Mila Parente

En Han cantado bingo, Lana Corujo irrumpe en la narrativa española con una primera novela que no busca agradar ni tranquilizar al lector, sino incomodarlo con belleza. Publicada en un momento en que la autoficción y la memoria familiar ocupan un lugar central en la literatura contemporánea, la obra destaca por su mirada oblicua sobre la infancia, entendida no como paraíso perdido, sino como un espacio de grietas, silencios y culpa.

Han cantado bingo - Lana Corujo

Han cantado bingo – Lana Corujo | Instagram

La novela se articula alrededor de la relación entre dos hermanas que crecen en Lanzarote, en un entorno marcado por el paisaje volcánico y por un suceso traumático que la narración va rodeando sin nombrar del todo. Corujo opta por una estructura fragmentaria, construida a base de recuerdos, imágenes y escenas breves que funcionan más por acumulación emocional que por desarrollo argumental. No hay aquí una trama clásica, lo que importa es la atmósfera, la herida, la persistencia de lo no dicho.

Han cantado bingo, de Lana Corujo: lenguaje clave

Uno de los mayores aciertos del libro es su lenguaje, claramente influido por la poesía. La prosa es densa, sensorial y profundamente visual, con imágenes que se adhieren al lector incluso cuando el sentido parece resbalar. Esta apuesta estilística refuerza el tono de la obra, pero también supone un riesgo. En algunos pasajes, la insistencia en lo metafórico puede alejar al lector que busque una narración más directa o resolutiva.

El paisaje no actúa como simple telón de fondo. El volcán, omnipresente, se convierte en símbolo de una infancia latente, capaz de estallar en cualquier momento. Corujo utiliza el territorio insular con inteligencia, evitando el costumbrismo y apostando por una geografía emocional, donde el entorno amplifica el desasosiego interior de los personajes.

Han cantado bingo, de Lana Corujo

Han cantado bingo, de Lana Corujo

Han cantado bingo es, en última instancia, una novela sobre la culpa heredada y la dificultad de crecer cuando el pasado no termina de cerrarse. No es un libro complaciente ni fácil, pero sí coherente y valiente, especialmente tratándose de una primera novela. Lana Corujo demuestra una voz propia, consciente de sus herramientas y de sus límites. Se posiciona como una autora a seguir dentro de una narrativa que apuesta más por la intensidad que por el espectáculo.

Una obra que no se lee para distraerse, sino para quedarse un rato dentro, aunque escueza.