Horacio Otheguy Riveira.

Una pieza de terror en las fauces de un catolicismo castrador. La oscuridad es otro sol, confiaba la gran poetisa del siglo XX, Olga Orozco, pero a finales del siglo XIX es el pánico absoluto ante el silencio de dios en una eterna noche en la que la suma de rezos con su buena dosis de culpa y castigo asfixia en el día a día.

—Tengo que contaros algo a ti, mamá, y a papá también. ¿Adónde fue?

—Fue a pedirle dinero para tus medicinas a tus hermanos.

—¿Tardará mucho?

—No tardará. Siempre y cuando no pare en cada una de las iglesias. Pero no, no tardará.

La hija a punto de morir de tuberculosis pulmonar tiene la revelación del tiempo perdido y la imperiosa necesidad de hablar a esos padres «que no fueron buenos con nosotras, ni conmigo ni con mi hermana». Tengo que contaros muchas cosas…

Y para ese discurso final, lleno de rabia, desesperación y ternura se produce un desarrollo singular donde las repeticiones de determinadas palabras, y el lenguaje exquisito de literato forjado en el gran naturalismo francés (Zola, por ejemplo), brindan a estos seres su único gozo en el lenguaje; son protagonistas en una novela con muchos más personajes que el talento de Mariano Llorente ha sintetizado en una adaptación teatral admirable.

Nos pone ante el horror de la miseria absoluta. Tanta, que el padre sale en busca de 150 pesetas para medicar a su única hija (la otra fue expulsada del paraíso del hogar por haberse dejado seducir por un malvado).

Así, llama a la puerta de un hijo rico, que aspira a convertirse en prestamista (Mamá, seguro que él y su mujer mataron al viejo marido, y sus falsas lágrimas a todas horas vienen del ajo que frota en sus párpados…). Si este no le da nada, el otro hijo, jesuita, le echa de la parroquia de mala manera, con la altivez de los tiranos.

Todo es de un dramatismo lacerante, un miedo cotidiano que deviene en monstruoso.

Hay aquí un logro sobresaliente en la puesta en escena, ya que las duras escenas de hambre, enfermedad y desolación entre padrenuestros y avemarías se ven complementadas con una videoescena magistral de Emilio Valenzuela, aportando imágenes que son alivio audiovisual y desasosiego bien templado por calles abandonadas a su perra suerte, entre tinieblas o ya en el desarrollo de las escenas en que Don Francisco es humillado por sus hijos -esos hombres criados a imagen y semejanza de la gracia divina-, ignorantes de mínima compasión.

Notable prolijidad de un texto cuidadoso en diálogos elaborados con la precisión de un dramaturgo, gran aliado del novelista Alejandro Sawa, ex-seminarista que murió en la miseria a los 46 años, tal y como Max Estrella en Luces de Bohemia.

El mismo año de 1888 en que se publicó Noche, se editó Criadero de curas, una perfecta continuación del ánimo anticlerical sin concesiones (que lo hace profundamente ligado a la narrativa anticlerical de los escritores de su época, y a la repugnante crisis actual de la Iglesia), en esta ocasión con el desmedido sufrimiento de un joven enviado a un seminario por su familia.

 

Minuciosas creaciones en esta vorágine angustiosa con un vigoroso naturalismo. Alberto Jiménez, Astrid Janer, Roser Pujol, cada uno en su medida logra implicarse en un juego escénico descarnado.

 

Jiménez también interpreta al cura Don Gregorio, morboso confesor de una jovencita que lo ignora todo. Una de las escenas más sobrecogedoras… que luego habrá de completarse con otra más escalofriante aún en la recta final.

 

TODAS LAS OBRAS DE ALEJANDRO SAWA

 

A ALEJANDRO SAWA
(EPITAFIO) por Manuel Machado

Jamás hombre más nacido 
para el placer, fue al dolor 
más derecho.

Jamás ninguno ha caído 
con facha de vencedor 
tan deshecho.

Y es que él se daba a perder 
como muchos a ganar. 

Y su vida,
por la falta de querer 
y sobra de regalar, 
fue perdida.

Es el morir y olvidar 
mejor que amar y vivir. 

Y más mérito el dejar 
que el conseguir.

 

Autor: Alejandro Sawa

Adaptación y Dirección: Mariano Llorente

Don Francisco / Don Gregorio: Alberto Jiménez

Paquita / Lolita: Àstrid Janer

Doña Dolores / Voz narradora: Roser Pujol

Paquito (Videoescena): Jorge Varandela

Escenografía: Arturo Martín Burgos

Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas

Iluminación: Ion Aníbal

Videoescena: Emilio Valenzuela

Composición musical: Mariano Marín

Ayudante de dirección y Espacio Sonoro: David Roldán

Ayudante de escenografía: Laura Ordás

Residente de ayudantía de dirección: Giulia De Crescenzo 

Equipo producción compañía: Joseba García e Isabel Romero de León

Producción: Teatro Español y Micomicón Teatro

TEATRO ESPAÑOL HASTA 1 FEBRERO 2026