Horacio Otheguy Riveira.
Un musical irreverente como solo se recuerda -y ya hace mucho tiempo- a algunos shows cantados de los Monty Phyton. Tras esta escuela británica, esta otra neoyorquina que se estrenó hace 15 años en Broadway donde sigue llenando sus funciones, también con más diez años en Londres.
En Madrid lleva varios años, primero en el Calderón, luego en el Rialto donde continuará hasta el 31 de mayo, para iniciar una larga gira por todo el país.
La alegría de la desfachatez, sin miedo a la blasfemia, ni a los ramalazos reaccionarios, se canta y baila con todo el cuerpo en clave de humor blanco y negro («Si te asalta un mal recuerdo, uno espantoso del que fuiste culpable: apágalo»), y en todo caso con deseo imperioso de vivir sin otro dios que el que nuestra imaginación invente.
Por eso fracasan estos divertidísimos misioneros en Uganda, hasta que a uno de ellos, del que menos se esperan éxitos, se reinventa el libro sagrado de la Iglesia Mormona, «la que viene después de los libros sagrados con una nueva promesa de verdadero cristianismo en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días».
Si todos son Elder, Elderes de postín surgidos de la Escuela de Misiones correspondientes, es el pequeño tontorrón y embustero crónico Elder Arnold que se saca de la manga un mensaje que da el pego: mezcla de Guerra de las Galaxias y El señor de los anillos, más varios aportes muy personales que inflama el creativo corazón de la aldea, hasta entonces víctima de un loco militar que adora la ablación de las mujeres, para al final de todas las nuevas bendiciones, gritará también él: «¡Las vaginas son sagradas y los clítoris también!».
El arrojo para fortalecer la imaginación de un tímido muy torpe que va a más y un listo muy listo que va a menos, afianza una de las parejas cómicas musicales más logradas en mucho tiempo -a la par de Los productores, claro está-, y los actores que las interpretan (Alejandro Mesa y Alexandre Ars) logran un ascendente nivel de excelencia a lo largo de toda la representación.
Se mueven, hablan, bailan y cantan con un dominio escénico impresionante, propio de magníficos bufones en una Compañía de asombrosa calidad coral con puesta en escena original, adaptada y dirigida por David Serrano, traductor a su vez del texto y las canciones, junto a su hermano Alejandro Serrano.
Parodia sin piedad de la iglesia mormona, con capacidad para salpicar a toda institución religiosa. Sátira de excepcional calidad ante la que pueden reír -graciosamente hermanados- ateos, agnósticos y creyentes libres de prejuicios.
En síntesis: un divertidísimo y a la vez muy profundo espectáculo sobre el absurdo de la superioridad colonialista, y la importancia del lema «la unión hace la fuerza», corazón a corazón, codo con codo.

Alejandro Mesa y Alexander Ars: dos fantásticos comediantes que bailan y cantan con admirable profesionalidad. (Foto: Antonio Castro).
Hasta la fecha, ningún otro musical había recibido tan unánime reconocimiento de los premios que anualmente otorga el sector: 9 Tony y 4 Olivier (incluido Mejor Musical en ambos galardones).
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