Horacio Otheguy Riveira.
Un formidable teatro de variedades sin vedettes, cómicos ni canciones, pero con el esplendor -en un ambiente sumamente austero- de los artistas transformándose en otros a la vista de un público anhelante. Variedades en el ritmo y teatro testimonial en el contenido. Un espectáculo muy atractivo, divertido y angustioso. Menuda variedad de estímulos para viajar por algunos de los territorios más violentados a lo largo de la historia.
Esta versión libre de la obra teatral homónima de Ignacio Pajón Leyra tiene una vibrante voz autónoma. Las quince partes que, en el original, respetan cierta cronología de la historia del belicismo mundial, se convierten en nueve escenas a las que suman «nueve cápsulas» surgidas del proceso creativo, una conversión sobre un concierto profundo de la estupenda pieza del profesor de filosofía.
Surca teatro aborda el mensaje antibelicista en un tinglado sin cronología, lo que aporta una amplia visión sociológica, política, propia de un vodevil: un tono de ágil comedia que, cada tanto, tropieza con la trágica situación de los que realmente más padecen los conflictos armados: la gente corriente…
El mal de la guerra destruye cuanto toca para que unos pocos disfruten de su imparable beneficio colonialista, económico. El de la guerra es, sin duda, uno de los más poderosos negocios, no solo de la ascendente industria militar, sino también de muchísimos elementos que lo rodean, ya que, por ejemplo, en tragedias como las de Irak, los heridos marchaban a instalaciones alemanas a precio de oro por parte de los aliados invasores, así como la Industria Farmacéutica también hacía su agosto.
En este carrusel de horrores, representados con respeto y solventes proyecciones documentales, destaco dos cuadros por su sobresaliente desafío, ya que al pasar de una época y región a otras muy distintas, en lugar de perderse en vaguedades, consolidan una manera de articular el teatro con intérpretes y dirección que crean de manera encomiable tensión dramática y clímax con holgura de situaciones y emociones.
Por ejemplo, produce escalofríos ubicarnos en la matanza étnica ocurrida en Bosnia, 1992. Allí vemos a una profesora empuñando una ametralladora. Odia a quien va a matar. Habla consigo misma, hurga con saña en su furia contra «esa gente»… y de pronto reconoce su cara, una piel igual a la suya, «no parecía una de ellas», la recuerda muy interesante, muy buena alumna… ¿y va a dispararle, en una algarada donde todo crimen está permitido?
Saigón, 1973. Un soldado estadounidense va a pagarle a una vietnamita tras acostarse con ella. Es un tipo borde, harto de estar en ese lugar «entre bárbaros», desprecia a la muchacha, quien le pide más dinero del que le da, el militar la desprecia aún más, y ella, desde su sonrisa sumisa le ataca en una defensa tan colérica como justa.
Guerras desaforadas, absurdas, feroces. Momentos históricos que en el pequeño teatro del gran Manuel Galiana, nos acercan a situaciones históricas que tenemos olvidadas, a menudo atrapados por la ley no escrita de supervivencia, más lejos o más cerca de la contienda.

David López, Olga Goded y María Ladera: unión de muy buenos intérpretes que afrontan con éxito una compleja creación colectiva.
Texto: Ignacio Pajón Leyra y Creación colectiva de la Compañía
Dramaturgia y dirección: Yahaira Cofiño
Interpretación: Olga Goded, María Ladera y David López
Fotografía y vídeo: Carlos Goded y Samuel Martínez Manzano
Iluminación y sonido: Yahaira Cofiño
Vestuario: Surca Teatro
Composición musical: Yahaira Cofiño, Diego Moreno Peire, Samuel Martínez Manzano y Belén Chanes
Producción y distribución: Surca Teatro
DOMINGOS 8 y 15 de febrero, a las 18:30, en TEATRO ESTUDIO 2. MANUEL GALIANA

