Por Mariano Velasco /
Don Juan Gómez, malagueño, de profesión titiritero – como él mismo se define en la magnífica Pensando en ti -, más conocido como El Kanka, presentó el pasado jueves 5 de febrero en la Sala Villanos de Madrid su séptimo álbum, La Calma, un disco en el que el cantautor mezcla, como es habitual en él, asuntos cotidianos con reflexiones personales y profundas, haciéndolo con ironía y esa guasa tan malagueña de la que le gusta presumir.
Me atrevo a decir sin conocerlo que El Kanka es, como aparenta ser, un tipo entrañable, normal y corriente en el mejor sentido de la expresión. Prueba de ello es el contenido de sus canciones desde el principio de su carrera y de manera especial las de este último trabajo, que nos hablan con la misma facilidad que profundidad de asuntos por todos reconocibles, que van del amor (Pensando en ti) a la muerte (Le pasa solo al resto), pasando por la amistad (Los compadres), la salud mental (Ansiedad), la reafirmación (He dicho que no) o la necesidad de sosiego (La calma).
Son un total de diez canciones que mezclan la rumba, el bolero y otros ritmos más poperos (un pareado que bien pudiera parecer de El Kanka pero que no lo es), y que en la acogedora fiesta que montó para su presentación (“sarao, guateque o fiestecilla”, no supo muy bien cómo definirlo) El Kanka fue desgranando una a una con la única compañía de su guitarra y de su muy personal voz. Bueno, y de un entrañable osito panda de peluche, el animal achuchable que le hace de merchandising y con el que bien parece identificarse.
Una voz, la de El Kanka, que si a la primera escucha puede parecer tan cotidiana como muchos de sus temas, a poquito que se le preste atención uno se da cuenta de que oculta un misterioso don, y es que te cautiva pausadamente, como hacen los buenos vinos. Lejos de superfluas filigranas vocales, este tipo sabe contar las historias con gracia y naturalidad y además, algo que se agradece especialmente en todo cantautor que se precie, es que se le entiende perfectamente.
Esta habilidad suya contribuyó enormemente a salvar con nota una de las dificultades a las que se enfrentaba esta fiestera noche, y es que, a dos horas de que saliera el disco, los allí presentes nos disponíamos a escuchar por primera vez la mayor parte de las canciones. “Me encanta ver la reacción de la gente cuando escucha una letra de primeras, hoy voy a disfrutar de eso, espero que seáis de los que vienen a los conciertos no solo a cantar, sino también a escuchar, eso es muy bonito y no debe perderse”, nos dijo.
El Kanka arrancó el concierto con el pegadizo ritmo rumbero de La apuesta, toda una enumeración de esos asuntillos cotidianos (“si me da tiempo compro tomates, ¿dónde has metido mis zapatillas?”) que tan bien se le da reflejar al malagueño, y en la que nos viene a demostrar que el amor también es, por qué no, asunto de costumbre. Siguieron la mencionada Pensando en ti, una de las pocas de las que muchos ya nos sabíamos el estribillo y nos dimos el gustazo de corearlo; y Las ganas, sobre la que explico que para él “la falta de ganas es la muerte”.
“No sé si muchos la habéis sufrido, yo sí y es muy desagradable”. Se refería El Kanka a ese estado de ánimo que da título a otra de sus canciones, Ansiedad, de la que nos ofreció sus protectores versos como refugio: “es un velo en el presente que solo se deshace si se mira de frente”.
Tras Los compadres, que presentó como “una canción sobre la amistad a través del paso del tiempo”, He dicho que no y Limpieza general, El Kanka nos cantó sus Pasitos benditos, una historia de amor en la que – advirtió – “procuré que todo fuera rotundamente cierto”. “Y atención a la letra – añadió – porque hay muchos detalles”: “bendito el novio que tenías que, aunque yo sé que lo querías, por lo que fuere no impidió que te fijaras en mí”.
Nuestro anfitrión dejó casi para el final de la fiesta La calma, la canción que da título al nuevo álbum y que con toda probabilidad resume a la perfección el espíritu del mismo: “ojalá que se cuenten por miles las caricias que empapen tu alma, ojalá que por fin encontremos la calma”. Y como colofón, que ironía, la graciosísima Le pasa solo al resto (“yo estoy en contra de la muerte”, aclaró con guasa), canción que compuso “a nivel terapéutico” desde el más allá, el pobre: “hoy me ha tocado a mí, no lo he visto ni venir”.
Y así, tirando una vez más de ironía y tal vez de la forma menos apropiada posible para acabar el fiestorro, puso El Kanka broche final al sarao, recordándonos que “a todo el mundo se le acaba el sexo” y se le acaban – eso es lo peor de lo peor – “las papas con choco”.





