David Bowie y el espíritu oculto Frecuencia Libros David Francisco
ENTREVISTA A DAVID FRANCISCO
Por Íñigo Linaje
Igual que les sucede a muchos de los artistas que admira, a David Francisco (Madrid, 1987) la curiosidad se le dispara en un sinfín de direcciones. Pero la música -en general, y el rock en particular- ha estado siempre en el centro de sus intereses creativos. Miembro fundador de la banda zaragozana Fase M y colaborador ocasional de El Galgo (que lidera Jesús López, donde se ocupa de la percusión), David Francisco es, por encima de todo, editor y, por supuesto, un ávido lector de cualquier género literario. Desde 2012 dirige, junto a Reyes Guillén, la editorial Pregunta, un sello que publica novela, poesía y ensayo y que hace unos meses inauguró una nueva colección de libros llamada Frecuencia.
Traductor de Pessoa, Frederik Treves y Florbela Espanca, Francisco es además cineasta y documentalista y, desde 2008, cuando grabó el cortometraje experimental Donde vamos a vivir, ha publicado dos cortos y cinco documentales; uno de ellos –La diferencia– dedicado a Ángel Guinda, uno de sus más añorados amigos y personaje clave tanto en su formación vital como intelectual. Ahora, este madrileño de origen gallego afincado en Zaragoza por amor, acaba de publicar su primer libro, David Bowie y el espíritu oculto, un ensayo en el que pone de relieve uno de los rasgos menos estudiados del artista británico -el ocultismo- y que, en palabras del crítico Juanjo Blasco Panamá, es «ya un libro de referencia» para conocer al Duque Blanco.
-Aunque había publicado varias traducciones, este es su primer libro al margen de su trabajo de editor. ¿Cómo se siente al haber dado este paso como ensayista?
-Me produce un cierto vértigo, pese a estar habituado a todo lo que implica el proceso de preparación de un libro por el trabajo diario de la editorial. Pero este libro ha sido, en esencia, una excusa para acometer una serie de lecturas y ahondar en temas que me interesan mucho. Ahora su principal objetivo es el de compartir una pasión.
-¿Por qué David Bowie y un aspecto -a priori- poco relevante de su trayectoria?
-Porque es inagotable… Diez años después de su muerte su obra es capaz de actualizarse y mantener su vigencia con cada mirada que se acerca a ella. Pero al interés de Bowie por la espiritualidad o la filosofía tal vez no se le había prestado la atención debida. Su búsqueda de la fe, su acercamiento al budismo desde muy joven y sus lecturas sobre otras religiones marcaron su vida y las etapas de su carrera. Todo esto influyó en la creación de encarnaciones o personajes como Ziggy Stardust o Aladdin Sane. De manera más o menos velada, salpicó de numerosas referencias a estas temáticas en canciones o videoclips, y me pareció interesante analizar esa relevancia. Inevitablemente, para ello se recorre en el libro toda su discografía, pero haciendo hincapié en los momentos donde estas referencias asoman.
Visionario y polifacético, David Bowie es uno de los artistas definitivos que ha dado la música popular en los últimos sesenta años. Actor, pintor, precursor del glam, la electrónica y el postpunk, grabó 35 álbumes, un puñado de bandas sonoras y apoyó a su amigo Iggy Pop cuando vivía sus horas más bajas. Y a lo largo de su trayectoria, que abarca más de medio siglo, transitó por diferentes estilos que le convirtieron en uno de los músicos más audaces, respetados e inspirados de la historia del rock… A medio camino entre la biografía, el reportaje periodístico y el ensayo, David Francisco se detiene en su libro en los álbumes (y las letras de las canciones) que contienen más referencias a las ciencias ocultas y la espiritualidad, en concreto en Station to station y Blackstar, el último de sus trabajos, que salió a la calle dos días antes de morir y que abunda en referencias a la muerte y la transcendencia.
-En el libro hay un gran trabajo de documentación: un rastreo minucioso en biografías y en decenas de entrevistas. ¿Cómo fue ordenar todo ese material?
-Fue la parte más enriquecedora y más entretenida. Una inmersión apasionante en el mundo de Bowie, afianzando lo que ya me interesaba y aprendiendo nuevos aspectos mediante biografías, entrevistas, documentales, grabaciones de conciertos… Luego hubo un proceso de poner en relación sus lecturas y las mías, además de aportar alguna interpretación propia. En el libro, además de Bowie, aparecen algunos autores cuyos pensamientos, en mi opinión, tienen puntos en común con él, como William Blake, Aleister Crowley, Nietszche, Pessoa, Jung… Podría decirse que el libro es un muestrario de inquietudes personales o incluso una reunión de amigos que nunca se conocieron.
-Parafraseando a Vila-Matas, podríamos decir que Bowie no se acaba nunca. Más allá del objeto de su libro -el ocultismo- qué destacaría de él como creador?
-Lo que más me atrae de su figura es su capacidad para el cambio constante, la falta de miedo y la libertad con la que afrontaba sus proyectos. Recorrió diversos estilos y en todos consiguió mantener una personalidad y dejar algo novedoso. Siempre inquieto, buscando nuevas voces y formas de expresión; incluso en sus últimos años, cuando otros artistas se acomodaban en un discurso seguro y reconocible para el público, Bowie siguió experimentando. Esa curiosidad y ese inconformismo durante toda su carrera me parecen admirables.
-Es habitual que un artista se adentre en disciplinas ajenas. Sin embargo, en su caso el interés se dispara en múltiples direcciones. ¿Por qué cree que fue así? Él mismo escribió: «Soy una colección de ideas de otras personas».
-Como decía, la curiosidad insaciable fue uno de sus principales rasgos. Supongo que, en ocasiones, una sola vida no es suficiente, no nos basta y necesitamos adentrarnos en otras… El arte es el espacio ideal para explorar esas sensaciones, para jugar a ser otro temporalmente y descubrir cosas a las que -siendo quienes somos a diario- no podríamos acceder.
-¿Hasta qué punto cree que influyó en su personalidad la infancia que vivió y la enfermedad de su hermanastro?
-La relación con su hermanastro marcó totalmente su vida. Terry, diez años mayor que él, era hijo del primer matrimonio de su madre. Fue guía y referente, ejemplo y espejo. Él le recomendó sus primeras lecturas (generación beat, poesía, ocultismo) y también lo introdujo en la música jazz. Terry desarrolló un trastorno esquizofrénico que, años después, lo llevó al suicidio. No era el primer caso en la familia, y Bowie vivió siempre con el miedo a que fuera algo hereditario y le pudiese afectar a él.
David Bowie y el espíritu oculto es el segundo título de la editorial Frecuencia, el sello que Pregunta inauguró en 2025 especializado en música. El primero de la nueva aventura editorial fue Los chicos de provincias somos así, del escritor y periodista Miguel Mena, un extenso reportaje de aliento literario sobre el grupo oscense Mestizos. Este tipo de trabajos, que se editarán en dos formatos distintos, son los que quiere sacar a la luz la nueva editorial: textos que, más allá de la mera biografía, contengan impreso el pulso del autor. ¿Cómo ve el panorama de este tipo de publicaciones en España, una vez que la prensa musical vive un declive evidente?
-Parece que ese declive de publicaciones de prensa especializada está moviendo la literatura y el periodismo musical hacia otros libros. Tal vez también hay un propósito de afianzar ciertos textos y darles una profundidad necesaria, una extensión que la prensa no puede proporcionar y un libro sí. O podría asociarse con esa sensación de que un libro perdura más en el tiempo que una revista o un periódico. En cualquier caso, el de la música escrita es un género que se sigue caracterizando por un afán de compartir pasiones.
-¿Qué vacío pretende llenar Frecuencia? ¿Qué novedades quiere aportar más allá de la simple biografía de una banda o un músico?
-La pretensión básica de este sello es la de publicar libros que nos motiven como lectores, como melómanos y seguidores de ciertos géneros o artistas. En principio, no queremos lanzar muchos libros al año, pero sí disfrutar y cuidar cada proceso. Proponer ideas concretas, del tipo de publicaciones que echamos en falta y nos gustaría leer, a escritores cualificados , así como negociar traducciones de libros inéditos en nuestro país. Y editar obras rigurosas, bien documentadas y amenas, que reivindiquen figuras poco conocidas o indaguen en aspectos menos vistos en las grandes trayectorias.
Frecuencia tiene varios proyectos en marcha, de los que David Francisco no quiere adelantar nada todavía; pero como editorial afincada en Aragón, explica, «tendremos un pie en la historia de esta región, y el otro en músicos de nivel nacional e internacional». No obstante, y fiel a su curiosidad infinita y a su capacidad de trabajo, el editor confiesa que tiene un texto avanzado -un libro de conversaciones con un músico de culto de la escena aragonesa- y algunas ideas esbozadas sobre artistas internacionales. Para hacer frente a todas esas empresas, concluye, «será necesaria una fase de documentación, recopilación de bibliografía y lecturas, que es la fase que más disfruto».


