Por Sergio Vargas /

Se adelantó la hora ese día y entró el horario que tanto gusta a la gente, mientras en el sur de Tenerife se producía un acontecimiento irrepetible. No sólo por la expectación generada, sino porque el concierto de Laura Pausini en el Estadio Antonio Domínguez de Arona fue, sencillamente histórico: su primera gran actuación en la isla dentro de una gira mundial, una actuación que duró 3 horas y que no se hizo pesada en ningún momento, todo estaba milimetrado.  Desde mucho antes del inicio, miles de asistentes ya habían convertido el recinto en un hervidero emocional. Familias, parejas, fans de toda la vida y nuevas generaciones compartían un mismo idioma: el de las canciones que han marcado décadas. La artista italiana no llegaba solo con un concierto, sino con una memoria colectiva.

Una apertura que fue declaración de intenciones

Pausini apareció en escena con la fuerza simbólica de quien sabe que está ante una cita especial. La gira “Yo Canto World Tour 2026”, que había arrancado apenas dos días antes en Pamplona, se presentó en Canarias gracias a Newevent como un espectáculo de gran formato, ambicioso y con un escenario que según contó la cantante: “es su fortaleza musical”.

El arranque dejó claro el tono: una sucesión de temas que combinaban nostalgia y renovación. “Yo canto” abrió el viaje, seguido de una narrativa musical que iba saltando entre épocas y estilos sin perder coherencia. La puesta en escena, elegante y cuidada, acompañaba sin eclipsar lo esencial: la voz, que no flaqueó en toda su actuación. Un fiel reflejo de ello fué su versión de Hijo de la luna de Mecano donde la italiana representó a la virgen con el niño con vestuario a la altura, un vestuario que la iba transformando a lo largo de las 40 canciones que cantó y que otorgaba un dinamismo sin respiro a la perfomance.

Un repertorio para varias generaciones

El concierto se ensambló como un recorrido por más de tres décadas de carrera. Sonaron clásicos inevitables como “Se fue”, “Entre tú y mil mares”, “La soledad” o “Víveme”, junto a versiones y temas del proyecto “Yo Canto 2”, que rinde homenaje a grandes canciones de la música en español, de amiguetes como Ricky Martín que se asomó a las pantallas del escenario presentando su famosa Living la Vida Loca, Shakira, Alejandro Sanz, Pablo Lopez, Madonna, Juan Luis Guerra y hasta una versión poco acertada del “Turista” de Bad Bunny.

Lejos de ser un simple “greatest hits”, el espectáculo funcionó como un relato emocional. Cada bloque parecía responder a una etapa vital: el desamor, la celebración, la introspección. Hubo momentos íntimos, casi confesionales, y otros en los que el estadio entero cantó al unísono, convirtiendo la noche en una experiencia coral sobre todo en los medleys.

Tenerife, protagonista emocional

Más allá del cancionero, lo verdaderamente significativo fue la conexión con el público. Pausini se mostró cercana y chistosa, comunicativa, visiblemente emocionada por actuar por primera vez en la isla en un formato de gira internacional.

Entre canción y canción, agradeció el cariño recibido y subrayó el carácter especial de esta parada dentro del tour. No era una fecha más: era un debut largamente esperado. Y el público respondió con una entrega total, creando una atmósfera de complicidad que sostuvo todo el concierto.

Un espectáculo de gran formato

La producción estuvo a la altura de una gira global: iluminación envolvente, sonido impecable y una escenografía que acompañaba los distintos climas del repertorio. La estructura del show, cercana a las tres horas como dije, reforzó esa idea de viaje completo por la obra de la artista.

Sin excesos innecesarios, el espectáculo apostó por la elegancia y la emoción, apoyándose en arreglos cuidados y una banda sólida que sostuvo cada interpretación junto a unos coros y grupos de baile que adquirieron mucho protagonismo en los momentos latinos.

Epílogo: una noche que ya es memoria

Cuando el concierto se acercaba a su final, la sensación era clara: Tenerife acababa de vivir uno de esos eventos que quedan fijados en la memoria cultural de una ciudad y donde el “hacemos música no hacemos guerras” se grabó como lema. Cerrando el espectáculo con su guitarrera Mariposa Tecknicolor de Fito Páez y ya sin músicos con un precioso homenaje a la canción italiana que me dejó pegado a la silla.

El paso de Laura Pausini por Arona no fue sólo una parada más de su gira, sino una celebración de su legado y de la capacidad de la música para unir generaciones. Una noche de canciones, sí. Pero también de recuerdos, de emoción compartida y de la certeza de haber asistido a algo más que un concierto: a un momento histórico para la música en Canarias y de un buen rollo encomiable.