Por Paloma Rodera

Durante cinco días, del 9 al 13 de marzo, el Creative Campus de la Universidad Europea (María de Molina, 39) dejará de ser únicamente un espacio académico para convertirse en un laboratorio intensivo de diseño en vivo. La II Design Week no es solo una sucesión de charlas y talleres: es la puesta en escena de un modelo pedagógico que entiende el diseño como práctica material, pensamiento estratégico y experiencia cultural.

En un contexto donde la formación creativa tiende a oscilar entre la teoría abstracta y la ejecución técnica, la Design Week propone algo distinto: abrir el aula a la industria y permitir que los estudiantes experimenten el diseño desde dentro. No como espectadores, sino como participantes activos en procesos reales.

Organizada por Pilar Terrón —coordinadora del Grado en Diseño Gráfico y Multimedia y directora del Máster en Diseño Gráfico— la semana refuerza un enfoque claro: el diseño se aprende haciéndolo, contrastándolo y sometiéndolo a fricción profesional. Esa fricción, lejos de ser un obstáculo, es el motor de la innovación.

Referentes internacionales y pensamiento aplicado

La programación reúne perfiles procedentes de estudios globales, medios internacionales y empresas que operan en la frontera entre estrategia, tecnología y cultura visual.

Desde frog, Octavio Egea abordará cómo la tensión creativa dentro de equipos interdisciplinares puede transformarse en innovación fluida. Fernando Pérez, desde Automattic/Woo, abrirá el debate sobre el Open Design y los procesos distribuidos en entornos globales. Diego Areso, director de arte de EL PAÍS, reflexionará sobre la transformación del soporte editorial en un momento de cambio radical para el papel y la narrativa visual.

La presencia de Studio Banana, Nagami o TASCHEN refuerza la dimensión estratégica del programa: diseño entendido como construcción de experiencias, economía circular, retail cultural o diseño paramétrico sostenible.

La ilustración contemporánea también ocupará un lugar central con figuras como Cristina Daura, Sonia Pulido o Francesco Bongiorni, que compartirán procesos, decisiones y posicionamientos en un ecosistema atravesado por la inteligencia artificial y la automatización visual.

Diseño desde la materia

Uno de los rasgos más distintivos de la Design Week es su apuesta por la materialidad. Frente a una cultura cada vez más digitalizada, el campus reivindica el aprendizaje táctil y experimental.

Talleres de tipografía con tipos móviles de madera, cianotipia, intervención textil mediante bleach art, experimentación con papel junto a Antalis o fotografía de producto en plató devuelven al diseño su dimensión física. No se trata de nostalgia artesanal, sino de comprender cómo textura, luz, gramaje o soporte influyen en el significado y la experiencia del usuario.

La realidad virtual aplicada a producto, moda e interiores introduce, a su vez, el componente tecnológico, ampliando la experiencia hacia la simulación y el prototipado inmersivo.

En esta edición, el taller de Microdiseño: cómo las pequeñas decisiones construyen los sistemas, impartido por Paloma Rodera, introduce una dimensión ética y sistémica: cómo las microdecisiones formales en objetos, interfaces o espacios afectan comportamientos y generan estructuras de valor. El diseño, así entendido, deja de ser mera estética para convertirse en herramienta de transformación cultural.

Más allá del resultado

Uno de los ejes que atraviesa la programación es la reivindicación del proceso. Desde la charla “En diseño el resultado no importa (tanto como crees)” hasta el taller sobre derechos de autor y negociación profesional, la semana aborda el diseño como pensamiento, estrategia y práctica laboral.

La Design Week no solo muestra proyectos exitosos; expone tensiones reales, modelos de negocio, límites materiales, negociación con clientes y sostenibilidad productiva. Es, en esencia, una simulación intensiva del ecosistema profesional.

El campus como ecosistema creativo

Ubicado en el corazón de Madrid, el Creative Campus aprovecha su entorno urbano para consolidar una identidad propia: aprendizaje basado en proyectos, conexión directa con profesionales en activo y experimentación constante.

La II Design Week confirma que la formación en diseño no puede desligarse de la realidad profesional ni de los debates culturales contemporáneos. El aula se expande, se hibrida y se vuelve permeable.

Durante cinco días, el diseño no será únicamente una asignatura: será práctica, conversación y experiencia compartida.

Y en esa apertura —entre materia, estrategia y cultura— se juega el futuro de quienes hoy se están formando para imaginar el mañana.