Horacio Otheguy Riveira.

Juanjo Llorens aplica su enorme talento creando un despliegue lumínico que impacta sin deslumbrar, permitiendo que el mensaje del Evangelio de San Mateo aflore con su delicada poética humanista y a la vez su fuerte impacto de mensaje social, azotando verbalmente el totalitarismo del dinero. Un mensaje anticapitalista que afloró en los 70 de Estados Unidos y sobrevoló la intemperie alelada del mundo junto a insólitas expresiones del teatro musical como Hair y Jesucristo Superstar.

El Godspell (La Buena Nueva) es un género que los espirituales de raza negra convirtieron -con ayuda de los grandes del jazz- en punto de unión donde el fervor religioso reconcilia con la existencia, mayoritariamente dura en Estados Unidos, donde un profundo racismo -hoy enaltecido en la persecución a los inmigrantes, «esos terroristas»-. Entonces fue eclosión de un dios cercano (en el Godspell habitual todos son uno en estado de éxtasis) ante la violencia imperante en situaciones como la vivida-padecida en Vietnam, primera gran derrota de la maquinaria de guerra estadounidense, dicho sea de paso.

En esta puesta en escena de Emilio Aragón (2022) redirigida por Antonio Banderas, brillan con ímpetu y buena escuela musical diez intérpretes (entre los cuales vuelve a destacar Aaron Cobos en la creación de un personaje muy distinto al premiado en Gipsy, la anterior producción de Banderas, sin duda una obra maestra.

Producción muy cuidada en todos los aspectos técnicos, Godspell ofrece una vistosa exposición evangélica, que deriva en una muy superficial entrada en el reino de los cielos. La masa juvenil no llega a perfilar personajes de interés, y todo el discurso animado por Banderas en el programa de mano tiene el valor de un mensaje que no llega a representarse tal y como lo concibió:

Talía, la diosa del teatro ha de ser modesta y dejar que ese espacio donde ella gobierna sea ocupado hoy por un Dios que nos habla de amor, de perdón, de caridad, de humildad. Vivimos en tiempos violentos, confusos. Hoy el escenario nos invita a rememorar una lección que durante más de dos milenios no terminamos de aprender. Antonio Banderas

Sus buenas intenciones carecen de rigor escénico, bajo una dirección musical muy plana, a tal punto que las canciones circulan a toda velocidad con buenas voces, pero a menudo opacadas con sonido mal ajustado entre vocalizaciones difíciles ante el estruendo del ritmo rocjero; también se difuminan en el montón algunos temas antaño muy populares, sobre todo: Día a día y Preparad el camino.

 

Gabriela Salaverri es la responsable de un notable vestuario, mientras Juanjo Llorens firma la iluminación: un trabajo minucioso que logra aportar emociones muy por encima de la música y la puesta en escena. (Foto: Antonio Castro).

 

Ferrán Fabá, excelente cantante en una interpretación lastrada por la penosa puesta en escena, ya que a fuerza de abordar a un Jesús de andar por casa… su labor resulta monótona, carente de matices y la necesaria garra para lanzar un mensaje revolucionario, tan potente ayer como hoy, que en su nombre se cometen las mayores tropelías. (Foto: Antonio Castro).

 

Banderas con su equipo de jóvenes talentos, a quienes les organiza un saludo final con pleno lucimiento individual y en conjunto. (Foto: Antonio Castro).

 

GRAN TEATRO PAVÓN DEL 25 ENERO AL 1 DE MARZO 2026