Sergio Vargas.
En un mundo literario saturado de memorias de celebrities, Future Boy (Libros Cúpula) irrumpe con una honestidad a prueba de balas y una sensibilidad poco común. Lejos de la autocomplacencia o el brillo superficial, Michael J. Fox construye aquí un relato profundamente carnal, donde el paso del tiempo, la identidad y la enfermedad dialogan sin filtros.
El título no es accidental . “Future Boy” remite inevitablemente al joven Marty McFly de Back to the Future —icono cultural de los años 80—, pero también a una idea más íntima: la tensión constante entre el pasado que nos define y el futuro incierto que nos desafía. Fox utiliza ese símbolo para explorar su propia biografía, marcada por el éxito precoz y, posteriormente, por su diagnóstico de enfermedad de Parkinson a una edad temprana.
El libro se cimenta sobre una prosa cercana, directa, casi conversacional, que rehúye el sufrimiento fácil. Hay momentos de humor —marca personal del autor—, pero también pasajes de una crudeza notable donde se revela el desgaste físico y emocional que implica convivir con una enfermedad degenerativa. Sin embargo, lo que podría convertirse en un relato oscuro se transforma en una lección de resiliencia.
Uno de los mayores logros de Future Boy es su capacidad para trascender la anécdota personal. No estamos solo ante la historia de una estrella de Hollywood, sino ante una reflexión universal sobre la fragilidad humana. Fox escribe sobre la pérdida de control, sobre la aceptación y sobre la necesidad de redefinir el concepto de éxito cuando la vida obliga a cambiar de dirección.
Especialmente conmovedores son los fragmentos en los que revisita su carrera, desde la fama arrolladora de Enredos de Familia hasta el fenómeno global de Regreso al futuro. Pero lejos de recrearse en la nostalgia, el autor se detiene en lo que vino después: el silencio, la adaptación y el aprendizaje.
En términos intelectuales, la obra no busca innovar en la forma, pero sí en el tono. Su valor reside en la autenticidad. Fox no pretende ser un escritor brillante, sino un narrador honesto, y es precisamente ahí donde encuentra su carisma y ganas de no tirar la toalla.
En definitiva, Future Boy es un libro que enternece sin manipular, que inspira sin caer en el cliché y que recuerda al lector que el verdadero viaje —más allá del tiempo— es el que se realiza hacia uno mismo. Una experiencia recomendable no solo para seguidores del actor, sino para cualquiera que busque sentido en medio de la incertidumbre.
*** *** ***
PRÓLOGO
«El concepto del continuo espacio-tiempo lo introdujo por primera vez Albert Einstein en su teoría de la relatividad general, que revolucionó nuestra comprensión de la gravedad y de la naturaleza del universo. Se refiere al modelo matemático de cuatro dimensiones que combina las tres del espacio y una del tiempo. En la teoría de Einstein, el espacio y el tiempo no son absolutos e inmutables, sino que se ven afectados por la presencia de la materia y la energía, y eso, a su vez, afecta el comportamiento de los objetos dentro de ese marco.
¿Lo has pillado? Estupendo. Yo no tengo ni idea de qué demonios significa todo eso, pero, vaya donde vaya, siempre hay alguien esperando que sea capaz de mantener una conversación coherente sobre el continuo espacio-tiempo, así que quitémonos esto de encima ya. Sí, es cierto que este principio rigió mi vida durante buena parte de 1985, pero me haría falta la ayuda de la IA más avanzada para explicarlo como es debido (y aun así no lo entiendo). ¿Por dónde anda Doc cuando más lo necesito?
Einstein también proclamó: «La única razón de que exista el tiempo es para que no ocurra todo a la vez». Si es así, entonces, entre finales del invierno y principios de la primavera de 1985 el tiempo se volvió loco y me arrastró con él. Durante tres largos meses fui Alex, fui Marty y fui Mike. Dos personas de más. Para poder acabar mi trabajo, al menos uno tenía que desaparecer, y el que sobraba era Mike.
Esta es la historia de lo que ocurrió en aquel período fatídico, cuando completé la tercera temporada de Enredos de familia al mismo tiempo que rodaba Regreso al futuro. De día era Alex P. Keaton, y de noche, Marty McFly, y las jornadas de veinte horas de trabajo no me dejaban mucho tiempo para ser yo, Mike Fox. He tardado cuatro décadas en recomponerlo todo.
Rodar Regreso al futuro fue una carrera contra el tiempo. De principio a fin, todos los implicados en la película funcionamos contra reloj, lo cual tiene su guasa cuando se trata de una película sobre viajes temporales. Sin embargo, con solo 23 años cumplidos, mis horizontes eran infinitos, y la hora del día era algo que ni siquiera las chicas antes solían darme (por fortuna, los tiempos estaban a punto de cambiar). Este se convirtió en mi momento de brillar, y de hacerlo, además, en una película que sigue siendo intemporal.
Este libro cuenta un período extraordinario de mi vida, ese durante el cual hice una película mágica, más mágica incluso que si la hubieran espolvoreado con polvo de estrellas. Como veréis, es un milagro que llegara a buen puerto, pero aquí estamos, cuarenta años después, todavía hablando de ella.
Lo que sigue va dedicado a toda la gente que ama Regreso al futuro tanto como yo.»



