Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988) es Doctor en Bellas Artes por la UCM, crítico, dramaturgo, ilustrador, poeta y docente. Colabora en medios como El Imparcial, Zenda (XL Semanal), Culturamas o Ethic. Ha publicado hasta la fecha siete poemarios, obteniendo el primero —El mar vertical— el accésit del Certamen Literario Leopoldo de Luis (2019). En el ámbito del ensayo, destaca su libro De la llegada en tren a la salida en caravana: 126 hitos de la historia del cine (1895-2021), de 2022. Es autor del libreto de Hildegart, ópera de cámara con música de Juan Durán que fue estrenada con gran éxito en el Festival Internacional Little Ópera de Zamora el 26 de julio de 2025. De igual modo, es de su autoría el texto de la habanera para canto y piano Músicos del metropolitano, con partitura del mismo compositor, que se estrenó en ambigú del Teatro de la Zarzuela el 1 de abril de 2024.

 

Disfruto mucho como oyente, espectador y crítico

Javier Gilabert: Javier, juegas en casa (como firma habitual de Culturamas) y además eres reincidente en esta sección. Vuelves con Sinfonía para un solo músico. Para romper el hielo como es tradición: ¿Por qué este libro y por qué en este momento exacto de tu trayectoria?

Javier Mateo: Mis poemarios previos abarcan buena parte de los ámbitos en los que fui participando durante tantos años de formación como creador: el cine (Ataraxia, La imagen sonora), la pintura (Exposición permanente, Arquitectura del sueño) o la literatura (El mar vertical, Novela). Todos ellos me han ido definiendo y les debo esa mirada multidisciplinar. También quedan expuestos de forma tangencial otros como el teatro. No obstante, faltaba la música. Mi formación de los cuatro a los diecisiete años estuvo ligada al violín, incluyendo la participación en la Orquesta Amadeus (de los nueve a los diecisiete). Tras concluir la carrera, potencié la parte más creativa del instrumento formando un grupo de música (“Otra cosa”) donde componíamos las propias canciones que interpretábamos en los conciertos. Además de todo ello, continúo cultivando esta faceta a través de la investigación, el ensayo y la melomanía. Disfruto mucho como oyente, espectador y crítico de conciertos de música clásica, ópera y zarzuela. Incluso jazz, flamenco y música de cine. Sentía la necesidad de volcar todo ello en un nuevo libro que explicase mi afinidad con la música.   

 

El título sugiere una polifonía ejecutada por un individuo solitario. ¿Cómo y cuándo surge la idea de orquestar este libro?

Surge a raíz de todas esas experiencias que la música me ha brindado y que hacen que quiera mostrar mi agradecimiento de la mejor manera que sé: a través de la escritura poética. Ésta me permite la evocación de recuerdos e impresiones, la mención de referencias históricas y estéticas e incluso la propuesta de ficciones con cierto poso autobiográfico. Cuando uno crea está siempre solo, aunque ofrezca un amplio repertorio de cosas. Es un solista con voz propia y ha de orquestar todo cuanto esté en su mano para ofrecer un espectáculo único al respetable público.  

 

En los últimos tiempos has cosechado éxitos escribiendo para otros formatos musicales, como el libreto de la ópera de cámara Hildegart o la habanera Músicos del metropolitano. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura de este poemario? ¿Ha cambiado tu forma de trabajar o se ha «contaminado» el poeta de la disciplina del dramaturgo musical?

Concebí este poemario casi al mismo tiempo que fui ideando el libreto de Hildegart, de modo que puede decirse que uno y otro se nutrieron mutuamente en una especie de simbiosis o retroalimentación creativa. Siento que el libreto de esta ópera de cámara tiene mucho de poético y que este poemario contiene lo narrativo e incluso lo operístico. Hay poemas que emulan instantes propios de una narración y viceversa, se pueden hallar en las partes del libreto fragmentos que en sí mismos pueden considerarse versos de posibles poemas.  

 

El trabajo siempre es necesario y durante su proceso llega la inspiración

En «Pastoral impresionista» confiesas abiertamente que la estructura del poemario «tiende a ser una falsificación de la séptima beethoveniana». ¿Qué papel desempeña exactamente esta arquitectura musical en el volumen? ¿Fue algo deliberado y milimétrico desde el principio o más intuitivo durante el proceso de creación?

En mis trabajos siempre hay una parte medular que se va construyendo. El edificio nunca está concebido desde el principio, sino que toma forma progresivamente, guiado por la intuición. El trabajo siempre es necesario y durante su proceso llega la inspiración. Hay que trabajar constantemente para que lleguen las pequeñas o grandes iluminaciones, mantener vivo el espíritu creativo originario para que éste te vaya conduciendo a su resultado final. 

 

Las imágenes fílmicas también potencian la escritura

Eres Doctor en Bellas Artes y autor de un exhaustivo ensayo sobre la historia del cine. En Último ensayo en el foso invocas a Buster Keaton en The Playhouse, desdoblándose para ser él mismo todos los músicos y el director. ¿Hasta qué punto tu mirada cinematográfica y visual moldea los encuadres de tus poemas?

Del mismo modo que la música es inspiradora (en mi caso suelo trabajar con un fondo musical capaz de generar la atmósfera propicia), las imágenes fílmicas también potencian la escritura. Me considero un escritor de historias que necesitan de imágenes, si bien soy consciente de que una imagen vale más que mil palabras y un fotograma o una pintura pueden desbaratar un poema entero. Por supuesto, la vena cinéfila espolea mi imaginación. A su vez he realizado proyectos fílmicos y soy consciente de la dificultad que conlleva producir una sola imagen poderosa, capaz de hablar por sí misma sin necesidad de palabras. Por ello, me gusta recorrer el camino a la inversa y conseguir evocar a través de las palabras una imagen lo más exacta posible. Eso sí, contando con que cada lector imaginará algo totalmente distinto.    

 

Todo contenido poético es inseparable de la identidad de quien lo escribe

El libro viaja desde los atardeceres impresionistas de Navarra (con Debussy de fondo) hasta la hora azul en las calles de Madrid, saludando a don Pío Baroja en Moyano. ¿Qué pistas o claves te gustaría dar a los posibles lectores para transitar por esta geografía tuya? ¿Qué efecto esperas que provoque en ellos este recorrido?

Quien decida acercarse a este libro debe tener en cuenta que va a sumergirse en un universo muy particular. Todo contenido poético es inseparable de la identidad de quien lo escribe y, en mi caso (y como bien has apuntado) hay un buen “gazpacho” de referencias que definen el autorretrato. A los lectores les diría que se dejen llevar por este viaje que planteo. No es difícil comprender el porqué de todos esos datos, mi misión es también tejer sus conexiones y dar las pistas suficientes para comprender una estructura hecha de materiales tan híbridos.   

 

No es tan fácil desembarazarse de la identidad

Haciendo memoria de tu anterior paso por esta sección y de tus siete poemarios publicados, ¿en qué medida veremos en esta Sinfonía —o no— al Javier Mateo Hidalgo de tus obras anteriores?

A través de la voz poética. Creo que, aunque uno busque reinventarse en cada cosa que hace, no puede borrar la personalidad con la que idea nuevos libros. No es tan fácil desembarazarse de la identidad, afortunadamente.

 

Te pongo en el aprieto clásico que ya conoces bien, pero ahora con partitura nueva: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de Sinfonía para un solo músico, ¿cuáles serían?

Sin duda elegiría en primer lugar Último ensayo en el foso, que sirve de obertura al libro y supone toda una declaración de intenciones. Después optaría por Pastoral impresionista, poema que has mencionado con tan buen criterio. Por último, me quedaría con Música nocturna de las calles de Madrid, que supone un cierre con el que redondear la selección.   

 

¿Supone este poemario un punto de inflexión —quizás una coda— en tu producción como poeta? ¿Y a partir de ahora, qué rumbo tomas?

Actualmente tengo sobre la mesa distintas líneas de trabajo poético. Todavía están madurando, tomando forma y ocupando su espacio. Junto a la poesía convive también la narrativa, para la cual reservo un proyecto aparte que llevo acariciando mucho tiempo.  

 

¿En qué proyectos literarios, operísticos o de investigación estás trabajando actualmente?

Me encuentro concluyendo un nuevo libro sobre cine que surgió al calor del primero y con el que llevo casi tres años, sumando diversos parones y avances. Busca seguir el patrón previo que tan buen resultado me dio, pero especificando en una geografía cinematográfica concreta. También se han presentado nuevos proyectos operísticos, pero todo está por confirmar. A todo ello se suma el interés que algunos compositores han mostrado por mi poesía. Por último, también me encuentro iniciando el encargo de una antología sobre un célebre poeta español.    

 

Por último, como compañero de la crítica cultural y lector voraz, renovemos tus votos: ¿de quién te gustaría conocer ahora su “Primera impresión” en futuras entregas de la sección?

Sería muy feliz leyendo en esta sección poética a Daniel Huerta Goya con motivo de Las incertezas.

 

 

 

***

Tres poemas de Sinfonía para un solo músico

 

 

ÚLTIMO ENSAYO EN EL FOSO

 

El teatro va poco a poco albergando

en su estómago al público.

Sofisticados bárbaros,

con sus pasos y conversaciones

invaden un espacio

de concentración y silencio sonoro.

 

Los instrumentistas colocan las partituras.

Otros improvisan escalas y arpegios,

repasan fragmentos que se resisten

a ser interpretados. Son sombras

que no percibe (casi) nadie

desde sus butacas de terciopelo.

Allá abajo, como cristianos condenados

a ser por leones devorados,

preparan el concierto.

El director todavía no ha llegado.

 

Sobre el escenario,

la historia que aquí contamos.

Telón bajado, ocultando escenas

que no se han desarrollado.

Un único intérprete entre bambalinas

dará cuenta de todo el espectáculo.

 

Solo él sabe que aquellos músicos

de allá abajo son él mismo

y por él también son dirigidos.

Como Keaton en The Playhouse.

Serio, ensimismado en su trabajo,

orador con voz de tenor

que quiere que todo quede

bien explicado.

 

 

 

PASTORAL IMPRESIONISTA

 

Aunque la estructura de este poemario

tiende a ser una falsificación

de la séptima beethoveniana,

quiero hablar ahora

de la sexta sinfonía,

plena de soles y tormentas,

exuberante como la Naturaleza

por la que un alemán sordo pasea,

encorvado, brazos atrás y luciendo chistera.

 

He vivido muchos veranos

plenos de atardeceres,

en los Pirineos de Navarra.

Cuando cruzábamos, ya en mi adolescencia,

los valles y senderos, volviendo a la casa

(era siempre más un caserío)

acababa de descubrir a Debussy,

sus imágenes impresionistas, evocadoras

como reflejos de mares, tormentas y noches,

brillos en el agua a la luz de la luna.

 

Ya no había pastores,

la arcadia romántica

estaba ahora en Francia,

en esa captación de luces

y atmósferas, como si un fauno

adormecido pintara.

 

De todo ello quedó barnizada

la memoria, mis oídos

imágenes rememoran

y noto la calidez del estío

y de la música

como una gran banda sonora.

 

 

 

MÚSICA NOCTURNA DE LAS CALLES DE MADRID

 

La guardia retorna a palacio

solemne, atravesando las calles de la villa.

Les acompaña la música sonando ideada

por el italiano más castizo que Madrid viera.

 

Las nubes del cielo anaranjado

abandonaron el azul velazqueño

hace ya unas cuantas horas.

La oscuridad se cobra su cielo

mientras el sol se bate en digna retirada.

 

Concluye el recorrido

con esta música que tantas veces toqué

aquí cerca. Parque del Buen Retiro,

recogido momento, bajo un árbol,

protegido por arbustos y veredas,

haciendo sonar este viejo violín

recreando aquellos tiempos perdidos.

 

Salgo por la Puerta del Ángel Caído,

el público prácticamente se ha marchado.

Apenas unos rezagados se encaminan

cuesta abajo, hacia Atocha.

Es la hora azul, donde todo puede ser

y cada uno de nosotros probable héroe

de alguna historia por contar.

 

Llego hasta Moyano

y saludo a don Pío, siempre abrigado,

la boina calada.

Hacia donde él mira con sus ojos fríos

yo miro, también con la mirada

perdida, de estatua.