Claudio Alpizar Otoya: “Un país que no promueve la cultura le mata el alma a su pueblo y lo lleva por el camino de la insensibilidad”.
Por: Mauricio A. Rodríguez Hernández.

En un tiempo donde la política suele reducirse al ruido y la cultura a un adorno prescindible, la palabra de Claudio Alpizar Otoya irrumpe como una invitación a detenerse y pensar. Pensar el país no solo como territorio o economía, sino como una sensibilidad compartida, como un relato que se escribe, o se borra, desde la educación, el arte y la memoria colectiva. Esta entrevista no es únicamente un recorrido biográfico ni un ejercicio de coyuntura política: es una reflexión sobre el alma de Costa Rica y los riesgos de una sociedad que olvida que la cultura es también una forma de justicia.
Desde los estudios de Noche sin Tregua y Café y Palabras, programas que durante más de una década han buscado acercar la política a la ciudadanía sin concesiones al simplismo, Alpizar ha defendido la conversación profunda como un acto democrático. En sus respuestas resuena la experiencia de quien se formó al abrigo del Estado social, de quien observa el arte como puente entre lo popular y lo universal, y de quien concibe los museos, los libros y los escenarios como espacios vivos donde una nación se reconoce a sí misma. Aquí, la cultura no es ornamento: es estructura moral, es pedagogía cívica, es resistencia frente a la insensibilidad.
La entrevista culmina, además, en el territorio íntimo de la lectura, allí donde se afilan las convicciones. Las referencias literarias de Claudio Alpizar, marcadas por la reflexión política y humanista, funcionan como claves para entender su mirada del presente y su preocupación por el futuro. Leerlo es asomarse a una idea insistente y provocadora: que un país que descuida la cultura no solo empobrece su imaginación, sino que renuncia, poco a poco, a comprenderse y a cuidarse a sí mismo.
Mauricio A. Rodríguez Hernández (MARH): Usted nació en Tibás en 1962. ¿Cómo estaba conformada su familia en ese momento y de qué manera considera que ese origen social y afectivo moldeó su sensibilidad política y cultural?
Claudio Alpizar Otoya (CAO): Nací en el Hospital San Juan de Dios, un 28 de noviembre de ese año, al día siguiente ya estaba en San Juan de Tibás. Mi familia la conformaban mi abuelita, mi madre y una tía. Ellas habían migrado en los años 50 de Río Cuarto a San José. Me marcó mucho por el enorme esfuerzo que hacían tres mujeres solas en aquella época que era aún más difícil que hoy para las mujeres. Verlas luchar me determino para mi esfuerzo futuro. Además, estoy seguro que el estado de bienestar para ellas fue determinante para mi crianza, algo que hoy defiendo a capa y espada.
MARH: Entre su formación en Ciencias Políticas, su Maestría en Estudios para el Desarrollo y su experiencia docente, ¿cómo se ha construido su visión sobre la cultura como herramienta de transformación social y política en Costa Rica?
CAO: La cultura y la educación son dos caras de una misma moneda, un país que invierte en educación y no lo hace en cultura va a renquear en su desarrollo. La cultura desde la popular, muy propia de comunidades y de un país, hasta la internacional, nos moldea y nos sensibiliza sobre la humanidad, la naturaleza, la sociedad y más. Es una herramienta determinante no sólo para comprender la idiosincrasia del costarricense, sino que además nos prepara para enfrentar el mundo más allá de nuestras fronteras.
MARH: Desde un enfoque estrictamente cultural: si usted fuera electo presidente, ¿cuáles serían sus prioridades inmediatas para el Ministerio de Cultura y Juventud, y qué perfiles consideraría idóneos para encabezar dicha cartera?
CAO: Debemos fortalecer económicamente todas las áreas en que se desarrolla la cultura: pintura, música, baile, escultura, gastronomía, etc. Al artista nacional le debemos apoyar para el desarrollo de sus capacidades y habilidades, desde lo popular hasta lo más sofisticado de las representaciones del arte, con exposiciones, apoyo para participar en eventos internacionales, formación desde la escuela, con la idea de promover el desarrollo artístico en todas sus facetas. Debemos seguir promoviendo los festivales nacionales y llevarlos a todos los rincones del país. Un país que no promueve la cultura le mata el alma a su pueblo y lo lleva por el camino de la insensibilidad.
MARH: ¿Qué acciones estratégicas considera indispensables para fortalecer las políticas culturales del país en materia de museos, galerías, bibliotecas y centros de documentación histórica durante la próxima década?
CAO: Debemos promover nuestros museos a puertas abiertas, que sean espacios no solamente para los extranjeros, sino que los nacionales los conozcan. En ellos exponer el arte de nuestros artistas y lograr conciertos musicales que van desde la música autóctona hasta la más popular. Exposiciones que nos permitan conocernos a nosotros mismos como nación y valorar lo que hemos sido, como una forma de motivar el patriotismo y los valores que lo rodean.
MARH: Usted ha conducido Noche sin Tregua desde 2012 y Café y Palabras desde 2015. ¿Cómo surge la génesis de estos programas y cuál de ellos ha significado una experiencia más trascendente para usted, tanto personal como profesionalmente?
CAO: Son como hijos, a ambos les tengo un enorme cariño y del paso por casi 15 años con ellos me he formado muchísimo. Ambos tuvieron un objetivo muy altruista: acercar la política a la gente y su valoración como una disciplina fundamental en democracia.
MARH: En términos de educación artística y gestión cultural, ¿qué iniciativas considera fundamentales para potenciar la enseñanza de las artes en la educación pública costarricense desde primaria hasta el nivel universitario?
CAO: Promover espacios para que desde la niñez, los niños y las niñas tengan posibilidades de mostrar sus destrezas naturales, así como el acercarse a aquello que la pasión los llame. El desarrollo de la cultura exige que la educación pública promueve las oportunidades para desarrollar esas destrezas, sin importar el estrato social en el niño o la niña de desarrollo, y que un Estado esté atento para rescatarles y desarrollar sus destrezas artísticas.
MARH: Costa Rica cuenta con una sólida tradición cultural. ¿Cómo describiría su relación actual con artistas, gestores y actores culturales, y cuál es su percepción del estado presente de la cultura y las artes en el país?
CAO: Soy amante de la música y la pintura, los museos de arte me enamoran, pero en el caso de nuestro país, sé de las penurias porque que pasan los artistas y el poco apoyo que tiene, uno de mis sueños es romper esa distancia entre el poder y el arte en nuestro país, y que la cultura nos oriente en un camino de desarrollo humano sostenible.
MARH: ¿Cuáles han sido los libros que más han marcado su pensamiento político y humanista? ¿Qué está leyendo actualmente y por qué considera que esos textos son relevantes para entender el momento que vive el país?
CAO: Mi libro favorito, entre tantos que he leído, es En Defensa de la Política, del politólogo y sociólogo inglés Bernad Crick. Actualmente leo un libro sobre el tema de la desigualdad y otro sobre la comunicación política en la época actual. Mi sesgo mayor es leer principalmente sobre temas políticos.
MARH: Se habla mucho de innovación cultural. ¿Cómo imagina el futuro del arte en Costa Rica ante el avance de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, y qué papel deben desempeñar las instituciones públicas en ese proceso?
CAO: Cuando ve las maravillas que hacían pintores del pasado con pocas herramientas más que un pincel o un cincel, y lo comparó con la tecnología de hoy, me da por sospechar que las facilidades de la tecnología actual podría matar la creatividad, la imaginación y el compromiso con el arte de muchos artistas.
MARH: Desde una perspectiva política y cultural, ¿por qué debería el ciudadano costarricense depositar su confianza en el Partido Esperanza Nacional (PEN), y cuál es su visión del país, a nivel cultural, educativo y artístico, hacia el siglo XXI?
CAO: Porque el PEN es un partido con sensibilidad social, desde la preocupación por alimentar los estómagos de todo costarricense hasta alimentar su capacidad e intelectualidad. Porque la esperanza es proyección de un futuro promisorio y nos aleja de la indignación y el revanchismo existente hoy en nuestra sociedad. Porque falta mucho del Siglo XXI y solo con un grupo de costarricenses agradecidos con esta nación y con el compromiso para las futuras generaciones es que logremos retomar el camino al éxito que nos caracterizó.

