que no están en la lista- piensan que pueden pactar con los ganaderos y otros quieren luchar, pero no saben cómo. Al principio y un tanto cobardemente, Jim sugiere emigrar a su amante, pero -como ésta no acepta dejar sus negocios, su vida y empezar de nuevo en otra parte- se emborracha solitariamente y quiere mantener una imposible ‘neutralidad’.

De hecho la parte central de la película explica como Jim y los que no están en la lista de chivos expiatorios llegan a la conclusión de que no pueden situarse al margen de los acontecimientos, lo cual los convertiría en complices. Finalmente, la mayoría de los colonos indignados concluyen, que no han dedicado tantos esfuerzos para rehacer sus vidas en el fronterizo nuevo mundo, para aceptar una institucionalización que nazca de las violencias y claudicaciones impuestas por la Unión ganadera. Como vemos, en lugar de privilegiar el heroe solitario, desarraigado y que está alejado o por encima de la comunidad, Heaven’s Gate es totalmente coral y muestra la multiplicidad social (muchas veces contradictoria) de un país formado por distintas oleadas de inmigrantes.

Finalmente, Jim por amor, pero también por amistad sincera y fascinado por el espíritu, ética y valentía de esa gente fronteriza, da un paso más, se compromete con Ella y Nate (Christopher Walken), y lidera la resistencia al complot que (con apoyo tácito del ejército y el presidente del gobierno federal) quiere poner fin al libérrimo ‘Espíritu de Frontera’ que hasta ahora dominaba el condado.

Analicemos ahora ese espacio vago que llamamos ‘La Frontera’, que remite a una situación híbrida quizás cercana pero nunca idéntica con otras famosas fórmulas jurídico-políticas que pasamos a distinguir brevemente:. Pues ‘la frontera’ no es ni estado de naturaleza ni estado civil y no lo es en ninguna de las versiones de Hobbes, Locke, Rousseau o Kant. Ya es un orden político-social, si bien todavía no plenamente institucionalizado; pero tampoco es un estado natural de guerra de todos contra todos. Aunque se caracteriza por el hecho de que todavía cualquiera puede intentar (bajo su propio riesgo) defender su visión del mundo.

Heaven’s Gate se opone claramente a un Leviatán hobbesiano como el que quiere construir la Unión de Ganaderos, pero también muestra la necesidad de la gente de ir más allá del carácter caótico, informal y sorprendentemente inclusivo de la frontera. También apunta los límites de una sociedad donde todo el mundo tan solo se representa a sí mismo.

Por otra parte, la Frontera es una mezcla muy inestable de los tres niveles del espíritu en Hegel: el subjetivo (lo psicológico y antropológico), el objetivo (ya institucionalizado en familias, sociedad civil, moralidad y un incipiente Estado) y el espíritu absoluto (arte, religión y filosofía como expresión de la mentalidad compartida de la gente). Significativamente Jim, Nate y Ella suman inestablemente esos tres complejísimos niveles: el espíritu subjetivo por los vínculos afectivo psicológicos que los unen. Pero también la ‘eticidad objetiva’ que de alguna manera ostentan, pues Jim es un líder electo, Nate es el contratado por los ganaderos para castigar los robos y, sumados, ejercen un cierto monopolio del poder coercitivo.

Por otra parte Ella es la jefa del prostíbulo que es el principal ‘negocio’ en esa pequeña sociedad civil y -además- también quiere institucionalizarse y proclama que se casará con Jim o Nate. Éste es el primero en pedírselo ante la indecisión de Jim que (de hecho todo indica que estaba ya casado) pero que reaccionará manteniendo su amistad y apoyo con ambos, que morirán en el conflicto que asola su querido mundo fronterizo.

En muchos sentidos, el espíritu de la frontera ya se tambaleaba antes de la intervención de la Unión de Ganaderos y la trama levanta acta de su fin definitivo cuando el ejercito de los EEUU salva a los asesinos de la Unión de Ganaderos de la venganza en defensa propia de la población que -jugándose la vida- los ha acorralado a tiros. Ahora bien, incluso en ese momento limítrofe de un espíritu agonizante de Frontera, no estamos todavía ante un Estado que -en términos marxistas- sea el legitimador y servidor de la clase hegemónica en un modo de producción y estadio histórico de la lucha de clases.

Vemos pues que la Frontera civilizacional es ya una compleja bios humana que, todavía, no ha roto sus lazos con la zoe animal y biológica. Es cierto que en la Frontera los individuos viven muy cerca de la nuda vida que (según Agamben) carece de los derechos fundamentales y civiles que gozamos habitualmente. Por eso la frontera no es ninguna situación idílica y como ejemplo destacado presenciamos en Heaven’s Gate como algunos presuntos ‘ladrones de ganado’ son brutalmente ajusticiados in situ, sin juicio legal y sin posibilidad de apelación por Nate que actúa a la vez como policía, juez y verdugo.

Sobre todo, la Frontera es un estadio donde el poder constituyente persiste y es ejercido en la vida cotidiana. La Frontera se está constituyendo y reconstituyendo continuamente sin fosilizarse en ningún poder plenamente definido y que -como tal- muy difícilmente se podrá transformar en profundidad si no media alguna revolución.

Nos parece muy significativo que, en Heaven’s Gate, el momento decisivo es cuando se moviliza la práctica totalidad de los ciudadanos del condado: después de haber tenido largas dudas divisivas, los que no están en la lista de los 125 a asesinar, deciden oponerse al pogromo ilegal. Han llegado a la convicción de que, como ciudadanos, no pueden permitir que una pequeña pero poderosa oligarquía imponga violentamente su poder constituyente particular, impidiendo el poder constituyente del conjunto.

Pues, si eso se acepta una sola vez, se ha establecido un poder constituido que entroniza de facto a una minoría en tanto que soberano o leviathan hobbesiano y, a partir de ese momento, los que eran humanos libres han devenido inevitablemente súbditos por siempre más. Pues han renunciado -aunque sea implícitamente- a su propio poder soberano y democrático.

A pesar de sus muy distintos proyectos personales, el friso multicultural y de clase de Heaven’s Gate finalmente evita perderse en el variopinto libertinaje particular e informal de la Frontera, para asumir que -si ha llegado el momento de dar a Wyoming una mayor institucionalidad- ésta tiene que constituirse con el máximo consenso y sin asumir ‘hechos consolidados’ tan drásticos como la caza de ‘chivos expiatorios’.

Por tanto, el momento culminante del espíritu de la frontera que recoge Heaven’s Gate es la defensa a vida o muerte del poder constituyente de la población. Ese acto soberano, lamentablemente, es truncado porque -para desesperación de Jim y los resistentes- el ejército llega para evitar la completa victoria y venganza popular en contra de los sicarios agresores, marcando como se produce la institucionalización efectiva de Wyoming como nuevo estado.

La película de Cimino subraya el fin de la frontera con momentos terribles como la breve visualización de los cuerpos violados y muertos de las prostitutas, también los asesinatos de Nate, Ella (que significativamente ha decidido vestirse de novia) y de muchos de los que lucharon contra unos sicarios muy superiores en número y armamento. Incluso Bill muere pues sus lúcidas y cínicas críticas no gustan al líder ganadero, pero sorprendentemente sobrevive Jim, sugiriendo que había órdenes de no matarlo, tanto por el cargo oficial que ostentaba como quizás por un cierto purito de clase.

Ahora bien, las complejidades, los atractivos y también los riesgos de lo fronterizo no se limitan a cuestiones económicas, jurídicas o políticas y vienen a refutar contundentemente la tesis defendida por Billy en su discurso en el acto de graduación. Allí de forma bastante rompedora en la forma pero conservadora en el fondo, Billy viene a sostener -como cínico vástago de clase alta- que ¡en definitiva el mundo está relativamente bien organizado! Pues, toda la película muestra que eso no es así, sino más bien un caos fronterizo, donde -unas veces- se impone la fuerza de los hechos y -otras veces- los hechos de fuerza.

Creemos que Cimino busca mostrar la complejidades de la realidad, la historia y la vida que tienen sus libérrimos momentos fronterizos pero también sus institucionalizaciones formalizadas. Destacamos dos momentos existencialistas de la película que glosan esas complejidades a veces decepcionantes pero otras veces cómodas y tranquilizadoras. Destacamos solo dos.

Muy cerca del inicio, justo al terminar el magnífico baile de graduación en la Universidad de Harvard, el lúcido -y tantas veces cínicamente distante- Billy se lamenta sollozante proclamando que en adelante nada en la vida -exclama- podrá compararse con la plenitud de aquel momento. Es consciente de que -con sus compañeros de generación- ha cumplido una especie de rito de paso personal y social que marca ¡el fin de la adolescencia fronteriza para penetrar en la madurez institucionalizada, seria y férrea!

Destacamos también el breve epílogo del film: Bastantes años después del Wyoming fronterizo y sus gentes, Jim está en su lujoso yate, solitario por la migraña de su linda esposa, y evoca con profunda tristeza la pérdida irreparable del espíritu libérrimo de la Frontera, de Ella y del entusiasmo que vivió en el edificio eternamente a medio construir de ‘Heaven’s Gate’.

A cambio, se ha cumplido un cierto ideal de ‘progreso’ histórico, pero con costes importantes que Michael Cimino canta apasionadamente, pero sin que haya ninguna posible vuelta atrás. Pues, cuando lo fronterizo se institucionaliza, sólo lo hace uno de sus mundos posibles. Así se autoconfigura la humanidad pues los otros posibles -como dice el título mítico- se los lleva el viento.

Y eso nos vuelve de nuevo a inicios del 2026 y a nuestra atribulada condición de turbohumanos (ver Mayos, 2023). Pues nos están pasando a la vez tantas cosas y tan aceleradas que, como patos descabezados, corremos sin saber hacia donde. Sentimos tambalearse nuestro mundo reciente y lo experimentamos más fronterizo que nunca, pero sin prever hacia donde va y qué -en él- es trinchera de lo nuevo en transformación, o bien retaguardia segura, sólida y permanente.

Supongo que así se sentía Jim -nostálgico y heroico a su pesar- al final de Heaven’s Gate, habiendo sustituido al continental, conflictivo y emergente Wyoming por el rumbo seguro de su yate en el mar de Massachusetts, a la vitalmente temperamental Ella por su languida y jaquecosa esposa, y lo convulsivamente fronterizo del pasado por el presente aburridamente instituido.

Veamos pues lo que nos depara el 2026 y si ¿por fin? vamos a aburrirnos (como auguraba erróneamente Francis Fukuyama en su famoso artículo del convulso 1989) o permaneceremos en el desconcierto coral (Mayos 2020) y fronterizo donde lo nuevo todavía no ha nacido y lo ya muerto se resiste monstruosamente a desaparecer.