Por Manuela Vicente Fernández

@ManuelaVicenteF

Después de leer La piel bárbara, de Lourdes Pinel, con magníficas y expresivas ilustraciones de Sandra Delgado, publicado y editado con mimo por Adeshoras, me queda una sensación agridulce, como cuando pruebas uno de esos platos híbridos, intensos, que te dejan con ganas de más para calmar el hambre lectora que se despierta.

Lourdes Pinel nos presenta en La piel bárbara una serie de cuentos fantásticos en los que sus criaturas son seres que mudan la piel y aúnan realidad y metáfora en una simbiosis continua.

El libro está dividido en tres partes: Paraíso sombrío, en el que los cuentos hacen referencia a ese territorio entre tenebroso y mágico de la infancia; Materia salvaje, en el que la autora profundiza en los conflictos de identidad física y psicológica; y, por último, Nunca estamos del todo despiertos, que reúne cuentos que exploran los límites entre realidad y ensueño, entre la luz y la sombra de un mundo regido por la dualidad de los contrastes.

Algunos de los cuentos de La piel bárbara nos traen ecos del anterior libro de relatos de Lourdes Pinel, Mujeres hambrientas (Ménades Editorial); es el caso del primero con el que se abre la obra, «El bosque de las durmientes», que nos habla de mujeres abocadas a un destino común, del que solo logran escapar de una forma. Lo mismo sucede en el sombrío cuento «Nos miramos las manos», que nos lleva a evocar alguna de las historias del anterior libro respecto a la decisión de la maternidad en un territorio inhóspito. La leyenda del territorio inhóspito se refuerza también en el escueto y evocador cuento «Esta tierra» en el que narra cómo reciben los habitantes a los extranjeros.

Tintes surrealistas, conceptos de realismo mágico, elementos míticos y fantásticos conviven con un body horror en una mutación narrativa constante que hace honor al título de la obra. La piel bárbara reúne cuentos de horror y magia, cuentos donde la belleza no está exenta de lo grotesco. El hecho de que Lourdes Pinel logre con un lenguaje de alto lirismo describirnos escenas macabras que ocultan una perla brillante entre la oscuridad que reina es una muestra de la pluma versátil de la autora.

De una belleza casi doliente son cuentos como «El cielo es una mujer», poblado de simbolismo y metáforas, o «El abacorama», no menos simbólico, que nos habla de la triste decepción que produce conseguir a veces los objetivos que nos trazamos.

Especialmente sombríos, en la línea del horror corporal, pese al mensaje que encierran, son algunos cuentos como «Sus motivos tendrá», «Como si fuesen nueces» o «Mi hermana», en el que las mutilaciones surgen como una forma de prevenir y atajar dolores emocionales más grandes.

No faltan en este volumen cuentos de denuncia social como «Soy un bosque» o «Comunidad», que tocan realidades duras como el incesto y los silencios cómplices que entierran determinados actos.

Analizar La piel bárbara, un volumen de sesenta y un minicuentos mestizos, que beben de lo más profundo del género del horror fantástico, se hace difícil en pocas líneas, porque estamos ante una obra ecléctica como pocas. Me gustaría subrayar, en un último apunte, que uno de los grandes aciertos de la autora es mostrarnos una voz de alta belleza narrativa, pese a describir un mundo que tiene tanto de mágico como de grotesco y monstruoso en el que sus criaturas se ven obligadas a metamorfosearse por pura o impura supervivencia.

La piel bárbara, de Lourdes Pinel, es una experiencia narrativa que hay que leer con recogimiento, para disfrutar de lo sacro y lo profano que destilan sus páginas.

Ficha técnica:

Título: La piel bárbara

Autora: Lourdes Pinel

Ilustradora: Sandra Delgado

Editorial: Adeshoras (2026)

ISBN: 979-13-990305-7-0

Número de páginas: 110

Encuadernación: Rústica

Idioma: Castellano