Por Paloma Rodera

Pocas cosas determinan tanto nuestra percepción del mundo como el color y, sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en lo que realmente significa. ¿Por qué asociamos el rojo con el peligro o la pasión? ¿Por qué el blanco puede representar pureza en unas culturas y luto en otras? En El código del color, Paul Simpson se adentra en ese territorio fascinante donde biología, cultura, historia y diseño se entrelazan para explicar el lenguaje invisible que articula nuestra experiencia visual.
Publicado por la editorial Gustavo Gili, el libro propone una exploración clara y accesible del significado de los colores a través del tiempo y de las distintas culturas. Simpson parte de una premisa sencilla pero poderosa: el color no es solo una propiedad física de la luz, sino un sistema de códigos simbólicos que condiciona nuestra forma de interpretar el mundo.
El volumen combina divulgación científica con historia cultural. A lo largo de sus páginas descubrimos cómo determinadas asociaciones cromáticas tienen raíces fisiológicas —como la relación entre el rojo y la sangre o el azul y el cielo— mientras que otras responden a procesos históricos, religiosos o sociales. El púrpura imperial, el negro del luto occidental o el amarillo asociado a la enfermedad o la advertencia son ejemplos de cómo el significado del color se ha construido a lo largo de siglos.
Uno de los aspectos más interesantes del libro es la manera en que conecta estas historias con el presente. El color sigue siendo hoy una herramienta fundamental en ámbitos como el diseño gráfico, la publicidad, la señalética o la comunicación visual. Elegir un tono concreto nunca es una decisión neutra: implica activar asociaciones culturales, emocionales e incluso políticas.
La estructura visual del libro —organizada a partir de amplias gamas cromáticas representadas en la cubierta y en el interior— refuerza esta idea de que el color es, en sí mismo, una forma de conocimiento. Cada matiz abre una pequeña historia que conecta ciencia, arte y cultura visual.
El código del color funciona así como una introducción muy eficaz a la dimensión simbólica del color. No pretende ser un tratado académico exhaustivo, sino una puerta de entrada a un tema tan cotidiano como complejo. Tras su lectura, mirar una paleta, una obra de arte o incluso un escaparate urbano ya no resulta exactamente lo mismo: los colores empiezan a hablar.

