
Foto: Joaquín Puga
Nacida en Jaén y residente en Granada, la poeta Mónica Doña inició su andadura como cantautora y fue incluida en la Primera Antología de Cantautores Andaluces donde figura, entre otros, con Joaquín Sabina, Carlos Cano y Javier Ruibal (1986).
Ha publicado los poemarios Nueve Lunas (Cuadernos del Vigía 2000), La cuadratura del Plato (Premio Internacional de Poesía Vicente Núñez 2011), Adiós al mañana (Dauro 2014), ¿Quién teme a Thelma & Louise? (Finalista del Premio Andalucía de la Crítica. Renacimiento 2017), Mundo Fantasma (Juancaballos 2020), Oscura Hierba (Sonámbulos 2023) y Soles de medianoche (I Premio Internacional Gonzalo de Berceo. Renacimiento, colección Calle del aire 2025). Es coautora de La caja de Música de Erik Satie (Allanamiento de Mirada 2018) y Esta voz que me escribe (‘La Edad del agua’, Ayuntamiento de Iznájar 2022).
Su obra también aparece recogida en multitud de antologías y Proyectos Poéticos: Multipoetry Cracovia (Unesco 2015), Todo es poesía en Granada (Esdrújula 2015), Caballo del Alba. Voces de Granada para Federico (Diputación de Granada 2018), De la intimidad. Antología Homenaje a Teresa de Jesús (USAL-Renacimiento 2019), Poetas actuales en sus propias voces. Antología audiovisual (UNED-Madrid 2020), Distopía en femenino (El Envés 2023), Maternidad (Renacimiento 2024).
Javier Gilabert: Te presentaste al I Premio Gonzalo de Berceo con Soles de medianoche, una obra que el jurado definió como madura, profunda y luminosa. ¿Qué te movió a escribir y a lanzar este libro justo en este momento de tu vida y carrera poética?
Mónica Doña: A la hora de escribir un nuevo libro siempre me mueve la necesidad. Aunque en este caso, la idea llevaba bastante tiempo rondando mi cabeza y le daba largas. Tuve que romper prejuicios, resistencia personal a decir ciertas cosas. Fue una lucha interior dura hasta que conseguí vencerla. La escritura también resultó difícil, pero aquí está el libro y ver el resultado me produce liberación.
Veni, vidi, vici [risas]. ¿Es cierto que el primer y el único certamen al que enviaste el manuscrito fue el Gonzalo de Berceo? ¿Por qué este premio?
No pensaba presentarlo a ningún concurso, pero cambié de idea al ver que nacía un nuevo premio dedicado a Gonzalo de Berceo, un semidiós para mí. Y envié el manuscrito, guiada por la intuición. De hecho, no lo envié a ningún otro premio. Cuando me llamaron para decirme que Soles de medianoche había ganado, no me lo podía creer. Más que una gran sorpresa me pareció un milagro. Sí, “un milagro más de Nuestra Señora” escrito por Berceo (risas).
¿Ha supuesto este libro un desafío particular en cuanto al enfoque, el ritmo o la revisión respecto a tus poemarios previos? ¿Por qué describiste este trabajo como el más difícil y especial para ti hasta la fecha?
Como te expliqué antes, claro que ha sido un desafío, si se quiere expresar así. El enfoque es distinto a otros poemarios porque hay cambios de perspectiva, la revisión fue tan exhaustiva que alguien me dijo ‘no lo revises más que lo estropeas’. Considero que es especial para mí, porque ha cambiado mi forma de ver la vida y la muerte. Podría decir que es ‘una vuelta de tuerca’ en relación a todo lo anterior.
Indagar en lo invisible a nuestros ojos fue un fructífero juego poético
El libro reúne cerca de cincuenta poemas en cuatro secciones (“Humano y feroz”, “Lo invisible”, “Noctámbula” y “Soles de medianoche”) y explora la violencia, la condición humana, la belleza, lo simbólico y la maternidad. ¿Qué claves o paisajes internos recomendarías para entrar en tu universo poético?
Los títulos de las secciones, creo que se ajustan a ese cambio de perspectivas usado para explorar lo humano desde el origen —que me llevó a estudiar antropología—. Indagar en lo invisible a nuestros ojos fue un fructífero juego poético. Y la vida nocturna que está como ausencia de luz diurna o natural, me llevó a la invención de esos “soles de medianoche” íntimos y necesarios.
Mi única obsesión es no caer en el hermetismo
Las secciones del libro permiten recorrer la violencia, el instinto, la maternidad y el pensamiento filosófico. ¿Hay alguna obsesión recurrente en toda tu obra?
En mi escritura poética, siempre procuro ponérselo fácil al lector. Por eso me gustó mucho el breve análisis que hizo el Jurado cuando dijo que mis poemas «son de formas abiertas, expresión directa y finales rotundos». Mi única obsesión es no caer en el hermetismo.
Cualquier poema debe ser radical en sí mismo
¿Qué papel desempeña la estructura o la disposición de los poemas en el volumen? ¿Fue algo deliberado o más intuitivo durante el proceso de creación?
Para estructurar un libro pienso en la coherencia, pero también me dejo llevar por la intuición. A veces me pongo en actitud de lectora. En la actualidad se valora mucho la unidad temática. Hay que tener cuidado con eso porque puede llevar a la “corrección política” del poema que rompe su libertad expresiva. Ya nos avisó Ángel González sobre los peligros poéticos del tema. Cualquier poema debe ser radical en sí mismo.
En este libro hay hilos visibles o sugeridos que pueden conectar unas secciones con otras.
Mi particularidad responde a una necesidad constante de aprendizaje
¿Identificas en Soles de medianoche continuidades con libros como Nueve lunas, Oscura hierba o Mundo fantasma? ¿Has querido romper o reafirmar alguna faceta de tu escritura aquí?
No reniego de ningún título anterior a éste. He escrito siempre lo que me pedía el momento vital que atravesaba. Con el tiempo se adquiere oficio y algo más. En este libro se intenta mirar más hondo y surgen nuevas preguntas. Quizá mi particularidad responde a una necesidad constante de aprendizaje.
Te pongo en un aprieto: Si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Soles de medianoche’, ¿cuáles serían?
No suelo destacar mis poemas según mi gusto personal que además es cambiante. Prefiero que el libro empiece a rodar y que sean los lectores quienes elijan los suyos. Aunque el libro es muy reciente, te daré tres títulos que veo repetidos en los mensajes que voy recibiendo: “Cráneo 17”, “No le regales flores” y “Dibujar el aire”.
Al pasar de la canción al poema tuve que luchar muchísimo contra las rimas
Has transitado por la música, la canción y la creación poética. ¿Cómo dialogan en ti canto y verso? ¿Hay elementos musicales en la construcción de tus poemas o en la forma de decir tu poesía ante el público?
Difícil respuesta, casi imposible. Supongo que hay trasvases al pasar de un género a otro. Pero solo te puedo contestar de forma anecdótica. Por ejemplo, al pasar de la canción al poema tuve que luchar muchísimo contra las rimas. Por otra parte, yo vengo de una familia musical y componer canciones siempre fue fácil, Sin embargo, el poema me exigía mucha disciplina y no estaba preparada. Me costó tiempo de aprendizaje saber de verdad qué era hacer un poema. Además, mi formación académica era científica. En las lecturas públicas sí puede haber otro trasvase. Creo en la comunicación oral, ya sea cantando o leyendo.
Ganar el I Premio Gonzalo de Berceo entre más de mil seiscientas obras es, sin duda, un hito. ¿Cómo valoras el papel de los premios a la hora de visibilizar una voz y de consolidar trayectorias poéticas?
Un premio no es una panacea. De hecho, hacía bastantes años que no me presentaba a ninguno porque ya no los necesitaba para llegar a las editoriales. Y esos galardones que en principio son una gran alegría, pasado el efecto suponen una responsabilidad y mucho trabajo. Si me presenté a éste es porque me hacía señales —aunque parezca esotérico— [risas]. Me presenté porque al ser nuevo me ofrecía confianza, porque se editaba en la Colección de Renacimiento “Calle del Aire”, una de mis favoritas, y porque adoro a Gonzalo de Berceo.
El poeta no se cataloga a sí mismo
El simbolismo y la claridad conviven en tu poesía. ¿Cómo llegas a ese equilibrio formal y temático?
De la claridad ya hemos hablado. Pero cuando veo cualquier ismo tiemblo.
No me gusta intelectualizar mi trabajo. No sé por qué se nos pide a los poetas que hagamos discursos teóricos sobre nuestra escritura. Claro que habrá rasgos simbólicos, pero el poeta no se cataloga a sí mismo.
Eres jiennense, hija adoptiva de Úbeda y residente en Granada. ¿Qué papel juegan esos territorios y sus referentes en tu sensibilidad poética?
Nací en Jaén, viví en Úbeda y acabé en Granada. Todos los territorios dejan huella para bien y para mal. Y algunas seguimos buscando poesía en donde nos toque seguir respirando.
Por último, como lectora, ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión”?
De María Elena Higueruelo, poeta interesantísima que también procede de Jaén. Llegan hondo los poemas de una mujer joven con una formación académica integral: es matemática y filóloga. Su poesía es potente, pero como ella misma, no hace ruido.
***
Tres poemas de Soles de medianoche
CRÁNEO 17
Leí que en Atapuerca
hay un cráneo con signos de violencia.
Dos impactos iguales en el hueso frontal
dieron lugar a sendos agujeros
que causaron la muerte.
Los investigadores y sus pruebas
otorgaron permiso a los diarios
para dar la noticia del hallazgo
que el titular nombró como siniestro:
PRIMER ASESINATO DE LA HISTORIA
El cráneo 17 fue la víctima
de un turbio enfrentamiento cara a cara
-deducen los forenses.
He mirado la cuenca profunda de sus ojos,
y la ausente mandíbula parece interpelarnos:
¿Qué hacéis aquí vosotros? Traéis olor a muerte.
Salid a que os dé el aire de este lugar que tiene
aromas de tomillo y brisa de encinares.
NO LE REGALES FLORES
Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible.
RAINER MARÍA RILKE
No le regales flores.
Hiere tanto esplendor
en esa casa enferma de tristeza.
No hacen juego con nada
el clavel, las camelias,
la extrañísima flor del paraíso.
Ella hubiese querido conocerlas
cada una en su tallo
y en el lugar en donde libres crecen.
Mas ya no tiene ganas de salir de la casa,
prefiere colocarse un delantal
que le sirve de escudo.
Vino de ningún sitio y sigue en ningún sitio.
No le traigas más flores
por vuestro aniversario.
Ella ahora es lo mismo que un animal doméstico
dócil y temeroso
que sólo alcanza a ver la oscura zarpa
de quien le acerca un ramo de belleza.
DIBUJAR EL AIRE
La hija del soplador.
DAMIEN RICE
Tienes la cara blanca y gordinflona.
Los ojos muy pequeños y tu boca,
también pequeña, sopla, sopla, sopla
en espiral abierta.
Yo soy tu hija ¿sabes?
Lo dicen las leyendas
y las canciones que no mienten.
Lo dice aquella niña
que logró dibujarte.
Ella te hizo visible y tú a cambio
le soplaste al oído su canción.
La niña fue creciendo
con su canto naciente
que en espiral abierta
se fue multiplicando hasta ser yo.

