Horacio Otheguy Riveira.
Podría decirse que siempre el teatro se postula a primera línea aventurera: a merced de lo que pueda ocurrir, sin previo marketing que prevea un gran éxito, el exitazo que permita seguir adelante. Ángela Conde se lanza a esta aventura como productora, dramaturga y actriz única en escena. Se rodea de talentos que la ayuden a componer, a no desfallecer, a pulir un ejercicio teatral y aquí está, a cargo de un viaje muy personal a través de un personaje muy concreto: escritora de éxito con novelas románticas que entra en una crisis creativa que va a la par de una ruptura sentimental, madre de una niña…
Una trama que rompe las ligazones con el costumbrismo imperante y la desarrolla con un elaborado trabajo de teatro desnudo: telones oscuros y un baúl que, cerrado y abierto, permitirá un juego vital, armonioso, por el cual, y alrededor del mismo, deambulan personajes que no vemos pero sentimos cercanos: hombres sin interés y mujeres de un pueblo, de su familia, de amistades, todas ellas con la dolorosa sensación de sentirse rotas… y, sin embargo, siempre listas, a la caza y captura de momentos de dicha, de abrazos firmes y buenas manos tendidas.

Sobre un baúl, el mundo por montera… Soledad se abruma o se yergue victoriosa, y al abrirlo duerme, descansa, sufre pesadillas, hace el amor que la frustra pero no la destruye…
Un viaje al pasado para entender el presente y mirar al futuro. Una historia sobre la reparación. de la memoria de las mujeres. El texto, la expresión corporal y la creación de personajes se funden para contar una historia que nace de lo personal para viajar hacia lo universal.
Todas las mujeres que habito logra un homenaje a las mujeres invisibles, las madres, las abuelas y las hijas, las que cuidaron en silencio, las que se rebelaron, las que callaron por miedo… con la imperante tiranía patriarcal arrinconándolas, hasta que ciertas grietas les hacen posible -como a la propia actriz, con 23 años de experiencia- que el sueño de asomarse al mundo se produzca con renovado fulgor.
La encomiable labor de interpretación -con sobresaliente dirección de Montse Rangel– va a por todas reinterpretando la memoria y el presente del personaje, esta Ángela Conde que soslaya la angustia con brotes de humor, y asume las voces y acentos de aquellas que la habitan.
Dirección: Montse Rangel
Actriz, producción y dramaturgia: Ángela Conde
Técnico luz y sonido: Carlos Marcos y Montse Rangel
Diseño gráfico: Paula Benítez
Música original: Enrique Vaz Oliver
Vestuario: Carmen Pedroche
Escenografía: Jorge Recio y Montse Rangel
Asesoría y acompañamiento dramatúrgico: Alejandra Jiménez-Cascón
Corrector de texto y estilo: José María Conde


