«Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verde ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña». Así comienza el famoso poema del granadino Federico García Lorca, cuyos versos cantó con voz flamenca José Manuel Ortega Heredia, conocido por todos como Manzanita.
Cada año, más de dos millones de personas se acercan a la Alhambra, que Lorca menciona alegremente cuando dice «Granada, calle de Elvira, / donde viven las manolas, / las que se van a la Alhambra, / las tres y las cuatro solas». Pero esta ciudad andaluza, cuyos orígenes se remontan a los túrdulos —un pueblo íbero prerromano—, también es tierra de cuevas.
Precisamente, en el subsuelo, se halla protegida del paso del tiempo la cuna del tablao flamenco en Granada: las cuevas del Sacromonte. Este barrio, vecino del Albaicín, acoge en su interior la esencia de las zambras gitanas, un estilo de música y danza en el que los sonidos de los cantos árabes del Medioevo dejaron su impronta.

De la persecución a la atracción turística
La zambra no se entiende sin el Sacromonte, un barrio que surge de la agrupación de judíos, musulmanes y gitanos en esta zona de la España cristiana. Por motivos religiosos, el rey Felipe II (hijo de Carlos V de Alemania y I de España) suprimió esta clase de danza en el siglo XVI.
Pese a la prohibición, los musulmanes prosiguieron con la zambra y ha llegado hasta el día de hoy como una tradición con tintes morunos que se mantiene viva en locales como Cueva Flamenca La Comino.
La tierra late al ritmo del flamenco
Una prueba evidente de la tremenda influencia que los musulmanes tuvieron en las zambras gitanas de tablaos como el que acabamos de mencionar es la definición que la RAE tiene para «zambra».
Según la Real Academia Española, es inequívocamente una fiesta propia de moriscos que incluye alboroto y mucho baile. No obstante, los musulmanes no fueron los únicos en dejar su huella.
La Diputación de Jaén considera que, en el «canto jondo», también confluye el canto litúrgico bizantino, que debe su existencia a la Iglesia ortodoxa griega y no a la Iglesia católica.
Todo nombre tiene sus raíces: el origen etimológico
Localizar aquella primera palabra (quizás fueron varias) de las que deriva la palabra «zambra», que es la danza que hoy día Cueva Flamenca La Comino continúa interpretando sobre el tablao, es una tarea complicada.
Por un lado, están quienes consideran que procede de los términos árabes «zamra» (flauta) o «zamara» (músicos). Y, por otra parte, algunos sostienen que el término «zamra» alude directamente a una reunión musical. El diccionario de la RAE resuelve la cuestión con el árabe hispánico «zámra» y el árabe clásico «zamr», que significa «tocata» (pieza musical).
Dos formas de entender la zambra
Fuere como fuere, la palabra ha llegado al siglo XXI como reclamo tanto para los turistas nacionales como para los extranjeros que quieren presenciar en vivo y en directo el canto, el baile y el toque de los guitarristas flamencos de La Comino.
La zambra ha llegado a la edad contemporánea con dos significados, como una sucesión de tangos a cargo de las familias gitanas del Sacromonte y como una pieza musical de marcado carácter teatral.
El auténtico duende flamenco en un espectáculo íntimo
En las cuevas del barrio granadino, la zambra se representa en su forma más pura, sin orquestas, sólo con la genuina voz de sus intérpretes, con el «duende» del flamenco, que es como se conoce al talento que distingue a unos artistas de otros en el tablao.
Este duende le ha valido una puntuación de 4,8 sobre 5 a Cueva Flamenca La Comino. Más de 879 personas ya han visitado este enclave que, por ser un espacio natural bien cuidado, propicia una acústica excelente.
Las dimensiones de la cueva propician, además, una experiencia íntima y próxima entre los artistas y los visitantes, quienes pueden degustar unos deliciosos snacks mientras disfrutan de la puesta en escena.
Dejarse llevar por el «quejío» es más fácil si se hace en compañía de un buen gazpacho de temporada, una crema de calabaza, unos cuantos mejillones en escabeche con patatas fritas o un cucurucho generoso de jamón, chorizo y salchichón ibéricos.

