JOSÉ LUIS MUÑOZ

Si alguien puede considerarse autora absoluta de una película, esa es sin duda la estadounidense Eva Víctor (París, 1994), directora, guionista y actriz principal de Sorry Baby, la historia tragicómica de una joven estudiante de literatura llamada Agnes (Eva Víctor) que pasa por el trauma de ser violada por su tutor el profesor Preston Decker (Louis Cancelme) y se recupera emocionalmente del delito que no denuncia (el profesor tiene un hijo y le da pena privarle de su padre si acaba en la cárcel) gracias a su amiga Lydie (Naomí Ackie), compañera de estudios que espera un bebé, de un gato que adopta, de un vecino bobalicón llamado Gavin (Lucas Hedges), del que echa mano cuando quiere saciar su apetito sexual, y del dueño de una tienda de bocadillos de mala muerte, Pete (John Carrol Lynch), que la ayuda a respirar cuando tiene una crisis de ansiedad.

Sorry Baby, maravillosamente escrita y bien dirigida por esta mujer orquesta, echa una ojeada desdeñosa a los campus universitarios y al poder seductor de algunos profesores hacia su alumnas del que se aprovechan (por un momento puede parecernos una historia de Philip Roth); habla de la amistad, la de Agnes y su amiga lesbiana Lydie que se confiesa perdidamente enamorada de Fran (E.R. Figthmaster), y la visita en tres ocasiones en su apartada casa de la costa; y aborda finalmente el terror a la maternidad de la protagonista: Agnes tomando en sus brazos el bebé de su amiga mientras esta y su pareja van a dar un paseo al faro.

El faro de la película no es gratuito. Hay referencias literarias a Virginia Woolf. Por su aspecto físico, la propia Eva Víctor, desgarbada, delgada y alta que viste con ropa muy amplia, podría ser una clon de la novelista inglesa. Se nombra su suicidio, y este parece rondarle por la cabeza de la protagonista melancólica en las charlas con su amiga. Y salen ejemplares de Al faro, en una casa que tiene un faro muy próximo. Pero no acaban ahí las referencias literarias. Una Agnes, ya convertida en profesora titular de literatura, analiza con sus alumnos Lolita de Nabokov que despierta en algunos de ellos rechazo.

Sorry Baby se beneficia de unos personajes perfectamente perfilados, salvo la rival de la protagonista, Natasha (Kelly McCormack), que le cuenta que se tiró al profesor tutor y es la causa del ataque de ansiedad; secuencias bien resueltas (para la violación la realizadora se sirve simplemente de un original plano fijo de la casa del profesor, en la que entra la víctima, a medida que pasan las horas y oscurece, y luego de la narración pormenorizada de Agnes a su amiga Lydie), y un feminismo que planea en todo el film: reprochan al médico que la atiende, después de la violación, de su poco tacto; los personajes masculinos son un pelín primarios.

Hay humor (Agnes observando fijamente el miembro empequeñecido de su partenaire sexual Gavin en el cuarto de baño y desmitificando el órgano fálico) y mucha ternura (Agnes abrazando a su gatito, luego cogiendo al bebé de su amiga) en una película fresca que mantiene su buen tono narrativo en sus sucesivos capítulos.

Sorprendentemente perfecta esta ópera prima de una joven directora con mucho futuro por delante y buena muestra de ese cine independiente que se cocina en los márgenes de Hollywood.