Horacio Otheguy Riveira.
El nudo gordiano es una leyenda de la antigua Grecia. Gordio, Rey de Frígia, realizó un nudo imposible de desatar a simple vista. Los cabos estaban ocultos en su interior. El que consiguiera deshacerlo recibiría un gran poder y gobernaría Asia. Alejandro Magno, atraído por el mito intentó resolverlo, tras varios intento fallidos, decidió cortarlo. Eligió esa forma de solucionar el problema para consolidarse como líder. Ante una situación intrincada lo mejor era una decisión drástica.
Esta metáfora sobrevuela la pieza de Johnna Adams que plantea un espacio de conflicto entre dos mundos enfrentados ante un enigma: Gidion, un niño de once años. Personaje ausente que tiene un papel preponderante en la intensa confrontación de esta obra magistral. En ella, la profesora que lo envió a su casa durante cinco días, portando una carta para su madre, quien llega al colegio para ajustar cuentas, ya que algo grave ha sucedido con el niño.
La dirección del colegio teme una demanda, y programa un encuentro con jefa de estudios y los abogados de la institución. Un temor lógico, embriagado de culpabilidad… Mientras esto quizás no suceda nunca, asistimos a un duelo sin rodeos, tenso, pero de un dramatismo a flor de piel y, a su vez de sublime sutileza.
Un círculo que atrapa a personajes y espectadores
El duelo está planteado por Johnna Adams, una escritora estadounidense de largo recorrido, con mucha experiencia más de veinte obras teatrales, de manera que en este Nudo gordiano consolida una estructura fiel a los lineamientos del gran teatro psicosocial de su país, desde O´Neill y Arthur Miller a Tennessee Williams o Edward Albee.
Dos personajes enfrentados en un círculo sutil que avanza de manera desesperante para ambas mujeres en dramática encrucijada. La profesora con solo dos años de experiencia docente, pero profundamente tradicional en su concepción de la educación, y una madre viuda, profesora universitaria especializada en Poesía Épica Medieval, cuando solo brillaban dos verbos: follar y matar.
Poco a poco se va desvelando el mar de fondo, recibimos datos, detalles más y más escabrosos… y sobre todo permanecemos asombrados ante una emoción en constante crecimiento, a punto de explotar con violencia física, melodrama desbocado… Algo que nunca sucede, aunque la sensación del espectador es que cuanto se dice podría desembocar en todo eso que se contiene sabiamente por la autora y el director, quien logra una atmósfera de extraordinaria tensión.
Al frente, dos actrices muy grandes, con una trayectoria impecable ideológica y artísticamente: Eva Rufo (Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio, Penal de Ocaña, Bernice, Espejo de víctima…) y María Morales (Cama, 1936, Shock 1 y Shock 2, Como si pasara un tren...).
Si la mente adulta es ya un rompecabezas lleno de contradicciones y peculiaridades, la de un niño es un lugar prácticamente ignoto en donde abundan los prejuicios y los lugares comunes. Como material dramático es probablemente uno de los mas apasionantes. Está repleto de incógnitas y es un terreno de permanente pelea ideológica y cultural desde el siglo XIX. […] Una pieza, desde mi punto de vista, apasionante y misteriosa que plantea una dicotomía ante el abismo. ¿Qué hacer? ¿Cortar el nudo o intentar deshacerlo? ¿A quién corresponde esa decisión? Y sobre todo, ¿quién es responsable de sus consecuencias? ¿El sistema? ¿La familia? ¿Ambos? ¿Ninguno? Israel Elejalde

Sobre los pupitres, una clave que la profesora tarda en revelar: un cuento de Gidion que conocieron todos sus compañeros…
Autor: Johnna Adams
Dirección: Israel Elejalde
Adaptación: Paula Paz
Reparto (por orden de intervención):
Heather: Eva Rufo
Corryn: María Morales
Escenografía: Monica Boromello
Vestuario: Sandra Espinosa
Iluminación: Paloma Parra
Sonido: Sandra Vicente
Ayudante de Dirección: Rocío Peláez
Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze
El Nudo Gordiano (Gidion´s Knot) está producido mediante un acuerdo especial con Bret Adams Ltd., (448 West 44th Street, New York, NY 10036)


