Los chicos de provincias somos así

Miguel Mena

Frecuencia Libros

 

ENTREVISTA A MIGUEL MENA

Por Íñigo Linaje

 

El escritor y periodista Miguel Mena (Madrid, 1959) acaba de inaugurar una nueva colección de libros -dedicados a músicos y a la música en general- en la editorial Pregunta. Todo un acontecimiento para los melómanos en estos tiempos en los que la prensa musical en papel escasea de manera alarmante. Los chicos de provincias somos así (Frecuencia Libros), el último libro de Mena, es un ejercicio excelente de periodismo literario que puede leerse como una biografía o una novela coral. Afincado en Zaragoza desde 1983, el escritor desarrolló su actividad profesional en la Cadena Ser, desde donde promocionó a artistas locales y dirigió espacios como Parafernalia.

Autor de una veintena de títulos que abarcan distintos géneros, entre los que destacan Bendita calamidad (1994), 1863 pasos (2005) o el reciente Moncayo estrés (2024), Mena nos ofrece en Los chicos de provincias somos así un reportaje de largo aliento -rigurosamente documentado- en el que analiza la trayectoria de la banda oscense Mestizos, a la vez que nos regala una crónica personal de los 80, una época tan creativa como turbulenta.

¿Cómo y por qué surge el proyecto de escribir este libro?
-La idea surge por mi amistad con Juanjo Javierre, quien durante doce años fue colaborador de mi programa A vivir Aragón. Siempre me pareció un personaje con una trayectoria muy curiosa. Hay que tener en cuenta que yo le vi actuar cuando él tenía 16 años y se convirtió en mi colaborador cuando ya había cumplido los 40.

-¿Por qué los Mestizos y no un grupo más popular o conocido?
-Hay muchos libros de los grupos populares y conocidos. En el caso de Aragón, ya tenemos importantes títulos sobre Héroes del Silencio o Más Birras. Y supongo que en el futuro los habrá de Amaral o Violadores del Verso. A mí me interesaba la historia de Mestizos como representativa de una época y de la cara B del éxito, que no es el fracaso, sino la aventura juvenil de tantos grupos que lo atisbaron, que se asomaron a la fama y luego aterrizaron con naturalidad en una vida adulta cotidiana, no por ello menos plena que otras.

-Plantea el libro como un extenso reportaje en el que incluye pasajes de su memoria sentimental. Estamos ante un trabajo periodístico con trazos autobiográficos que, además, tiene mucho de crónica histórica. ¿Cómo definiría Los chicos de provincias somos así?
-Creo que es una novela/reportaje contada en primera persona por seis voces narrativas, las de los músicos y la mía propia. No hay ficción, pero sí el esquema clásico de una novela: planteamiento, nudo y desenlace.

-El libro es también el retrato de una época: el final de los 80. Un periodo culturalmente muy vivo, pero también lleno de excesos…
-Fueron los años de mi juventud y los asocio con una extraña mezcla de euforia y desasosiego. Convivía el colorido de la movida con la sordidez de las drogas, el terrorismo o el sida. Mucha gente se quedó por el camino.

-¿Cómo se siente al inaugurar una nueva colección de libros de música, en un momento en el que las publicaciones de este género -me refiero sobre todo a las revistas- están desapareciendo?
-Es cierto que las revistas musicales ya apenas existen fuera de internet, pero también es verdad que proliferan los libros de temática musical. De hecho, la decisión de crear una colección de ese tipo ha sido de Reyes y David, los responsables de Pregunta Ediciones. Para mí es un honor ser el primero.

-Usted ya había escarbado en su memoria musical en otros libros previos, como Micromemoria, que está inspirado en Je me souviens, de George Perec. ¿Qué le resulta más atractivo, escribir novelas o trabajar con la realidad como periodista que es?
-Mi verdadera vocación siempre ha sido el periodismo, y más concretamente la radio. Cuando escribo un libro, incluso los de ficción, mi faceta periodística está siempre presente. No puedo evitarlo. De hecho la mayoría de ellos ha surgido inspirados por algún tipo de información y me gusta mucho manejar las hemerotecas para documentarlos.

-Sus últimas obras abundan en una narrativa rural o costumbrista y están ambientadas en un espacio muy concreto, el Moncayo y Trasmoz, donde pasa sus veranos. ¿Qué le ofrece ese paisaje?
-Desde siempre he sentido atracción por los paisajes de media montaña y ya hace casi treinta años que empecé a venir a la comarca. Me gusta el entorno natural y también los pueblos o localidades más grandes como Tarazona y Tudela, que suelo frecuentar. Por mis orígenes familiares, me siento muy unido al valle medio del Ebro. Mi madre era de Calahorra, donde pasé tantos veranos de infancia y desde donde también se ve el Moncayo.

-¿Cómo recuerda la entrevista que le hizo en 1984 a Antonio Vega en Calatayud?
-Lo recuerdo como alguien que estaba fuera de lugar. Antonio Vega era un personaje introvertido, que hablaba en tono bajo, mirando al suelo, y aquel concierto se celebraba en una plaza de toros en plenas fiestas de San Roque, que en Calatayud son las fiestas de las peñas y vienen a ser como una especie de sanfermines. No le pegaba nada estar allí, en medio de aquel jaleo, pero también lo recuerdo como alguien muy amable. Yo era muy fan de Nacha Pop. Mi último día en la radio, el 12 de marzo de 2021, me despedí con una canción de ellos: Una décima de segundo.