“La casa de leer en lo oscuro”, de María Azenha

Por Ricardo Martínez.

Obra original, distinta, muy personal, donde el punto de vista es introspectivo y descriptivo a la vez; siempre mirando hacia adentro si bien, admitamos, mirando hacia afuera, elaborando un discurso de definición pero a la vez dialéctico, generoso, acogedor. Se trata de un libro muy vívidamente personal en cuanto que la materia es, en origen, el sujeto pensante, pero sujeto que vive de una manera consciente y apasionadamente hacia afuera, convocadoramente. Literatura, desde luego es (también) eso.

A la vez, hay que considerar un acierto (bien resuelto por su traductor, Cilleruelo) en su doble vertiente del idioma, por cuanto el portugués no es difícil de leer y sí propicio a advertir una elegancia expresiva y una lengua matizada de resortes lírico- especulativos que la hace especialmente delicada y atractiva para todo aquel lector que, además de la versión del traductor, quiera adentrarse en el flexible fluir de una lengua muy sugeridora, de acuñada sustancia estética.

En un momento dado, cuando la autora piensa-observa, dice, nos dice: “en la escuela / de mi madre / cuento pájaros / en lo oscuro”. Imaginación, inmediatez de la sensación de vivir, de libertad, a través de los pájaros soñados, entrevistos. Una forma de homenaje a la vida. Y, más adelante: “mi padre / en el jardín de casa / espera / que una vid / crezca”. Se cambia el valor o significado del referente vital: la madre evoca algo, el padre evoca una función distinta. Pero la autora se afirma así, sobre esa sólida construcción humana, para ser libre, para ser quien es, y así lo muestra con palabras tan sencillas, limpias, como significativas.

El lector nunca está ausente; él es el destinatario de esta forma de mirar e interpretar y, en última instancia, vivir la realidad. La propiamente realidad real y la que ella construye con su ensueño e imaginación.

Luego, en efecto, ha de venir el desenlace, lo que la autora deriva como significado de lo advertido en esa realidad, lo que advierte como distinto: hay dos perros guardianes que pisan la luna y un ratón que abate aves inocentes. Pero eso ya es definición propia, deseo, deducción interiorizada, y en ello se cumplen dos premisas esenciales: la autora elabora una forma de definición y, al tiempo, convoca al lector, el juez que ha de prolongar el discurso con sus propias interpretaciones.

Todo un ejercicio reflexivo, al que el contenido literario sirve de soporte como una forma de observar sentidamente, delatoramente íntimo.

El lector, a buen seguro, advertirá hasta qué punto la literatura, a través de forma y fondo, no le deja a solas, le invita a compartir; si acaso a no
alejarse, pues a él se dirige, y se lo expresa así: “Invoco el silencio azul / la gruta más sagrada / bajo el agua del mundo // mi corazón / en silencio // mi
corazón azul”.

La casa de leer en lo oscuro / A casa de ler no escuro

Maria Azenha

Traducción de José Ángel Cilleruelo

ed. bilingüe portugués-español

Trea

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