Miquel-Lluís Muntané (Barcelona, 1956) es escritor, docente, periodista y sociólogo. Ha colaborado profesionalmente con instituciones como el PEN Club de Catalunya, el Centre UNESCO de Catalunya, el Departamento de Cultura de la Generalitat y el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona. Es autor de una producción extensa que abarca varios géneros literarios, entre la que se cuenta una docena de libros de poesía, además de dos antologías: Carta de navegar (2014) y Construir la transparència (2018). Colabora habitualmente en los medios de comunicación y es miembro de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña, del Colegio de Periodistas de Cataluña y de la Academia Catalana de la Música. En el año 2007 fue distinguido con el Premio Climent Mur por su actividad en el ámbito asociativo y entre 2007 y 2015 formó parte del Consejo de la Cultura de Barcelona. Una parte de su obra ha sido traducida al español, al francés, al inglés y al portugués.
Javier Gilabert: ¿En qué momento nace Cartografía del fuego y qué impulsó la reunión de estos tres poemarios en un volumen unitario?
Miquel-Lluís Muntané: Cartografía del fuego responde a una operación editorial por la cual, cada un cierto tiempo, Ediciones de la Discreta va publicando mi obra poética traducida al español. Evidentemente, es un proyecto que me hace feliz y por el cual estoy enormemente agradecido a los traductores y a los editores. En el caso concreto de este volumen es el resultado de un trabajo de unos cuatro años.
¿Cómo fue el proceso de escritura de estos libros? ¿Ha evolucionado tu método compositivo a lo largo de los años, desde L’esperança del jonc hasta esta «Cartografía»?
Dentro de la dificultad que siempre entraña para un autor el ejercicio de analizar su obra, me atrevería a decir que desde L’esperança del jonc, de 1980, hasta hoy, mi poesía ha ido siguiendo, en paralelo, mi propio proceso de maduración humana y literaria. No creo que se hayan producido transformaciones radicales, pero sí una evolución, aunque quiero pensar que con unos rasgos comunes permanentes y reconocibles.
¿Qué pistas o claves te gustaría dar a los posibles lectores, sobre todo a quienes se acercan a tu obra por vez primera?
Mi propósito, cuando escribo poesía, es compartir pensamientos, vivencias, recuerdos o emociones. Desde el punto de vista formal, procuro hacerlo teniendo en cuenta la eufonía de las palabras, la cadencia del fraseo y que las imágenes sean capaces de no dejar indiferente al lector. Por supuesto, y como ocurre con cualquier forma de expresión artística, finalmente es el receptor quien debe valorar hasta qué punto el autor alcanzó su objetivo.
Cartografía del fuego reúne El fuego y la frontera, El vuelco de las batallas y Cualidades de la madera, trazando un arco desde la beligerancia ética hasta la desnudez doliente de la madera como materia viva. ¿Qué lógica une estos tres momentos en una sola «cartografía»?
Eduardo Moga escribe en el prólogo, haciendo referencia a los tres poemarios incluidos en el volumen, que «cada uno plasma un asedio
distinto a la palabra, una mirada discrepante, pero no enemiga, de su mirada anterior». Creo sinceramente que sería muy difícil resumirlo mejor; son tres obras que reflejan estadios vitales y creativos diferentes, pero siento que en todos ellos subyacen unas corrientes de fondo perfectamente complementarias.
En cada poema hay algo de mí
Te pongo en un serio aprieto: si tuvieras que quedarte con tres poemas de Cartografía del fuego, ¿cuáles serían?
Es complicado hacer una elección en esos términos, porque en cada poema hay algo de mí, pero te propongo tres títulos que creo que resultan bien representativos, cada uno de ellos, del clima del libro al que pertenecen: “El universo en ti” por la reflexión sobre la condición humana, formulada desde una cierta mirada onírica; “Muebles”, que viene a expresar esa sensación de desubicación vital que quien más quien menos ha experimentado alguna vez; y “Principio de acuerdo” porque, de algún modo, plantea un contrapunto al poema anterior, con una suerte de invitación a mantener los sentidos bien despiertos a los regalos inesperados que la vida nos ofrece.
Poder ser leído en otros idiomas por medio de las traducciones siempre es una bendición
Tu poesía catalana contemporánea, reconocida por su lirismo reflexivo y humanista, llega ahora al castellano gracias a la traducción de Antonio García Lorente y Silvia Rins, con prólogo de Eduardo Moga. ¿Cómo valoras esta ventana al lector hispanohablante y qué retos implica la transposición de tu musicalidad original?
Creo que, para cualquier escritor, poder ser leído en otros idiomas por medio de las traducciones siempre es una bendición, y más aún para quien escribe su obra en una lengua con un espacio territorial más limitado que las grandes lenguas del mundo. Es gracias a las traducciones que podemos conocer lo mejor de la literatura islandesa, o lituana, o búlgara, y tantas otras que nos resultarían prácticamente vedadas si no pudiéramos acceder a ellas más que por la versión original. Por lo que se refiere a Cartografía del fuego, Silvia y Antonio –que ya han traducido otras obras mías anteriormente– han realizado un trabajo primoroso porque son poetas los dos y además reúnen las mejores cualidades para traducir: sensibilidad, minuciosidad y una cultura lingüística y literaria enorme.
La mirada es fundamental
Como periodista y sociólogo, con colaboraciones en instituciones como el PEN Club o el Consejo de la Cultura de Barcelona, ¿hasta qué punto tu mirada analítica sobre la sociedad catalana y la cultura contemporánea impregna tu obra?
La mirada es fundamental, porque es previa al acto creativo y lo condiciona. Yo desconfío tanto del intelectual de torre de marfil como del intelectual orgánico. Dicho de una forma algo más metafórica, creo que el reto consiste en saber adoptar la distancia adecuada; desde una gran altura la realidad se difumina, pero inmerso entre el barullo se pierde la perspectiva.
Como miembro de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña y del Colegio de Periodistas, has defendido el rol asociativo en la defensa de la creación. ¿Qué papel desempeñan hoy en día los escritores en un ecosistema cultural fragmentado?
En un tiempo caracterizado por la saturación informativa y la polarización del debate público, los escritores corremos el riesgo de desaparecer entre el ruido. Por eso, en un contexto donde las palabras se desgastan rápidamente, convertidas en consignas o armas ideológicas, el escritor debe asumir la tarea de recuperar su densidad, restituirles la complejidad y resistirse a las simplificaciones que impone la lógica de la inmediatez.
Tus antologías Carta de navegar (2014) y Construir la transparència (2018) ya trazaban mapas de la existencia. ¿Representa Cartografía del fuego una culminación de esa poética de la transparencia, o un nuevo repliegue ante las «batallas» del presente?
Los traductores propusieron el título entendiendo que la cartografía es una idea nuclear en estos libros, así como el fuego es un elemento recurrente. Más que como una culminación, yo lo percibo como una síntesis, como el resultado de dos décadas de indagación a través de la poesía.
La madera en tu tercer poemario adquiere cualidades dolientes y táctiles, enroscándose realidad y aflicción íntima. ¿Dialoga esta materia orgánica con tu experiencia docente como metáfora de pedagogía y herencia?
La madera aparece, efectivamente, como una metáfora de la naturaleza humana. En catalán usamos la expresión “conèixer la fusta” (conocer la madera) en el sentido de “conocer el percal”, o sea, tener la capacidad de penetrar en el conocimiento de las cosas o de las personas. Y en Cualidades de la madera hay una voluntad de focalizar y poner en valor los elementos más genuinos y distintivos de nuestra condición de seres humanos.
Cada género literario me ofrece un registro distinto
Has cultivado casi todos los géneros –poesía, novela, ensayo, teatro, dietarios– con traducciones al francés, inglés y portugués. ¿Qué lugar ocupa la poesía en esa polifonía?
Tengo la sensación de que cada género literario me ofrece un registro distinto, y yo elijo la herramienta que pienso que puede facilitarme, en cada caso, el propósito expresivo. De cualquier forma, la poesía la vengo cultivando con regularidad desde muy joven, así que posiblemente sea como un nervio transversal que recorre toda mi experiencia vital.
La creación poética es una tarea eminentemente solitaria
El Premio Climent Mur (2007) reconoció tu labor asociativa. Desde esa perspectiva, ¿qué función cumple la poesía en tiempos de crisis cultural e identitaria?
Yo tengo por norma no concurrir a certámenes, de modo que cuando me comunicaron la noticia lo que sentí, antes incluso que la alegría, fue una sorpresa. Más aun tratándose de un premio que, según las bases, no sólo reconoce una trayectoria sino también la actitud con que se ha llevado a cabo. Huelga decir que me sentí inmensamente honrado. En cuanto al asociacionismo, ha sido una constante a lo largo de mi vida; la creación poética es una tarea eminentemente solitaria, pero el hecho de compartir experiencias e iniciativas es enriquecedor a nivel individual y multiplica las potencialidades colectivas.
Por último, como lector, ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión”?
En 2014 conocí, en el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico, a la poeta venezolana Caneo Arguinzones. Una tarde estuvimos mucho rato conversando sobre literatura y mil cosas más; convinimos que, más pronto que tarde, teníamos que reanudar aquella charla en Caracas o en Barcelona, pero apenas unos meses después ella falleció de forma trágica. Ahora me encantaría que fuera posible conocer su primera impresión.
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Tres poemas de Cartografía del fuego
EL UNIVERSO EN TI
Un sueño a duras penas
igual que un poso denso
destilaban las sombras
de la noche sin ruido.
Las campanas fundían
lejano, el eco tenso
del tren, y al fin, del agua
brotó una flor de olvido.
MUEBLES
A veces, los días
nos disponen el espacio de tal modo
que nos cuesta acomodarlo.
No es ni el exceso ni el defecto,
más bien la desazón por sentirnos desplazados,
incapaces de encajar,
torpes para alterar
el orden más absurdo de las cosas,
igual que el juego que nos ofrece
una gran tienda de muebles
–extensa, bien provista, diseñada con esmero,
profusamente iluminada–
perfecta para ver desde la calle,
pero imposible de habitar.
PRINCIPIO DE ACUERDO
Lenguas de fuego transitan
por el vientre de la tierra.
A menudo, desaprendemos
el sutil resplandor de las palabras,
adoptamos el registro de los bandidos
y en timbas de vacío malgastamos la vida.
Y, sin embargo, de repente,
estalla un gesto, un giro de la memoria,
un intenso placer, una sorpresa,
que nos dicen que hemos venido a oler las flores
y ceñirnos la piel de los océanos;
es la hora en que hallamos la luz en nuestros dedos
sin haberla llamado
y podemos sentarnos en el pórtico de los días
ungidos de una paz que no prescribe.

